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28 marzo, 2026

Entrevista a la excandidata presidencial de la izquierda. Jeannette Jara: “Brego porque en Chile vuelva a dar vergüenza ser pinochetista”

La dirigente comunista se conmueve por las banderas de memoria, verdad y justicia de Argentina y siente preocupación por los retrocesos que avizora con el gobierno de Kast en su país.

Por Mercedes López San Miguel

Jeannette Jara, excandidata presidencial de la izquierda de Chile, visitó Buenos Aires durante las actividades conmemorativas por los 50 años del golpe cívico-militar en Argentina. La firme militante comunista visitó el sitio de memoria donde funcionó el centro clandestino de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA) y participó de la multitudinaria marcha del 24 de marzo.

“Es conmovedor ver a los argentinos sostener las banderas de Memoria, Verdad y Justicia”, dijo Jara en entrevista con Página/12 desde la Fundación Rosa Luxemburgo. Se asume en un lugar de oposición en estado de alerta frente a las señales de retroceso que ya comenzaron a verse con el nuevo gobierno de José Antonio Kast.

- En Argentina, este aniversario redondo ocurre en un contexto en el que desde el discurso oficial prevalece el negacionismo. ¿Se puede ver en el espejo del Chile de hoy?

- En Argentina, Chile, Paraguay y otros países del Cono Sur en las décadas de los 70 y 80 se instalaron dictaduras que no solo destruyeron la democracia y violaron los derechos humanos bajo el Plan Cóndor, sino que impusieron modelos económicos cuyos amarres persisten hasta hoy. En la actualidad, resulta conmovedor observar cómo la ciudadanía argentina, pese a tener un gobierno de ultraderecha que intenta reinstalar la teoría de los dos demonios y negar la cifra de los 30.000 desaparecidos, sostiene con fuerza en las calles las banderas de Memoria, Verdad y Justicia. Frente a los intentos de construir un nuevo relato que justifique la crueldad, la sociedad responde con el ‘Nunca Más’. Mi visita a la ex ESMA fue especialmente impactante, sobre todo al conocer el caso de Claudia Poblete, una mujer de mi edad, hija de padre chileno, apropiada por la dictadura y criada por una familia militar. Ver sus fotos de bebé en brazos de sus padres es un recordatorio de que nada justifica el robo de niños. Este límite ético parece ser un capital moral compartido, incluso por quienes votaron a Milei, y representa una barrera que espero no tenga retroceso.

- El presidente Kast respalda un proyecto de conmutación de penas que podría beneficiar a condenados por violaciones a los derechos humanos. ¿Va a avanzar en el Congreso?

—Tengo tres aspectos que comentar. El primero es que, en Chile, la justicia ha demorado demasiado tiempo en llegar. Los militares y civiles que cometieron delitos en la dictadura hicieron un pacto de silencio que perdura hasta hoy. Los juicios han sido muy difíciles y, por tanto, recién hace pocos años hay sentencias. Estas personas no pagaron durante estos 50 años la cárcel que debían como los criminales que son; al contrario, muchos siguieron en sus puestos. Por lo tanto, aunque hoy sean personas mayores, son criminales de lesa humanidad y no merecen medidas alternativas. Lo segundo es que el presidente Kast prometió durante toda su campaña que combatir el crimen organizado sería su primera prioridad. Sin embargo, hoy está promoviendo en su sector político una medida para que los mayores de 75 años y personas con enfermedades crónicas cumplan su pena en el domicilio. Es tanto el afán por sacar a los reos de Punta Peuco, que fueron capaces de extender esta medida a todos los presos de Chile, incluso a los comunes. Allí hay personas del crimen organizado, sicarios y condenados por crímenes horribles contra menores de edad. Hay una contradicción fundamental entre el discurso de campaña y su prioridad actual.

Lo tercero es que esta coyuntura ha permitido que la ultraderecha trate de reivindicar el pinochetismo. Eso ha permeado en ciertos sectores de nuestro país de una manera muy preocupante. Se han roto consensos que ya estaban establecidos, como que las dictaduras son malas o que nada justifica las muertes. Hoy hay gente que se atreve a reivindicar lo que hizo la dictadura, que en Chile no solo estuvo ligada a violaciones de derechos humanos, sino también a delitos económicos, como la causa que le abrió EE. UU a Pinochet por el caso de las cuentas secretas en el Riggs Bank. La línea se corrió mucho y es bueno tener esto presente porque, como siempre se dice, cuando no hay memoria, la historia se puede repetir. Yo brego por algo más: que en Chile vuelva a dar vergüenza ser pinochetista.

--El expresidente Gabriel Boric había lanzado el plan de búsqueda de desaparecidos. ¿Le preocupa su continuidad?

