La política de nacionalizaciones mineras de Burkina Faso,
Níger y Malí han desplazado a empresas francesas, estadounidenses y
canadienses, según Bryant
Desde hace unos meses, la figura de Ibrahim Traoré, el
presidente de Burkina Faso, se ha viralizado por las redes sociales como una
especie de Che Guevara de África. Los medios occidentales han gastado ríos de
tinta electrónica para atribuir los comentarios positivos sobre Traoré a una
campaña, en línea, orquestada desde Rusia, o el grupo Wagner.
Tanto Traoré, como la figura de los presidentes de Níger y
Malí, Abdourahamane Tchiani y Assimi Goïta, de la Confederación del Sahel son
presentados, por la propaganda, como crueles dictadores africanos. Pero sus
procesos exceden la dicotomía entre la dictadura y la democracia, según Kevin
Bryant, autor del libro La
revolución de las Boinas, dedicado al ascenso de estas tres
figuras que recrean los tiempos del panafricanismo con nacionalizaciones y
rechazo a la intervención de potencias extranjeras como Francia. “El foco está
en cómo África valora sus recursos”, según él.
En esta entrevista, Bryant, profesor de historia y geografía en la escuela pública argentina y diplomado en Relaciones Internacionales, repasa cómo Traoré se ha convertido en el sucesor de Thomas Sankara, el visionario militar revolucionario de Burkina Faso que promovía el fin del colonialismo y la igualdad de género en los 80, también la política de nacionalización de las minas de Burkina Faso, Níger y Malí, y la influencia de todo este proceso en el resto de los países de África.
Sobre la biografía Ibrahim Traoré hay poca información, en
general bastante manipulada por los medios. Se sabe que nació en una aldea
rural de Burkina Faso, que estudió geología en la universidad y después pasó al
ámbito militar, donde se convirtió en capitán y luego luchó contra diversos
grupos de yihadistas islámicos.
Para entender a Traoré, debemos establecer una conexión
inevitable con Thomas Sankara, considerado su predecesor en múltiples aspectos.
En Burkina Faso, el pensamiento de las academias militares evitó durante
décadas las figuras y referentes nacionales, entre ellos el mismo Sankara. Sin
embargo, los militares de la generación de Traoré adquirieron conocimiento y se
interiorizaron en las contribuciones hechas por la revolución que Sankara
lideró en los años 80.
“El mensaje de Traoré es claro: nosotros tenemos el oro en
bruto, nosotros vamos a fabricarlo”, Bryant
Esta generación de oficiales y suboficiales encontró en
Thomas Sankara una fuente de inspiración. Hablar del proceso que vivió Burkina
Faso en los 80 era prácticamente un tabú en el país, mientras los referentes
respondían a intereses franceses. Esto comenzó con Blaise Compaoré, quien
estuvo en el poder durante muchísimo tiempo y formó parte del proceso de
destitución de Sankara (Nota de autor: también participó en su asesinato).
Sankara fue brillante y visionario. En los años 80 hablaba de soberanía alimentaria,
soberanía energética y del papel de la mujer en la política. Fue
revolucionario. Su gran problema fue que estuvo solo, fue una isla: no tuvo
ningún país vecino que lo acompañara. El proceso quedó encerrado y expuesto a
ataques constantes que llevaron a su derrocamiento.
Traoré pertenece a esos cuadros jóvenes que notaron que aquel
proceso, olvidado en los libros de historia del país, tenía componentes
interesantes. También identificaron la necesidad de avanzar en un proceso de
descolonización de tinte panafricanista. Este capitán, como los cuadros que lo
rodean, tuvieron, además, una formación donde la cuestión de la unidad africana
y la idea de "África para los africanos" estuvo siempre presente.
