El cantautor y músico panameño relató algunas de sus vivencias junto al fenecido trombonista
Con la partida física del trombonista, cantante y
productor Willie
Colón, una de las figuras más trascendentales en la historia del género
de la salsa, avivó nuevamente el recuerdo de una de las alianzas más
influyentes del género, junto al cantautor y músico panameño Rubén Blades.
Ambos redefinieron la salsa en los años setenta,
pero décadas después se vieron involucrados en una disputa económica y
judicial. Tras la noticia del fallecimiento de Colón, Blades reaccionó
públicamente a través de un mensaje en el que enviaba sus condolencias a la
esposa e hijos del músico y adelantó que más adelante reflexionaría sobre su
“vital e importante legado musical”.
Y así lo hizo: en la tarde del lunes, a través de su cuenta
oficial de Facebook, publicó una extensa carta, dedicada al legendario
trombonista, nacido en Nueva York, de padres puertorriqueños. La incluimos a
continuación:
“A WILLIE COLON
El 21 de febrero del 2026, se ha mudado “al otro barrio” un
titán de la música del género de salsa, William Anthony Colón, mejor conocido
como Willie Colón.
Recuerdo perfectamente la última vez que lo vi, el 3 de abril
del 2023, en el velorio de nuestro amigo y colega, el bongosero Jorge “Georgie”
González. Estaba conversando con José Massó y su esposa Divina cuando
sentí una mano en mi hombro. Me volví y allí estaba Willie. Si a mí me
sorprendió verlo, el resto de la gente presente casi se desmaya al vernos
juntos.
Contrario a lo que quizás algunos esperaban, nuestra
conversación fue cordial. Y es que, a pesar de los pesares que existían y
existirán, ambos siempre respetamos lo que hicimos y las experiencias
por las que atravesamos durante esos seis años y seis álbumes juntos, creando
direcciones musicales inéditas hasta ese momento, en un género colmado de
inconmensurables talentos.
Fue en 1967 ¿o 1968?, cuando conocí a Willie y a Héctor en
Panamá, la primera vez que fueron para amenizar unos carnavales. No había oído
hablar de ellos, pero la tarde que los vi actuando en una tarima en la Plaza
Cinco de Mayo y Avenida Central, la energía y sentimiento de rebeldía que
emanaban de la joven banda me convirtió en un “fan” para siempre.
Allí sostuve mi primera conversación con Willie, sin que
imagináramos que en pocos años crearíamos una conexión personal, emocional e
intelectual, capaz de cambiar la estructura tradicional de la salsa, desde un esquema de temas con
letras y de arreglos dirigidos al baile y estrictamente limitados a la realidad
del barrio, a una música de contenido urbano y nacional, que no evadía la
presentación del asunto político.
Sin haberlo premeditado, nuestra combinación proyectaría al
género afrocubano a otras dimensiones, y lo haría incluso a nivel mundial. Fue
mi fortuna el encontrar a un músico con la inteligencia necesaria para
comprender el sentido panamericano de mis composiciones y brindarles la
oportunidad de ser escuchadas internacionalmente a través de su orquesta.
La ambición de Willie no se limitó a la salsa. Lo demuestra,
entre otros, el excelente concepto de su producción musical, “El Baquiné de los
Angelitos Negros”, su
banda sonora para un programa de televisión de la PBS (Public Broadcasting
System). Ese poco conocido disco es una muestra del riesgo que Willie estaba
dispuesto a asumir para satisfacer su curiosidad por encontrar nuevos caminos,
aún a expensas de las demandas que el éxito comercial imponía en ese momento a
su carrera. El disco no fue un éxito de ventas, pero probó que Willie estaba
interesado en explorar formas diferentes de hacer música. Por este tipo de
ejemplo siempre he respetado y respetaré el talento e imaginación de Willie y
su enorme conocimiento como productor musical.
