La dirigente comunista se conmueve por las banderas de
memoria, verdad y justicia de Argentina y siente preocupación por los
retrocesos que avizora con el gobierno de Kast en su país.
Jeannette Jara,
excandidata presidencial de la izquierda de Chile, visitó Buenos Aires durante
las actividades conmemorativas por los 50 años del golpe cívico-militar en
Argentina. La firme militante comunista visitó el sitio de memoria donde
funcionó el centro clandestino de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) y
participó de la multitudinaria marcha del 24 de marzo.
“Es conmovedor ver a los argentinos sostener las banderas de
Memoria, Verdad y Justicia”, dijo Jara en entrevista con Página/12 desde
la Fundación Rosa Luxemburgo. Se asume en un lugar de oposición en estado de
alerta frente a las señales de retroceso que ya comenzaron a verse con el nuevo
gobierno de José Antonio Kast.
- En Argentina, este aniversario redondo ocurre en un
contexto en el que desde el discurso oficial prevalece el negacionismo. ¿Se
puede ver en el espejo del Chile de hoy?
- En Argentina, Chile, Paraguay y otros países del Cono Sur
en las décadas de los 70 y 80 se instalaron dictaduras que no solo destruyeron
la democracia y violaron los derechos humanos bajo el Plan Cóndor, sino que
impusieron modelos económicos cuyos amarres persisten hasta hoy. En la
actualidad, resulta conmovedor observar cómo la ciudadanía argentina, pese a
tener un gobierno de ultraderecha que intenta reinstalar la teoría de los dos
demonios y negar la cifra de los 30.000 desaparecidos, sostiene con fuerza en
las calles las banderas de Memoria, Verdad y Justicia. Frente a los intentos de
construir un nuevo relato que justifique la crueldad, la sociedad responde con
el ‘Nunca Más’. Mi visita a la ex ESMA fue especialmente impactante, sobre todo
al conocer el caso de Claudia
Poblete, una mujer de mi edad, hija de padre chileno, apropiada por la
dictadura y criada por una familia militar. Ver sus fotos de bebé en brazos de
sus padres es un recordatorio de que nada justifica el robo de niños. Este
límite ético parece ser un capital moral compartido, incluso por quienes
votaron a Milei, y representa una barrera que espero no tenga retroceso.
- El presidente Kast respalda un proyecto de conmutación de penas que podría beneficiar a condenados por violaciones a los derechos humanos. ¿Va a avanzar en el Congreso?
—Tengo tres aspectos que comentar. El primero es que, en
Chile, la justicia ha demorado demasiado tiempo en llegar. Los militares y
civiles que cometieron delitos en la dictadura hicieron un pacto de silencio
que perdura hasta hoy. Los juicios han sido muy difíciles y, por tanto, recién
hace pocos años hay sentencias. Estas personas no pagaron durante estos 50 años
la cárcel que debían como los criminales que son; al contrario, muchos
siguieron en sus puestos. Por lo tanto, aunque hoy sean personas mayores, son
criminales de lesa humanidad y no merecen medidas alternativas. Lo segundo es
que el presidente Kast prometió durante toda su campaña que combatir el crimen
organizado sería su primera prioridad. Sin embargo, hoy está promoviendo en su
sector político una medida para que los mayores de 75 años y personas con
enfermedades crónicas cumplan su pena en el domicilio. Es tanto el afán por
sacar a los reos de Punta Peuco, que fueron capaces de extender esta medida a
todos los presos de Chile, incluso a los comunes. Allí hay personas del crimen
organizado, sicarios y condenados por crímenes horribles contra menores de
edad. Hay una contradicción fundamental entre el discurso de campaña y su
prioridad actual.
Lo tercero es que esta coyuntura ha permitido que la
ultraderecha trate de reivindicar el pinochetismo. Eso ha permeado en ciertos
sectores de nuestro país de una manera muy preocupante. Se han roto consensos
que ya estaban establecidos, como que las dictaduras son malas o que nada
justifica las muertes. Hoy hay gente que se atreve a reivindicar lo que hizo la
dictadura, que en Chile no solo estuvo ligada a violaciones de derechos
humanos, sino también a delitos económicos, como la causa que le abrió EE. UU a
Pinochet por el caso de las cuentas secretas en el Riggs Bank. La línea se
corrió mucho y es bueno tener esto presente porque, como siempre se dice,
cuando no hay memoria, la historia se puede repetir. Yo brego por algo más: que
en Chile vuelva a dar vergüenza ser pinochetista.
--El expresidente Gabriel Boric había lanzado el plan de
búsqueda de desaparecidos. ¿Le preocupa su continuidad?