Traoré también participó en la lucha contra la insurgencia
islamista que no dejó de crecer en el país. El golpe de Estado de 2022, que lo
ascendió al poder, surgió de la necesidad de intentar revertir no solo la
situación en el plano militar, sino también de desarrollar una serie de
políticas nacionalistas. El pensamiento de Traoré es que Francia era, en parte,
culpable de haber llevado al país a una situación crítica. Pero para él no solo
se trataba solo de pensar en combatir a estos grupos, sino también de avanzar
en un proceso de descolonización en términos económicos y políticos.
“Si Thomas Sankara pudiera presenciar lo que ocurre
hoy, creería que Traoré continúa por el mismo sendero que él abrió hace 40
años”, Bryant
El mismo lo explicó en un discurso cuando dijo; “nosotros no
estamos en una democracia, estamos en una revolución". Explicó que cuando
los países atraviesan un proceso revolucionario, en algún momento de su
historia, es difícil que después, se consolide un modelo democrático. Esta
revolución es acompañada de un proceso donde alguien tiene que conducir, y ese
liderazgo a veces tiene componentes personalistas. Como ejemplo puso el caso de
Francia: donde una revolución no condujo a la consolidación de un sistema
democrático. Primero pasó Napoleón, después se dieron otras etapas, hasta
alcanzar ese sistema. Según él: cada país tiene su historia.
Después de la muerte de Sankara, Burkina Faso fue gobernada
hasta 2014 por su asesino, Compaoré. ¿Qué pasó con la influencia de Francia
durante ese tiempo?
Aunque Compaoré salió del poder en 2014, sus sucesores
mantuvieron una línea similar de trabajo. La idea central fue mantener el
alineamiento con Francia en múltiples aspectos
Una dependencia militar: la seguridad del país quedó en manos
de Francia. La presencia de tropas francesas en Burkina Faso era importante, al
igual que en otros países del Sahel. Una económica: el oro que produce Burkina
Faso —su recurso más valioso— quedó relegada a empresas francesas. A diferencia
de otros casos donde operaban empresas occidentales o canadienses, en Burkina
Faso se estableció una especie de monopolio: dos empresas francesas controlaban
todo el negocio.
Una dependencia financiera: el país contrajo ciertos niveles
de deuda con el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. Muchos de
estos créditos se consiguieron con Francia como mediador, pero esto generó una
subordinación, tal como Thomas Sankara había denunciado en los años 80.
Con el dinero, Ibrahim Traoré, además, ha retomado el
proyecto de Tomás Sankara de alcanzar la soberanía alimentaria
Y una dependencia monetaria; Burkina Faso, aún hoy con todo
este proceso en marcha, todavía no puede tener su propia moneda o una moneda
regional con otros países. Sigue atado al Franco CFA, que es uno de los principales
mecanismos de control que Francia aún mantiene en la región: el cual establece
que un porcentaje de las exportaciones en bruto vayan Francia como garantía
para que su Tesoro autorice la emisión de su moneda. El banco central del CFA
está en Dakar, Senegal. Sin embargo, todo lo que tiene que ver con la emisión
solo puede hacerse si París da el visto bueno. Existe una primera instancia de
dependencia clara. Los países pueden exportar el producto en bruto, pero, para
tener el billete —el franco— necesitan que Francia dé el visto bueno. Primero,
París recibe esas reservas y después, autorizan la emisión de ese dinero.
Esta es una de las cuestiones que Ibrahim Traoré cuestiona.
¿Por qué si tenemos el oro en bruto, no cambiamos esta situación?, se pregunta.
Una de sus primeras medidas contra este sistema fue suspender durante tres
meses las exportaciones de oro, dirigidas, en un porcentaje, a las reservas que
van a París. La idea fue concentrar ese oro en bruto para refinarlo y
procesarlo por completo. Una iniciativa que cuenta con el asesoramiento de
varios países, entre algunos miembros de los BRICS.
El mensaje de Traoré es claro: nosotros tenemos el oro en
bruto, nosotros vamos a fabricarlo. En diciembre del año pasado, el país logró
por primera vez en su historia hacerlo ¿Por qué es importante este hito de la
fabricación de los primeros lingotes de oro? Primero, porque son lingotes que
se conviertes en las primeras reservas de oro del país. Segundo, porque en un
mundo con la volatilidad actual, si se pretende una divisa más fuerte y sólida,
¿qué hacen la mayoría de los países, como Rusia, China o India? Concentran oro.
