“A los
adversarios les digo: no vamos a negociar”, dijo el nuevo presidente del vecino
país, que promete mano dura a la inmigración. Protesta de seguidores de Boric.
Por Gabriel
Osorio / Desde Valparaíso
“A los
adversarios de Chile les digo: no vamos a negociar”, dijo José Antonio Kast en
su primer discurso oficial como presidente de Chile. Este miércoles 11 de
marzo, el abogado ultraconservador prestó juramento en el Congreso
Nacional ubicado en Valparaíso. La ceremonia contó con la presencia, entre
otras personalidades, de la opositora venezolana María Corina Machado y del
presidente argentino Javier Milei, y representa el final del mandato del ahora
expresidente Gabriel Boric.
No fue un
acto masivo. Bajo un sol agradable y sin una nube a la distancia, grupos de
pocas decenas de personas se repartían alrededor de un amplísimo cerco
policial. Desde las vallas apenas se vislumbraban las puntas de las lanzas de
la caballería; se escuchaban gaviotas, y una mujer encorvada de pelo grisáceo
vendía banderas del vecino país.
“Una espera que todas las promesas que él ha hecho se cumplan, sobre todo con la delincuencia”, comentó a PáginaI12 la vendedora Efigenia Fuenzalida (61), que trabajaba a la espera de operarse de una hernia umbilical. “Yo nunca he tenido que robar para vivir. Trabajar en la calle no me hace menos digna. Me encanta vender en la calle, porque comparto con la gente, aunque me ha tocado muchas veces que soy detenida. He tratado de pedir permiso, pero en cada gobierno como que soy descartada; no calzo.”
“Hay un
hombre que está en sus cabales, que es Kast, y el otro que es un loco
maniático”, diría a su tiempo Marisol Pozo (70). “Con Kast va a llegar la
tranquilidad y se va a acabar un poco la violencia, la cosa de la droga, el
tráfico. Eso es lo que uno pide, pos’, vivir en paz. Hoy en día uno anda con
temor en las calles.”
Los convoyes
policiales llenaban el perímetro a seis cuadras del Congreso. Desde allí se
olían las verduras, pescados y frutas del mercado. La gente aplaudió a las
tropas de caballería cuando marcharon por delante de las vallas; detrás pasó el
personal de limpieza, que levantó sus escobas para recibir los aplausos.
A las doce
menos cuarto alguien miró su teléfono: “Está entrando Kast”. Se escucharon
tambores, se cerró la calle y la gente se agolpó sobre la reja.
Kast había
comenzado su día en el palacio presidencial de Cerro Castillo, en la colindante
Viña del Mar. Allí pasó la noche junto a su esposa María Pia Adriásola y sus
nueve hijos, además de un equipo de asesores.
También iba a
ser allí que el actual mandatario recibiría a su par argentino Javier Milei,
quien canceló la reunión bilateral en las primeras horas de la mañana. El
imprevisto se suma a la suspensión del viaje de Lula da Silva, presidente de
Brasil, adjudicada por medios de ese país a la presencia de Flavio Bolsonaro.
Boric, por su
parte, abrió su jornada a las seis de la mañana haciendo abandono de La Moneda.
Allí se retiraron las fotos oficiales, se retrató por última vez con sus
ministros y salió, entre aplausos de sus adherentes, rumbo al cambio de mando
en Valparaíso.
“Nuestro país
es un mejor lugar que el que era cuatro años atrás”, había dicho el ya
expresidente en su última cadena nacional. En ella hizo referencia a proyectos
de su gobierno como la ley de crianza, de copago cero en salud y de pago de
pensiones alimenticias, así como reconoció su mala gestión en la denuncia al
subsecretario Monsalve y la compra de la casa de Salvador Allende.
“Es el último
día del presidente Boric y no quería perdérmelo”, contaba entre jadeos
Catherine Roa (39), educadora de párvulo y madre de un hijo de 24,
mientras vadeaba la cuesta del cerro Barón para ver más de cerca al mandatario
saliente. “Con él a mí me subió el sueldo. También subieron la JUNAEB (tarjeta
alimentaria estudiantil), y eso fue maravilloso para mi hijo y para mí, que
estudiábamos en la universidad.”
