Por Abg. Gustavo Camacho* / Desde Amazonas, Venezuela.
Como líder social y político, con una trayectoria de años
defendiendo los intereses de esta tierra, puedo afirmar con conocimiento de
causa y dolor profundo que estamos frente a una crisis humanitaria sin
precedentes. El estado Amazonas, con sus 177.617 km², representa la mayor
extensión selvática y biodiversa del país; sin embargo, esta inmensa riqueza
natural contrasta aberrantemente con la pobreza extrema y el abandono
institucional que sufrimos.
Desde la visión estratégica y humanista, he gestionado y
denunciado por años que la negligencia y la falta de planificación del Estado
han convertido nuestra región en una zona de sacrificio.
LA TRAGEDIA EN ALTO ORINOCO: EL GENOCIDIO SILENCIOSO
La situación más crítica y dolorosa que exige atención
mundial se vive en el Municipio Alto Orinoco. Allí, nuestros hermanos de la
etnia Yanomami están siendo víctimas de un abandono inaceptable. Es inadmisible
que en pleno siglo XXI, los pueblos originarios, guardianes de nuestra selva,
estén muriendo por enfermedades curables y por hambre.
La falta de presencia del Estado en esta zona ha generado un colapso total:
- Epidemias descontroladas: La Malaria y la Tuberculosis se
han convertido en las principales causas de mortalidad, expandiéndose como
fuego por comunidades aisladas sin ningún tipo de control sanitario.
- Enfermedades de la piel y parasitosis: Son la constante
debido a la falta de higiene y agua potable, afectando severamente la
integridad física de nuestros indígenas.
EL SISTEMA DE SALUD: UN FRACASO ADMINISTRATIVO
Gerencialmente hablando, el sistema de salud en Amazonas es
un proyecto fallido. No existe capacidad de respuesta, no hay logística, no hay
insumos y la infraestructura hospitalaria es obsoleta e inservible. La gente
muere esperando una cita, una medicina o un traslado que nunca llega. Se ha
violado el derecho fundamental a la vida y a la salud.
LA INFANCIA Y EL HAMBRE: LA DEUDA IMPAGABLE
Lo que más exige una acción inmediata es el flagelo de la
desnutrición grave. Vemos niños yanomamis y amazónicos con signos evidentes de
desnutrición avanzada, cuerpos esqueléticos que claman por ayuda. El hambre y
la miseria son hoy los dueños de muchos hogares. Esto no es solo un problema
social, es un fracaso de modelo de país que nos avergüenza ante el mundo.
MI COMPROMISO
Como abogado y gestor social, he dedicado mi vida a denunciar
estas irregularidades. No me canso de luchar porque creo en un Amazonas
productivo y digno. Seguiremos alzando la voz, exigiendo planes de contingencia
reales, inversión verdadera y respeto por la vida.
Amazonas no puede seguir siendo el patio trasero del país.
¡Exigimos justicia, salud y pan para nuestro pueblo!
Seguiremos luchando por un Amazonas Digno.
*Las opiniones contenidas en este articulo son de la exclusiva responsabilidad del autor.