También hay algunas medidas con el Código y las leyes
mineras, porque Burkina Faso, no solo tiene oro, sino que posee otros
minerales. Ha habido una política de nacionalización respecto a empresas
estadounidenses, canadienses, francesas, ¿Cómo ha impactado en la economía?
Burkina Faso no nacionalizó todo el oro, sino yacimientos
donde operaban empresas que tenían deudas con el Estado burkinés. Estas deudas
se habían acumulado a lo largo de años porque El Estado no había exigido su
pago porque una de las condiciones del vínculo con Francia era que los reclamos
no se intensificaran.
El Estado primero modificó el código minero que existía desde
finales de los 80 y que respondía a intereses franceses. Con este cambio legal
pudo nacionalizar los yacimientos y minas de las empresas deudoras. Lo que
diferencia el caso de Burkina Faso respecto a otros países, como sus vecinos
Malí y Níger; ya que ninguna de las mineras ha presentado demandas contra el
Estado porque todo el proceso fue limpio y bien pensado en términos legales.
Lo que le ha permitido que el país aumente su recaudación por
el oro, tres veces más que en 2022.
Con el dinero Ibrahim Traoré, además, ha retomado el proyecto
de Tomás Sankara de alcanzar la soberanía alimentaria. Parte de la inversión de
Burkina Faso se dirigió hacia "la ofensiva agropastoril”, un programa que
pone a producir la tierra en niveles mucho más importantes. Como consecuencia,
no solo aumentó la cantidad de cultivos que tiene Burkina Faso en relación a
los alimentos, sino también los incentivos para crear plantas de procesamiento
y fábricas.
El año pasado, por ejemplo, se creó, en este contexto una
planta que procesa tomates, considerado un punto de partida para avanzar hacia
una industria alimentaria nacional. Por eso, hoy en las góndolas del país ya
existen productos con la inscripción “Hecho en Burkina Faso”, lo que es
considerado un hito histórico en una nación que antes importaba el 70% de lo
que comían sus habitantes.
Si Thomas Sankara pudiera presenciar lo que ocurre hoy,
creería que Traoré continúa por el mismo sendero que él abrió hace 40 años
Cada uno piensa en sus recursos estrella: Burkina Faso en el
oro, Níger en el uranio, Mali en el hierro
Burkina Faso, además, integra la Confederación del Sahel con
Malí y Níger: que tienen una política similar de nuevos códigos mineros,
alianzas con empresas de China y Rusia, y renegociación de contratos.
Los avances que han tenido en muchas cuestiones son interesantes;
han lanzado un pasaporte común, una zona libre de aduanas interiores, donde las
fronteras digitales han sido abolidas. La cooperación ya no se puede pensar
solo en materia económica o militar, sino que se ha extendido a otras áreas.
Por ejemplo, hace apenas unas semanas hubo reuniones para crear una estrategia
sanitaria común, ya que estos países poseen problemas compartidos desde hace
mucho tiempo.
Se observa un esfuerzo en términos confederados que es
disruptivo; en relación a cómo organizan como bloque en los organismos
internacionales y sus votaciones en Naciones Unidas. Hay una articulación que
es la esencia, el alma de una confederación. También coordinan proyectos de
infraestructura común: como nuevas carreteras y un tren que una sus tres
capitales.
Dentro de esa cooperación existen ciertos entendimientos en
lo que tiene que ver con la participación cada vez más fuerte de los Estados
para repensar los códigos mineros. Cada uno piensa en sus recursos estrella:
Burkina Faso en el oro, Níger en el uranio, Mali en el hierro. Antes, lo que
los Estados recaudaban en la mayoría de estos países rondaba entre el 2 y el 6
o 7% —niveles muy bajos. Hoy hablamos de niveles de 30 a 35%, por ejemplo, con
la última reforma que hizo Mali. Un nivel de recaudación mucho más importante.
