Por Carlos Torrealba Rangel / Opinión
La presencia de Enrique Márquez como invitado de honor del
presidente Donald Trump en el Capitolio, durante el discurso del Estado de la
Unión, lo ratifica como un interlocutor validado y clave ante la comunidad
internacional.
En mi opinión, Márquez posee el perfil idóneo para gestionar
la transición política en Venezuela mediante un *Gobierno de Unidad Nacional. *
Su enfoque en la reconciliación y el apego a la institucionalidad democrática
eventualmente podría posicionarlo como la figura de consenso necesaria para
liderar una *transición compartida*; un proceso que, distanciado de la
confrontación extrema, sea capaz de ofrecer garantías institucionales a todos
los sectores, incluido el chavismo.
Contraste de liderazgos:
- *María Corina Machado: Aunque persiste como una figura de
innegable influencia moral e inspiradora, conectada con el sentimiento de
cambio de buena parte del país, su liderazgo se ha definido por la resistencia
desde la clandestinidad y una postura de confrontación frontal, que, de aspirar
a un rol futuro, debería evolucionar hacia la moderación.
- *Delcy Rodríguez: Su rol permanece anclado a la continuidad
del sistema anterior, el que la mayoría del país ya no quiere, ocupando la
presidencia interina tras la detención de Maduro, lo que la sitúa en las antípodas
de una verdadera unidad.
*En resumen: Enrique Márquez representa la apuesta por un
*liderazgo civilista* que prioriza la reinstitucionalización y la paz política.
Estos son elementos indispensables para que la transición no sea un simple
cambio de nombres -un ejercicio "gatopardiano" en el caso de Delcy
Rodríguez- sino un proceso sostenible, estructural y real.
