El pulso político y deportivo entre Senegal y Marruecos ha
estallado en una crisis sin precedentes en el fútbol africano. El
Gobierno senegalés ha acusado abiertamente a la Confederación Africana de
Fútbol (CAF) de actuar bajo sospechas de corrupción y ha exigido una
“investigación internacional independiente” tras la decisión de retirarle el título de la Copa de África 2025
para entregárselo a Marruecos.
La resolución, adoptada por el comité de apelación de la CAF,
ha convertido en derrota por 3-0 el triunfo por 1-0 que Senegal logró sobre el
césped en enero en Rabat. La sanción se basa en la retirada temporal de los
jugadores senegaleses del terreno de juego en protesta por un penalti señalado
en el tiempo añadido a favor de Marruecos, anfitrión del torneo.
Una decisión “ilegal y profundamente injusta”
En un comunicado oficial, el Ejecutivo senegalés califica la medida de “decisión inédita, de una gravedad excepcional”, denunciando que se sustenta en “una interpretación manifiestamente errónea del reglamento, que conduce a una decisión groseramente ilegal y profundamente injusta”.
“El Senegal rechaza sin ambigüedad este intento de
desposesión injustificada”, subraya el texto, que va más allá de la mera
protesta deportiva y apunta directamente a la integridad de las instituciones
continentales. Según el Gobierno, la CAF “socava gravemente su propia
credibilidad y la confianza legítima que los pueblos africanos
depositan en las instituciones deportivas”.
El comunicado oficial también solicita la apertura de una
investigación internacional independiente “por sospechas de corrupción en el
seno de las instancias dirigentes de la CAF”, elevando el conflicto a una
dimensión política que trasciende el ámbito futbolístico.
Del caos en Rabat a la batalla legal
La final disputada el 18 de enero en Rabat degeneró en un
episodio caótico. Tras la anulación de un gol de Ismaïla Sarr y la posterior
concesión de un penalti a Marruecos en el minuto 98 —revisado por el VAR—, los
jugadores senegaleses abandonaron el campo durante varios minutos en señal de
protesta.
A su regreso, el lanzamiento a lo “Panenka” de Brahim Díaz
fue detenido por el guardameta Édouard Mendy. El partido se reanudó y Senegal
terminó imponiéndose en la prórroga con un gol de Pape Gueye.
Sin embargo, tras un recurso de la federación marroquí, la
CAF aplicó los artículos disciplinarios que castigan el abandono del terreno de
juego, dando el partido por perdido a Senegal pese a que el árbitro validó el
resultado final.
Recurso ante el TAS y rebelión en Senegal
La Federación Senegalesa de Fútbol ha anunciado que recurrirá
ante el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS), en Lausana. Su
secretario general, Abdoulaye Seydou Sow, denunció que la decisión “no está
basada en ninguna norma jurídica” y dejó entrever presiones externas: “Tuvimos
la sensación de que el jurado no estaba allí para aplicar la ley, sino para
ejecutar una orden”.
El conflicto también ha prendido en el vestuario. El
internacional Idrissa Gueye defendió en redes sociales la legitimidad del
triunfo: “Sabemos lo que vivimos esa noche en Rabat. Y nadie nos lo puede
quitar”. Algunos jugadores incluso se niegan a devolver las medallas, en un
gesto que simboliza la fractura entre la verdad del campo y la resolución
administrativa.
Sospechas de favoritismo y tensión política
Las acusaciones de Dakar se producen en un contexto de
creciente desconfianza hacia el arbitraje y el uso del VAR durante el torneo. Periodistas
y observadores denunciaron decisiones favorables a Marruecos, país que
aspira a consolidarse como potencia futbolística y será coanfitrión del Mundial
2030 junto a España y Portugal.
Antes de la final, Senegal ya había expresado “serias
preocupaciones” por el trato recibido en Rabat, incluyendo cuestiones de
seguridad. A ello se suma la condena en Marruecos de varios aficionados
senegaleses tras los disturbios del partido. El presidente de la FIFA,
Gianni Infantino, condenó el abandono del campo como “inaceptable”, aunque
evitó pronunciarse sobre el fondo de la decisión.
Un conflicto abierto
La batalla, lejos de cerrarse, apenas comienza. El recurso
ante el TAS puede prolongarse durante meses y mantiene en suspenso una pregunta
que ya divide al continente: quién es el verdadero campeón de África.
Mientras en Marruecos se celebran festejos contenidos, en
Dakar se impone la indignación. “Somos campeones en el campo”, repiten
aficionados y jugadores. La CAF, cuestionada como nunca, se enfrenta ahora a
una crisis de legitimidad que amenaza con desbordar el terreno de juego.
Tomado de El Independiente / España. Imagen: EFE.