En materia de defensa, los tres comparten una frontera común,
donde no opera solamente un grupo, sino dos: por un lado, Daesh o Estado
Islámico, y por otro lado JNIM, el brazo de Al Qaeda en el Sahel. Para
enfrentarlos han creado un ejército confederado compuesto por 5.000 hombres que
se dedica a operar en la zona de triple frontera con insumos tecnológicos
novedosos que van desde información satelital que reciben de aliado, como
Rusia, hasta drones que Turquía les ha vendido en el último tiempo.
Las nacionalizaciones tienen un impacto innovador en países
fuera de la confederación, no solo del Sahel sino de África Occidental, como
Senegal, Ghana, países donde hubo cambios de gobierno en el último tiempo. Lo
que permitió que gobiernos alineados con intereses occidentales o franceses ya
no estén en esa sintonía. Y se basen, ahora, en una lógica de cooperación
regional que no significa adherirse a Rusia o China, sino desarrollar una
estrategia regional nueva. Estas naciones también replican reformas mineras,
como sucede en Ghana, el mayor productor de oro de África, donde se modificó su
código para que la recaudación pase del 10% al 30%, lo que multiplica los
ingresos del país.
Más allá de las diferencias políticas—ya que los países de la
Confederación del Sahel son gobiernos de facto, mientras que Senegal y Ghana
son gobiernos democráticos que llegaron por las urnas— para estos países la
dicotomía entre dictadura y democracia no está tan presente. Más bien el foco
se pone en cómo África valora sus propios recursos
Estas tres naciones parecen construir la base de un nuevo
orden económico que les permita transitar hacia una moneda propia para salir
del Franco CFA ¿Pueden desarrollar una moneda común independiente de Francia en
el futuro cercano?
La realidad es que esta confederación en el plano interno
está articulada. No hay grandes puntos de desacuerdo entre los presidentes
Abdourahamane Tchiani de Nigér, Assimi Goïta de Malí y Traoré. Sin embargo, si
la confederación se amplía a otros países, pueden ocurrir muchas cosas. Si se
abre a regímenes democráticos, existe el riesgo de que un cambio de gobierno
implique un giro total. En África los cambios son bruscos, como en América
Latina. No hay matices.
Por eso han considerado la posibilidad de incorporar países
como Senegal y otros que hoy tienen gobiernos panafricanistas. Pero estos
gobiernos pueden cambiar en cualquier momento, lo que podría convertirse en un
obstáculo dentro de la propia confederación. Por esa razón, estos países son
reacios a ampliar la confederación por ahora. Tenemos el caso de Chad, país
vecino donde está Mahamat Idriss Déby —hijo de Idriss Déby—, que tiene un
gobierno revalidado democráticamente hace poco, aunque con dudas. Chad era un
aliado histórico de Francia, pero ha hecho un giro brusco en su política: ya no
se alinea con Francia y se acerca más a China.
Los países del Sahel tienen dudas sobre si este giro es por
conveniencia o por convicción. Se preguntan por qué el cambio fue tan abrupto.
Por eso, la posibilidad de ampliar la confederación no ocurrirá de inmediato.
Lo que buscan, mientras tanto, es consolidar la postura de estos tres países,
avanzar en proyectos de infraestructura comunes, como el de un ferrocarril que
conecte las tres capitales.
Uno de los puntos débiles de todo este proceso es que existe
un fuerte componente personalista en los tres países. ¿Qué pasaría si uno de
estos líderes no está, es derrocado o modifica su postura? Ahí es donde el
proyecto de la confederación puede quedar trunco. El desafío de los tres lograr
un equilibrio entre el personalismo y la necesidad de mantener los cambios
hacia una vía revolucionaria, o al menos de transformaciones concretas.
Fuente: Diario Red / España. Imagen: Mikhail Tereshchenko /
Zuma Press / ContactoPhoto.