Cuenta con uno de los ejércitos más poderosos del mundo y en
pocos años se convertirá en la primera potencia económica
Por Rubén Guillemí
Para entender a los chinos a veces pueden ayudar algunos de
sus dichos milenarios. A Deng Xiaoping (1904-1997), el líder clave de
la modernización económica china le gustaba repetir: “Siéntate en la montaña y
mira a los tigres pelear”.
Y en los últimos dos meses China pareció mirar desde su
“montaña”, casi con desinterés, dos conflictos que golpearon duramente a
aliados suyos. En una rápida sucesión de eventos, el presidente
norteamericano Donald Trump sacó del medio al presidente
venezolano Nicolás Maduro que fue capturado y llevado a Estados Unidos y, un
mes y medio más tarde, en alianza con Israel fue decapitada
la cúpula del poder iraní, incluido el líder supremo, Alí Khamenei.
Y aunque China es el principal socio comercial y comprador
del petróleo venezolano y también del iraní, y tiene uno de los ejércitos más
poderosos del planeta, su reacción en ambos casos se limitó a una “enérgica
condena”, y una exhortación para el retorno de las negociaciones diplomáticas.
Si Maduro o Khamenei esperaban algo más de Pekín fue porque no conocían bien la
historia de este particular aliado.
“China es una súper potencia nuclear y militar, pero no
intervino en ninguna guerra fuera de sus fronteras en los últimos 4000 años,
salvo en 1979, cuando los jemeres rojos de Camboya invadieron Vietnam y,
en ese caso, solo fue porque los percibió como una amenaza interna. China
cuenta con su poderío militar para defenderse a sí misma, no para salir en
defensa de otros o conquistar otros países”, comentó a LA NACION Patricio
Giusto, director del Observatorio Sino-Argentino, y magíster en Estudios sobre
China por la Universidad de Zhejiang.
“Cuando uno comenta estas cosas alguien podría decir: ‘Eso es propaganda comunista’. Pero es cuestión de mirar la historia y los hechos más recientes para entender cuáles son las prioridades militares y los intereses profundos del régimen chino “, agregó Giusto.
Diego Guelar, exembajador argentino en China (2015-2019),
coincidió en que el gigante asiático no altera el rumbo de su
programa de gobierno ya prefijado por el Partido Comunista, por las
urgencias de otros países o, en este caso, por las decisiones intempestivas del
presidente norteamericano Donald Trump.
“En el congreso partidario de 2017, los chinos se fijaron el
objetivo de ser la mayor potencia económica para 2049. Y ya están en
condiciones de adelantar el logro de esa meta para mediados de la próxima
década. Hoy ya son el principal socio comercial de 140 países sobre
un total de 190 naciones. Entonces, a ellos los tienen sin cuidado las
bravuconadas militares de Trump", afirmó Guelar.
Un segundo dicho que gustaba repetir Deng, y que resulta útil
para comprender la concepción china del tiempo y del manejo del poder, dice: “Oculta
tus capacidades y espera el momento oportuno; nunca reivindiques liderazgo”.
Potencia económica
Si se mira su situación económica, cuando Mao Zedong
llegó al poder en 1949, China era un país marginal, sumido en la pobreza y
devastado por la guerra. Ahora se estima que se convertirá en la
primera potencia económica mundial hacia 2037, superando a Estados Unidos en su
PBI nominal, y representando el 35% de la producción manufacturera mundial,
duplicando la de Estados Unidos.
“Pekín no acostumbra salirse de sus objetivos económicos. Por
culpa de las sanciones arancelarias de Trump, los chinos perdieron el 29 %
de sus exportaciones. Y con ‘paciencia china’ volvieron a tejer
alianzas y en un año recuperaron el mismo nivel de exportaciones. En
Venezuela, le
prestaron 65.000 millones de dólares al régimen chavista. Y, tras la caída
de Maduro, ese préstamo directamente lo pasaron a ‘pérdida’, sin salirse nunca
de su ruta y sus metas. Estos días, luego que Irán cerró el estrecho de
Ormuz, China logró que se levante ese bloqueo para sus barcos “, explicó
Guelar.
A la pregunta de si entonces se podría definir a China como
un país “intervencionista” en lo económico que busca dominar la economía de
otros países, Giusto respondió: “Todos los países de la región, menos la
Argentina, tienen superávit comercial con China y han recibido importantes
inversiones”.
Luego agregó: “En el caso de Brasil, tiene un superávit
de 30.000 millones de dólares. Es mucho más lo que los brasileños venden a los
chinos que lo que les compran. Si uno le hablara a un brasileño del
‘intervencionismo’ económico chino se le reiría en la cara. Nos gustará o no
como socio, pero su enorme mercado interno, es un aliado económico
irremplazable, y la mayoría de los países lo ve de esa forma. Y China,
además, no elige sus socios comerciales por ideología, religión, dictadura o
democracias. Su prioridad es su desarrollo económico”.
Poderío militar
En cuanto a poderío militar, el ejército chino es el más
grande del mundo con aproximadamente dos millones de efectivos activos. La
pregunta podría ser entonces por qué no forma alianzas militares con otras
potencias, como hace la OTAN, o en su momento el Pacto de Varsovia, para
asegurarse la defensa mutua con sus aliados ideológicos.
“Todas esas alianzas implican, eventualmente, el compromiso
de salir en defensa de un socio si es atacado por un tercer país. Y eso es
algo que jamás haría China. Su poderío es para defender su propio territorio
que, según la concepción China, incluye a la ‘provincia’ rebelde de Taiwán.
China tiene algunos pactos militares con Corea del Norte o Pakistán solo porque
son potencias nucleares pegadas a sus fronteras" respondió Giusto.
El gigante asiático dedica además alrededor del 1,7 % de
su PBI a la defensa, por debajo del promedio mundial de 2,4 %.
“Para entender cómo perciben los chinos su política de
defensa, hay que mirar los llamados ‘cinco principios de la coexistencia
pacífica’ que rigen su política exterior desde 1954, y de los cuales no se
ha movido en siete décadas″, afirmó Giusto. Esos principios son: el
respeto mutuo a la soberanía e integridad territorial, no agresión mutua, no
injerencia en asuntos internos, igualdad y beneficio recíproco, y convivencia
pacífica.
Por supuesto que es imposible asegurar que China no
modificará su política en el futuro cuando se convierta en la primera potencia
económica mundial. Baste recordar aquella frase que repetía Deng de forma
amenazante: “Esconde tu fuerza, espera el momento oportuno”.
Tomado de La Nación / Argentina.