Rozando las
doce de la mañana, las autoridades iban entrando al congreso nacional. Javier
Milei cruzó la alfombra roja junto a su hermana Karina en medio de selfies,
saludos y abrazos. María Corina Machado, por su parte, atendía a los medios
locales e internacionales en su reaparición tras semanas en los Estados Unidos.
La gente también se agolpaba a verla a ella.
Al pie del
cerro Barón, por donde se esperaba que saliera la comitiva, la gente esperaba.
Algunos llevaban banderas chilenas, otros banderas partidarias de Kast, la
mayoría mayores de cincuenta y mirando la ceremonia en sus celulares. Pegados a
la valla, un grupo de al menos doce personas desplegó una enorme bandera
venezolana.
Unas cuadras
más atrás, María Angélica Ramírez (59) y Gabriel Ramírez (18), tía y sobrino,
que vestían remeras con el logo I love Venezuela, gorras a juego y cargaban
banderas de ese país, rodeaban el Congreso para encontrar los mejores lugares.
“Estamos por
nuestra líder María Corina Machado”, decía María Angélica, “porque ella
fue la que ha luchado, la que ha guerreado contra el régimen. Y bueno, ya logró
por medio del presidente Trump sacar a este delincuente de la presidencia.”
“Es claro que
salimos ahorita de un comunismo”, complementaba Gabriel, “y obviamente no
querríamos un comunismo para un país que nos ha dado la mano. Y bueno, por ese
lado apoyamos a pesar de lo que ha dicho de los venezolanos.”
Kast esgrimió
como pilar de campaña una “mano dura” contra la inmigración ilegal. Entre las
primeras medidas que proyecta su gobierno está la tipificación del ingreso
ilegal al país como delito. Machado, por otra parte, viene de recibir la
noticia del reconocimiento de Trump al gobierno de Delcy Rodríguez en
Venezuela.
“Cuando María
Corina esté en la presidencia de Venezuela, obviamente nosotros nos vamos a
ir”, sigue María Angélica, “Ahora estamos, pues, preocupados, angustiados,
porque dicen que nos van a sacar. Pero nosotros hoy día nos emocionamos porque
yo sé que eso es política, y sé que María Corina va a hacer algo por nosotros.”
Cerca de las
12:30 AM, Kast presentó juramento como presidente de Chile. Fue una ceremonia
sin grandes discursos, seguida al pie de la letra, donde recibió la banda de
manos de Paulina Núñez (RN), recién elegida en la mañana. En el camino de
saludo de salida, recibió los aplausos de los presidentes Rodrigo Paz de
Bolivia, Daniel Noboa de Ecuador y del rey Felipe VI de España, entre otros
líderes.
En las vallas
al pie del cerro Barón, la gente aglomerada ya superaba la centena. Carabineros
de Chile apostó un carro hidrante y otro carro lanza gases frente a ambos lados
de la vereda. El grupo de la bandera de Venezuela seguía esperando frente a la
valla. Cuando el Ford Galaxie de Kast pasó por delante de la vereda, todo un
grupo de personas, mayoritariamente jóvenes, prorrumpió en insultos, gritos de
protesta y cánticos de apoyo al gobierno saliente.
“A mí el
gobierno de Boric me representa”, retomaba en el cerro una Catherine Roa cuyo
hijo, con las ayudas sociales, se graduó de ingeniero en estadística. “Ha hecho
cambios que a veces la gente no tiene idea, pero uno tiene que informarse: es
cosa de leer”.
El tumulto
terminó de explotar cuando María Corina Machado, al ver la bandera venezolana,
decidió parar la camioneta y bajarse a saludar a sus adherentes. La gente se
agolpó sobre ella, voló un proyectil y los carabineros saltaron al pavimento.
La tarde seguiría con barricadas y choques con la policía en sectores del
centro de Valparaíso. Kast cerró su jornada con su primer discurso oficial
frente a cientos de militantes en La Moneda.
Tomado de Página
12 / Argentina. Foto de la agencia EFE.