En lo personal, recuerdo la solidaridad que demostró
conmigo en los 80’s, cuando canté mi tema “Tiburón” en Miami, a pesar de haber
sido amenazado y advertido de no hacerlo, o cuando tocamos en el entonces
famoso “Studio 54” de New York. El maestro de ceremonias, eufórico
describió la ocasión como si fuera un importante hito para la música y los
latinos en Estados Unidos, y le comenté a la audiencia que ese lugar era un
antro de “plástico”, que solo aceptaba nuestra presencia porque estaba en
decadencia y necesitaban el dinero, y que si queríamos ser considerados
seriamente teníamos que activarnos políticamente. Cuando terminamos el set,
Willie me defendió cuando el promotor y sus ofendidos asistentes me reclamaron
por lo expresado.
Sobre nuestras diferencias personales, diré que estas existen
y existirán en todo tipo de relación. Todo ser está compuesto por una compleja
mezcla de emociones. Nuestra
personalidad presenta numerosas facetas, que en ocasiones se complementan y en
otras se contradicen. La gente se divorcia, pero sigue queriendo a sus hijos y
nunca olvida los momentos buenos compartidos. Aunque nadie es del todo bueno o
del todo malo, nuestra tendencia es generalizar y demonizar, y por eso para
muchos resulta imposible aceptar o comprender que se puede reconocer lo
positivo de una persona y a la vez rechazar lo que consideramos negativo en su
actuar.
Siempre sentiré afecto por Willie aún a pesar de no entender
por qué decidió demandarme judicialmente, reclamándome plata que nos hurtaron
de un concierto, por qué hizo luego un arreglo extrajudicial con el que se
quedó con nuestro dinero y nunca se excusó conmigo, ni siquiera después que la
empresa que nos perjudicó fue encontrada legalmente culpable y condenada a
devolvernos el dinero hurtado. Y aunque también me molestó su apoyo y simpatía
por el político más mentiroso, narcisista y racista que se haya visto
en Estados Unidos, nada de esto afecta la realidad de lo que logramos crear
musicalmente, ni elimina o cancela mi cariño por él, las memorias positivas,
las risas, las luchas, triunfos, dificultades y sacrificios compartidos.
A pesar de los pesares, mi admiración por Willie y mi respeto
por su trabajo jamás desaparecerán, y nunca permitiré que el odio forme parte
de nuestra pasada relación. Este es el aspecto que considero importante
destacar: la providencial unión de dos jóvenes músicos, uno de New York
vía Puerto Rico y el otro de Panamá, que lograron presentar y consolidar en
canciones de salsa mensajes de unidad y posibilidades, de verdades, solidaridad
y esperanzas al mundo entero, recibiendo un masivo apoyo popular, especialmente
en países de habla hispana.
Willie Colón se ha ido, pero solo físicamente. Su
extraordinario legado continuará presente a través de personas que amen la
música y el baile, aprecien la fuerza, vitalidad y el gusto en los arreglos
musicales del género salsa y se identifiquen con letras de temas urbanos que
detallan y documentan, de forma simple o compleja, realidades y experiencias
compartidas a lo largo y ancho de nuestra América.
Las banderas que presentó “Bad Bunny” al final de su exitosa
presentación en el “Super Bowl” tienen un antecedente: repiten el primer
llamado de unidad a todas las naciones de Latinoamérica jamás antes registrado
en la música popular latina, grabado al final de la canción “Plástico”, de
nuestro álbum, “Siembra”.
Hoy, una nueva generación dice presente y cultiva la semilla
que juntos sembramos hace casi cinco décadas atrás. Hoy, cuando la tarea de
reivindicar la identidad y justa posibilidad de nuestra cultura luce más
urgente que nunca, nuestro trabajo, hecho con amor, cariño y fe, aún contribuye
a promover el ideal panamericano que siempre defendimos y que nos hermana
eternamente, a pesar de los pesares.
Descansa en paz, Willie Colón y, te repito lo que siempre
digo: ¡gracias Willie! Usted no está muerto, compadre. Al contrario; ahora es
que Usted comienza a vivir".
Rubén Blades, 23 de febrero, 2026.
Tomado de El Nuevo Día. En la imagen, Rubén Blades y
Willie Colón jóvenes. (Facebook).