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21 marzo, 2026

Los gringos

Por Enrique Ochoa Antich / Opinión

Hay eventos históricos ambivalentes. Que contienen sombras y luz a un mismo tiempo. Es, a mi modo de ver, lo que pasa con el 3E.

A ningún venezolano con un sentido básico de nación puede haberle gustado ver a su tierra patria bombardeada e invadida y a compatriotas suyos asesinados. Pero parece ser bastante evidente que, consumado el hecho, de la pólvora y el humo, emerge una posibilidad de porvenir. Pasamos del Mr. Danger galleguiano a un Mr. Oppotunity que carga al lomo sus alforjas de dólares.

Claro, hay venezolanos de venezolanos. Por ejemplo, los que aplauden a rabiar y chocan copas a la salud de las bombas y la muerte... pero en Miami o Madrid. Y también los que ante el hecho, culpan de su ocurrencia sólo a los gringos malvados, únicos culpables de todo mal, según su juicio estrecho, como si los venezolanos nada hubiésemos tenido que ver con los infaustos sucesos, como si un presidente descocado con ínfulas de aprendiz de brujo no hubiese conjurado a los demonios para heredárselos a sus pupilos.

Entre aquellos festivos y estos plañideros está la inmensa mayoría de quienes repudian el ataque, pero admiten que parte principalísima de la responsabilidad recae sobre nosotros (oficialistas y opositores); y, colocados ante los hechos cumplidos, hacen cuentas y calculan cómo la patria puede sacarles provecho y cómo, a partir de ellos, se puede reconstruir nuestra soberanía.

 Copio de la IA para ahorrar palabras: "La dialéctica de los contrarios, o ley de la unidad y lucha de contrarios, es un principio filosófico que postula que todo en la realidad contiene contradicciones internas y fuerzas opuestas que coexisten, se repelen y se necesitan mutuamente. Este conflicto interno es el motor del cambio, desarrollo y movimiento constante, donde la lucha entre estos polos (como tesis y antítesis) se resuelve en una nueva síntesis."

Sostengo que de la noche oscura del ataque del 3E se obtiene dialecticamente la enorme ocasión de rectificar los errores del confrontacionismo con los EEUU, que, al contrario, debió ser siempre un socio útil a nuestro desarrollo. ¡A 1.700 kilómetros de nuestras fronteras tenemos al mercado con mayor capacidad adquisitiva del planeta! Estúpidos nosotros que, por falta de pericia negociadora y por algunos desplantes absurdos, nos permitimos perder ese mercado.

 Tal vez la principal tarea histórica que tenemos los venezolanos de hoy (y por lo que, si todo sale bien, será recordado antes que por otra cosa el gobierno de Delcy Rodríguez) es la de reconstruir nuestra soberanía. Sólo que hay que hacerlo con los gringos y no contra ellos. Constatando nuestra pertenencia geopolítica y geoeconómica a este hemisferio donde, guste o no, EEUU es el hegemón indiscutible. Es lo que hizo toda la izquierda democrática latinoamericana, desde Pepe Mujica hasta AMLO, desde Lula y Petro a Correa, Evo y Bachelet.

Frente a la ocupación de facto, no se trata de subir a las montañas a lo Sandino en 1926, como creen algunos guevaristas trasnochados, sino de emprender una batalla más ardua aún: la de las mesas de negociación, la de levantar la economía nacional incorporando el capital y la tecnología gringos, europeos, indios... y, en la medida que vaya siendo posible, también chinos y de otros polos económicos planetarios.

Que el grito demencial y tonto de "Crear dos, tres... muchos Vietnam" que muchos repitieron hasta hace poco, despierte en nosotros una mezcla de desprecio, repulsa y risa.

El 3E es la prueba de lo que nos pasa cuando nos fracturamos como nación. Si algo urge hoy es la unidad nacional para enfrentar los acuciantes desafíos que tenemos por delante. El principal de todos, vernos las caras con los gringos en una relación ganar/ganar que es perfectamente posible, si se actúa con astucia, cautela, refinamiento y sagacidad.

Aquellos que prefieran el camino de la diatriba infecunda con el coloso del norte, que le echen un vistazo a esa rareza arqueológica que es la Cuba comunista, sumida en la oscuridad, el hambre, el inmovilismo y el atraso. ¿En serio es eso lo que quieren para nosotros?