Entrevista al embajador de Colombia en Argentina
El embajador se refiere a la trastienda del encuentro de su
presidente con Trump, que califica de fructífero, tras el choque retórico. Este
domingo arranca la primera cita electoral en Colombia.
En vísperas de las elecciones legislativas que este domingo
marcan la bandera de largada en Colombia hacia las presidenciales del 31 de
mayo, el embajador José Roberto Acosta se muestra confiado en la solidez
democrática de su país.
El abogado y también economista sostiene desde la embajada de
Colombia en Buenos Aires que al presidente Gustavo Petro lo benefició el choque
ideológico con Donald Trump. “El mundo observó que existen líderes como Petro
que, forjados en la resistencia, no se amilanan”, afirma Acosta en diálogo con Página/12.
El embajador considera que si hubiera una injerencia externa en el proceso
electoral “podría terminar favoreciendo al gobierno progresista”.
Este domingo además en su país se realizan consultas con
fuerzas de izquierda, centro y derecha, en las que no participan los tres
candidatos que lideran las encuestas: el senador por el oficialismo Iván
Cepeda, del Pacto Histórico; el ultraderechista Abelardo de la Espriella y el
candidato de centro-derecha, Sergio Fajardo.
— Tras el ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán, el presidente Petro hizo un llamado a volver al derecho internacional. Se trata de un país que aún persigue la paz total tras los acuerdos con las FARC. ¿Cómo evalúa lo que sucede a escala global?
— Creo que el ser humano es bastante tozudo y duro de
entendimiento. La civilización ha realizado enormes esfuerzos históricos para
pasar del “estado de naturaleza” descrito por Thomas Hobbes al Estado de
derecho. Respecto al discurso del premier de Canadá (Mark Carney en Davos),
quien afirmó que el viejo orden mundial ha muerto y debemos acostumbrarnos a
una realidad sin reglas, yo me niego a aceptarlo. Un mundo sin normas
transforma la incertidumbre en miedo colectivo. La incertidumbre es bella —no
saber qué pasará mañana—, pero cuando el matón del barrio aparece para
violentar y no hay autoridad ni reglas que nos defiendan, entramos en un
terreno peligroso. El temor es una pésima guía. Quien imponga el miedo
terminará perdiendo, porque la resistencia nunca desaparece. Como planteaba
Michel Foucault: “donde hay poder, hay resistencia”. Incluso las leyes de
Newton lo dictan: a toda fuerza se le opone una contraria. Mientras haya
humanidad, habrá resistencia, y esa es nuestra esperanza ante un mundo sin reglas.
— ¿Cree que con la captura de Nicolás Maduro también Estados
Unidos rompió las reglas?
— El mal no se justifica con otros males. Defender a Maduro
es otra tozudez, pero justificar un mal con uno peor —que además trae
consecuencias globales— es lo complicado. Afortunadamente, el encuentro entre
los presidentes Trump y Petro fue fructífero. El mundo observó que existen
líderes como Petro que, forjados en la resistencia, no se amilanan; fue a la
“boca del lobo” y salió triunfador. Cualquier líder, por poderoso que sea,
entiende que cuando la resistencia puede generarle problemas, es mejor no provocarla
demasiado.
Petro ha demostrado no claudicar en la defensa de principios
humanos fundamentales, como se ha visto en el caso de Gaza y otros frentes de
liderazgo global. Cuando se actúa de buena fe por el bienestar de la mayoría,
se triunfa tarde o temprano. Está también el tema climático: aunque la nueva
hegemonía parezca ignorarlo, los desastres en Nueva York, los incendios en el
sur argentino o las inundaciones en Colombia nos afectan a todos. Ese frío lo
siente igual la izquierda, la derecha y el centro. Al tomar estas posiciones,
Petro gana protagonismo.
— Este año es clave en Colombia por el proceso electoral que
se inicia este domingo. Viendo el apoyo explícito que la administración Trump
dio al gobierno de Javier Milei a días de las elecciones legislativas, ¿le
preocupa una intromisión en la política de su país?
— Desde el año pasado la popularidad de Petro ha mejorado
debido a su choque de visiones con Trump. En noviembre se observó que esa
dialéctica encumbró su aprobación por encima del 50 por ciento al cierre de su
mandato; encuestas como la del Centro Nacional de Consultoría o Invamer lo
sitúan sobre el 54 por ciento. Si los expertos que planean intervenir o inducir
las elecciones en Colombia analizan estos números, notarán que cualquier
injerencia externa podría ser contraproducente para sus intereses y terminar
favoreciendo al gobierno progresista. Así que, en cierto modo, cualquier
intervención es bienvenida porque la realidad es clara: el presidente Petro se
mantiene firme en su línea de resistencia. Si lo atacan desde frentes externos
y no solo internos, es probable que resulte fortalecido.
— ¿Tras las consultas de este domingo, y más cerca de la cita
presidencial, cree que es posible que Trump anuncie el respaldo a un candidato
o candidata de Colombia, como lo hizo con el candidato Tito Asfura en
Honduras?.
— A menudo no es solo el apoyo a un candidato, sino también
el ataque al contrincante por parte de intereses extranjeros. Ya se ha
documentado en WikiLeaks cómo ha existido intervención en elecciones de
potencias como Norteamérica. Desde Maquiavelo hasta Fouché, sabemos que la
política internacional siempre tiene un enfoque local. No debe extrañarnos; el
reto es racionalizar ese flujo de información (o desinformación) para que el
ciudadano vote con un criterio riguroso y en favor de sus propios intereses.
— Un segundo gobierno de izquierda encabezado por Iván
Cepeda, del Pacto Histórico, ¿rompería con la estructura política conservadora
que ha marcado a Colombia por dos siglos?
— Esa estructura ya se ha roto; muchas viejas lógicas han
volado por los aires con el primer gobierno progresista en la historia del
país. La clase política tradicional se siente hoy huérfana y con hambre de
poder. Sobre el candidato Cepeda, es evidente que tiene un estilo diferente. Me
sorprendió positivamente su respuesta cuando le preguntaron por qué leía sus
discursos en la plaza pública: dijo que quería ser riguroso y pensado, para que
sus palabras fueran un documento veraz tanto para ciudadanos como para
opositores. Esa “cabeza fría” y ese ritmo sabio son muy necesarios hoy. En un
mundo donde lo emocional suele ser lo más efectivo en campaña, apostar por lo
razonado resulta disruptivo. Hoy lo disruptivo es la tranquilidad, no el
espectáculo. Eso marca un estándar de rigor para no caer en populismos vacíos.
— En el balance de los cuatro años de gobierno, hubo frenos a
las reformas impulsadas por Petro en el Congreso, como, por ejemplo, la
tributaria.
— Avanzó un tema crucial que otros países deberían notar: las
regalías. Estas son el “peaje” que las industrias extractivas pagan al país por
socavar sus recursos naturales no renovables. No deberían confundirse con
impuestos. Es como si alguien viniera a extraer un órgano de mi cuerpo: debe
pagarme por el órgano (la regalía) y, si luego lo vende, pagar el impuesto por
la venta. Lamentablemente, en los galimatías jurídicos y tributarios, se
decidió que el costo del recurso ya iba incluido en el impuesto. Aunque la
norma se tramitó correctamente, se echó atrás un recurso que dejó desfinanciado
al gobierno. Esto evidencia que aún existen poderes del gran capital minero que
influyen en el Poder Judicial, pero también demuestra que en Colombia, a pesar
de las críticas, se mantiene la división de poderes.
Tomado de Página 12 / Argentina. Imagen: Adrián Pérez.