Desde entonces, también los relojes inteligentes y las
tabletas fueron desterrados de las aulas, los pasillos y los comedores
escolares de todo el país
La profesora Ida Peters afirma que ha habido una
diferencia tangible en el comportamiento de sus alumnos desde que se
prohibieron los teléfonos móviles.
Hace dos años, las
escuelas neerlandesas prohibieron los teléfonos inteligentes para reducir las
distracciones, mejorar la concentración de los alumnos y fomentar un
mejor rendimiento académico. Desde entonces, teléfonos celulares, relojes
inteligentes y tabletas fueron desterrados de las aulas, los pasillos y los
comedores escolares de todo el país. Ahora, el gobierno de Países Bajos
quiere ir más allá, impulsando la restricción de las redes sociales para
menores de 16 años y exigiendo un límite de edad de 15 años o más en toda la
Unión Europea para aplicaciones como Instagram, TikTok y Snapchat.
En el instituto Cygnus Gymnasium de Ámsterdam, un cartel
amarillo fluorescente en la entrada advierte a los alumnos que llegan en
bicicleta: “Atención: a partir de este momento, el teléfono debe estar
en la taquilla. Gracias”. El eslogan, pegadizo (al menos en neerlandés),
Telefoon t’huis of in de kluis, (“Teléfono en casa o en la taquilla”), ahora se
aplica en todo el país.
En lugar de aprobar una ley, el gobierno optó por un acuerdo nacional con las escuelas, los padres y los profesores, argumentando que esto garantizaría el consenso y permitiría implementar las normas rápidamente sin una larga batalla legislativa.
En el pasillo del colegio, frente a un aula de inglés
decorada con obras de Shakespeare, las amigas Hanna y Fena confiesan que tienen
sentimientos encontrados sobre el veto. “Desde que la prohibición, tenemos que
estar pendientes de los profesores para que no nos quiten los móviles”,
dicen. “Es molesto, pero no es como si violaran nuestros derechos ni
nada por el estilo. Quizás ahora estamos un poco más presentes. En el
recreo nadie está con el celular”.
Su profesora, Ida Peters, también nota la diferencia. “Como
maestra, siempre intentas captar la atención de los alumnos. Siempre es
un reto conseguir esa concentración en clase, y ahora que los teléfonos
están menos presentes, eso sin duda ayuda”, dice.
En Países Bajos, el acuerdo nacional significa que la
responsabilidad no recae sobre los profesores. Peters opina que este enfoque
neerlandés ha liberado al personal. “Hay menos fricción en la gestión de las
clases”, afirma. “En los pasillos solía haber mucha gente mirando el móvil.
Ahora hay un ambiente más relajado y tranquilo, sin preocuparse demasiado por
lo que sucede a su alrededor”, explica.
Los teléfonos tampoco están permitidos en los recreos ni en
las fiestas escolares, añade Peters, así que los alumnos no se preocupan de que
les saquen fotos y las publiquen en Snapchat o Instagram. “Y cuando los niños
están más relajados, su rendimiento académico mejora”, sostiene.
Los primeros datos respaldan sus impresiones. Un estudio
encargado por el gobierno a 317 escuelas secundarias reveló que aproximadamente
tres cuartas partes informaron de una mayor concentración desde que se
prohibieron los teléfonos. Casi dos tercios afirmaron que el clima social
había mejorado, y alrededor de un tercio observó un mejor rendimiento
académico. Otras encuestas sugieren que hay menos acoso escolar cuando se
retiran los dispositivos del horario lectivo.
Según datos de la Unesco, al menos 114 sistemas educativos de
todo el mundo, es decir, el 58%, prohibieron el uso de celulares en las
escuelas. Entre los países que se sumaron recientemente se encuentran Bolivia,
Costa Rica, Croacia, Georgia, Maldivas y Malta. Según la entidad, este aumento
refleja la creciente preocupación por la disminución de la atención en las
aulas, el ciberacoso y la influencia generalizada de los entornos digitales en
los niños.