- Ya lo frenaron. Es el plan que se instaló cuando se cumplieron los 50 años del golpe de Estado en 2023. Apenas asumió este Ejecutivo el 11 de marzo, lanzó un conjunto de medidas que yo describiría como el “paso cinco” del manual de las ultraderechas: saturar la agenda. Al lanzar tantos temas juntos, la ciudadanía queda en un estado de indefensión y la oposición no sabe a cuál de todos atender. Lo que han hecho en estos primeros días no es “hacer”, sino impedir lo que estaba en curso: retiraron los decretos de protección del medio ambiente y el plan de búsqueda de los detenidos desaparecidos. Si uno analiza cómo la ultraderecha ha detectado ciertas fallas de respuesta en los sistemas democráticos, se ve un manual muy impulsado desde el gobierno de Trump con lógicas que ya existían. Es un populismo que ahora se alinea en un libreto común: sucede con Orbán en Hungría, con Milei y con Kast.

- Antes de su investidura, Kast participó del encuentro con Trump y la inauguración de una alianza militar de las derechas latinoamericanas. ¿Las derechas se unen por un interés común?

- La coordinación de las ultraderechas no responde a los intereses propios de las naciones, sino a un condicionamiento ideológico de quienes actúan de forma coordinada bajo las órdenes de un país en particular, Estados Unidos. Considero esto muy peligroso porque, a mi entender, los jefes de Estado deben luchar por los intereses de su propio país, en hermandad con los demás, pero sin subordinarse. Ellos comenzaron a exacerbar un sentimiento patriótico, aunque la verdad es que de patriotas no tienen nada; resulta contradictorio subordinarse a otra potencia. Luego, levantaron en Chile un discurso antimigrante muy totalitario y después aprovecharon las fallas del sistema y tomaron la bandera de la delincuencia e incentivaron esa discusión política.

Evidentemente, la ciudadanía comenzó a asustarse ante la aparición de crímenes de una naturaleza distinta a la conocida: sicariato y secuestros, delitos que antes eran muy poco frecuentes. Sin embargo, a solo quince días de gobierno, las medidas no han abordado esos problemas, sino que han sido puramente ideológicas: contra el medioambiente, los derechos humanos y los trabajadores.

Están siguiendo un manual repetitivo y no tengo duda de que las próximas medidas serán contra las mujeres, tal como sucedió en Argentina con el cierre del ministerio. El manual es claro: primero, el patriotismo; segundo, el discurso antiinmigrante; tercero, la exacerbación del problema social más grave y, cuarto, la impugnación permanente. Todo lo que hace el oponente está mal; buscan aniquilar al adversario político en lugar de discutir sus ideas, utilizando estrategias de encarcelamiento o desacreditación basadas en fake news. Me preocupa profundamente el futuro del Ministerio de la Mujer en Chile, porque todo nos ha costado mucho y, viendo lo que ocurre en Argentina, el riesgo es evidente.

—¿Por qué desde su campaña no pusieron más el foco en el tema seguridad, sobre todo porque iba a ser clave en los sectores más vulnerables?

—Soy una convencida de que la seguridad pública es un tema fundamental. Como mujer de izquierda, sostengo esta postura porque quienes más sufren las consecuencias de la inseguridad son, precisamente, los sectores populares. Si bien los delitos ocurren en todos lados, cuando la droga penetra en las poblaciones más vulnerables, los jóvenes no tienen herramientas para escapar de ese entorno. Esto no me es indiferente; por el contrario, es una realidad sumamente compleja que afecta la vida cotidiana de las personas. Considero que la diferencia en el tratamiento de la seguridad fue lo que otorgó efectividad a la ultraderecha en la campaña, mientras que resultó poco eficaz para el sector que represento. Los problemas de seguridad no se resuelven con eslóganes ni descalificaciones, sino con medidas concretas de fortalecimiento policial y políticas públicas ejecutadas en plazos razonables. De hecho, el gobierno de Boric dictó más de 50 leyes en esta materia que hoy están en pleno proceso de implementación. Es vital problematizar hechos reales sin generar expectativas falsas, como hizo la ultraderecha. Prometer a la población soluciones que no ocurrirán solo provoca un desencanto profundo con el sistema democrático. El actual presidente, en su etapa de candidato, se dedicó a denostar las propuestas ajenas y a fomentar la rabia y el temor. Eso es extremadamente delicado, y ahora deberá hacerse cargo de las expectativas y los sentimientos que él mismo sembró.

—¿Qué opina de que Kast no apoye la candidatura de Michelle Bachelet a la Secretaría General de la ONU?

- Me parece una decisión miope por parte del gobierno del presidente Kast; una postura que se basa más en una mirada partidaria de extrema derecha que en una verdadera visión de Estado. Considero que este rechazo es un hecho bochornoso para la imagen internacional de Chile. Por el contrario, el que la expresidenta Michelle Bachelet haya decidido mantener su candidatura a la Secretaría General de la ONU da cuenta de su liderazgo y de una estatura de Estado que, sin duda, contribuirá a fortalecer la cooperación internacional, la promoción de la paz y el respeto por los derechos humanos a nivel global. Deseo que su postulación sea exitosa, especialmente gracias al respaldo que le brindarán los gobiernos progresistas de México y Brasil.

Tomado de Página 12 / Argentina. Imagen de Guido Piotrkowski.