- Ya lo frenaron. Es el plan que se instaló cuando se
cumplieron los 50 años del golpe de Estado en 2023. Apenas asumió este
Ejecutivo el 11 de marzo, lanzó un conjunto de medidas que yo describiría como
el “paso cinco” del manual de las ultraderechas: saturar la agenda. Al lanzar
tantos temas juntos, la ciudadanía queda en un estado de indefensión y la
oposición no sabe a cuál de todos atender. Lo que han hecho en estos primeros
días no es “hacer”, sino impedir lo que estaba en curso: retiraron los decretos
de protección del medio ambiente y el plan de búsqueda de los detenidos
desaparecidos. Si uno analiza cómo la ultraderecha ha detectado ciertas fallas
de respuesta en los sistemas democráticos, se ve un manual muy impulsado desde
el gobierno de Trump con lógicas que ya existían. Es un populismo que ahora se
alinea en un libreto común: sucede con Orbán en Hungría, con Milei y con Kast.
- Antes de su investidura, Kast participó del encuentro con
Trump y la inauguración de una alianza militar de las derechas
latinoamericanas. ¿Las derechas se unen por un interés común?
- La coordinación de las ultraderechas no responde a los
intereses propios de las naciones, sino a un condicionamiento ideológico de
quienes actúan de forma coordinada bajo las órdenes de un país en particular,
Estados Unidos. Considero esto muy peligroso porque, a mi entender, los jefes
de Estado deben luchar por los intereses de su propio país, en hermandad con
los demás, pero sin subordinarse. Ellos comenzaron a exacerbar un sentimiento
patriótico, aunque la verdad es que de patriotas no tienen nada; resulta
contradictorio subordinarse a otra potencia. Luego, levantaron en Chile un
discurso antimigrante muy totalitario y después aprovecharon las fallas del
sistema y tomaron la bandera de la delincuencia e incentivaron esa discusión
política.
Evidentemente, la ciudadanía comenzó a asustarse ante la
aparición de crímenes de una naturaleza distinta a la conocida: sicariato y
secuestros, delitos que antes eran muy poco frecuentes. Sin embargo, a solo
quince días de gobierno, las medidas no han abordado esos problemas, sino que
han sido puramente ideológicas: contra el medioambiente, los derechos humanos y
los trabajadores.
Están siguiendo un manual repetitivo y no tengo duda de que
las próximas medidas serán contra las mujeres, tal como sucedió en Argentina
con el cierre del ministerio. El manual es claro: primero, el patriotismo;
segundo, el discurso antiinmigrante; tercero, la exacerbación del problema
social más grave y, cuarto, la impugnación permanente. Todo lo que hace el
oponente está mal; buscan aniquilar al adversario político en lugar de discutir
sus ideas, utilizando estrategias de encarcelamiento o desacreditación basadas
en fake news. Me preocupa profundamente el futuro del Ministerio de la Mujer en
Chile, porque todo nos ha costado mucho y, viendo lo que ocurre en Argentina,
el riesgo es evidente.
—¿Por qué desde su campaña no pusieron más el foco en el tema
seguridad, sobre todo porque iba a ser clave en los sectores más vulnerables?
—Soy una convencida de que la seguridad pública es un tema
fundamental. Como mujer de izquierda, sostengo esta postura porque quienes más
sufren las consecuencias de la inseguridad son, precisamente, los sectores
populares. Si bien los delitos ocurren en todos lados, cuando la droga penetra
en las poblaciones más vulnerables, los jóvenes no tienen herramientas para
escapar de ese entorno. Esto no me es indiferente; por el contrario, es una
realidad sumamente compleja que afecta la vida cotidiana de las personas.
Considero que la diferencia en el tratamiento de la seguridad fue lo que otorgó
efectividad a la ultraderecha en la campaña, mientras que resultó poco eficaz
para el sector que represento. Los problemas de seguridad no se resuelven con
eslóganes ni descalificaciones, sino con medidas concretas de fortalecimiento
policial y políticas públicas ejecutadas en plazos razonables. De hecho, el
gobierno de Boric dictó más de 50 leyes en esta materia que hoy están en pleno
proceso de implementación. Es vital problematizar hechos reales sin generar
expectativas falsas, como hizo la ultraderecha. Prometer a la población
soluciones que no ocurrirán solo provoca un desencanto profundo con el sistema
democrático. El actual presidente, en su etapa de candidato, se dedicó a
denostar las propuestas ajenas y a fomentar la rabia y el temor. Eso es
extremadamente delicado, y ahora deberá hacerse cargo de las expectativas y los
sentimientos que él mismo sembró.
—¿Qué opina de que Kast no apoye la candidatura de Michelle
Bachelet a la Secretaría General de la ONU?
- Me parece una decisión miope por parte del gobierno del
presidente Kast; una postura que se basa más en una mirada partidaria de
extrema derecha que en una verdadera visión de Estado. Considero que este
rechazo es un hecho bochornoso para la imagen internacional de Chile. Por el
contrario, el que la expresidenta Michelle Bachelet haya decidido mantener su
candidatura a la Secretaría General de la ONU da cuenta de su liderazgo y de
una estatura de Estado que, sin duda, contribuirá a fortalecer la cooperación
internacional, la promoción de la paz y el respeto por los derechos humanos a
nivel global. Deseo que su postulación sea exitosa, especialmente gracias al
respaldo que le brindarán los gobiernos progresistas de México y Brasil.
Tomado de Página 12 / Argentina. Imagen de Guido Piotrkowski.