Felix y Karel, de 15 años, con su uniforme habitual de buzos
con capucha y jeans, pasan entre dos y cinco horas al día en las redes
sociales. Karel mantiene su teléfono cargando junto a la cama y revisa los
mensajes en cuanto se despierta; Felix espera hasta después del desayuno.
“Cuando me enteré de esta noticia, pensé: ‘Quiero cambiar de escuela porque
esto no es para lo que vine aquí’, admite uno de ellos. “Pero la verdad es
que no le encontré ningún inconveniente”.
En Países Bajos, el debate ya se trasladó a las redes
sociales. El
Ejecutivo neerlandés recomienda oficialmente que los menores de 15 años se
mantengan alejados de las redes sociales, y la nueva coalición de gobierno
aboga por una edad mínima obligatoria de 15 años en toda Europa, respaldada por
la verificación de edad. Argumentan que si los Estados pueden
restringir el alcohol o los juegos de azar, también deberían actuar
cuando las plataformas están diseñadas para generar adicción.
Los tres partidos que conforman el gobierno solo cuentan con
66 de los 150 escaños del Parlamento, por lo que necesitan el apoyo de otros, y
cualquier normativa vinculante sobre el acceso de los menores a las redes
sociales tendría que negociarse a nivel de la UE. Sin embargo, la opinión
pública parece estar inclinándose a su favor.
Una encuesta del Fondo de las Naciones Unidas para la
Infancia (Unicef) realizada a más de 1000 niños y adolescentes neerlandeses
reveló que el 69% se mostró a favor de prohibir las redes sociales a
los menores de 18 años. En la misma encuesta, el 28% afirmó que las
plataformas deberían estar totalmente prohibidas para los menores de 12 años,
argumentando que los niños más pequeños deberían “seguir jugando al aire libre
en lugar de estar con sus teléfonos” y describiendo las redes sociales como
adictivas, inseguras y perjudiciales para su salud mental.
Una encuesta anual sobre redes sociales llevada a cabo por la
agencia de investigación Newcom reveló que el 60% de los jóvenes de entre 16 y
28 años apoya un límite de edad, un aumento con respecto al 44% del año
anterior. Esto cuestiona la idea de que los jóvenes estén desesperados
por permanecer conectados.
El exministro de Educación, Koen Becking, señala la
“creciente evidencia” de que el uso excesivo de las redes sociales es
perjudicial para la salud mental y la interacción social, y afirma que los
datos holandeses muestran que los niños se distraen y se ponen más ansiosos
cuando tienen acceso a dispositivos.
De vuelta en la escuela Cygnus, Karel dice que se sentiría
“un poco devastado” si se impusiera una prohibición de las redes sociales. “Soy
un poco adicto, estoy en TikTok nada más despertarme o revisando los mensajes
de mis amigos”. Pero su compañero Felix se muestra más tranquilo: “Te
acostumbrarías y encontrarías otras cosas que hacer, así que no creo que me
importara mucho”.
Al mismo tiempo, el Consejo de Investigación de Países Bajos
está examinando las consecuencias no deseadas de la prohibición de los
teléfonos inteligentes y si estar sin teléfono todo el día aumenta el miedo a
perderse algo y provoca un uso más intensivo del móvil después de clase.
Todos los alumnos insisten en que no pasan más tiempo con el
móvil antes y después de clase. Pero Felix confiesa que, aunque muchos estudiantes siguen
guardando el móvil en el bolsillo —siempre que los profesores no los vean—,
cree que mantener las pantallas fuera de la vista los ha hecho estar más
presentes. “La gente habla más, va a las tiendas en lugar de quedarse sentada
en la cafetería con el móvil”, dice. “Socializamos más; las relaciones sociales
han mejorado”.
Para los niños neerlandeses, navegar por Internet con el
móvil ya no forma parte de la vida escolar. La siguiente pregunta para
los Países Bajos es si el acceso a las redes sociales también debería quedar en
el pasado.
*Por Anna Holligan de BBC Mundo / Tomado de La Nación
/ Argentina.
En la imagen, carteles que les dicen a los alumnos que dejen
sus teléfonos en sus taquillas o en casa.