La
declaración de Edmundo González Urrutia tras la captura o secuestro de Nicolás
Maduro marca un punto de inflexión en la política venezolana. Su mensaje, centrado en la institucionalidad, los derechos
humanos la unidad nacional, se inscribe
en la tradición latinoamericana de transiciones
democráticas, pero también revela la singularidad del momento que vive el país.
Según Manuel Fariñas,
para comprender el alcance de este
discurso, resulta útil compararlo con las experiencias de Chile, Argentina y Brasil,
tres referentes históricos de la región que enfrentaron procesos de salida de
regímenes autoritarios en contextos muy distintos.
Un detonante
externo que no tiene precedentes en la región
A diferencia
de las transiciones del Cono Sur, donde el cambio se produjo por dinámicas
internas: el plebiscito de 1988 en Chile, la derrota militar en Argentina o la
apertura negociada en Brasil, el caso venezolano combina dos elementos poco
habituales:
- Un mandato electoral reciente, expresado el 28 de julio 2024.
- La ruptura
del equilibrio político provocada por un operativo internacional el 3 de enero
2026.
Para Fariñas,
este rasgo coloca a Venezuela en un terreno nuevo. Edmundo González Urrutia, reconoce
el impacto del hecho, pero evita presentarlo como una victoria externa. En
cambio, insiste en que la legitimidad del proceso proviene del voto y de la
reconstrucción institucional. Es un esfuerzo por mantener la transición dentro
del marco nacional, un punto clave para cualquier liderazgo que aspire a
gobernar un país profundamente polarizado.
Derechos
humanos como fundamento: un eco argentino
En su mensaje,
Edmundo González Urrutia, afirma que no habrá transición democrática mientras
existan presos políticos. Esta idea
conecta con la experiencia argentina de 1983, donde la recuperación de la democracia
se apoyó en una narrativa de reparación y justicia.
En Venezuela,
la insistencia en la liberación inmediata de civiles y militares detenidos por
razones políticas cumple varias funciones:
- Reafirma la
legitimidad moral del liderazgo emergente.
- Alinea el
proceso con estándares internacionales.
- Evita que
la transición se reduzca a un simple cambio de figuras.
En este
punto, prosigue el profesor Fariñas, el discurso venezolano se acerca más al
modelo argentino que al chileno, donde la justicia avanzó de manera más gradual
debido a los pactos con los militares.
Un mensaje
calculado a las Fuerzas Armadas
Edmundo
González, dirige un mensaje directo a la institución castrense: “su lealtad es
con la Constitución, el pueblo y la República”. El tono es firme, pero no
confrontativo. Esta estrategia recuerda a las transiciones de Chile y Brasil,
donde los líderes civiles optaron por un lenguaje prudente para evitar rupturas
y facilitar una salida ordenada.
En Venezuela,
donde las Fuerzas Armadas han sido un actor central en la estabilidad de los
regímenes, este tipo de mensaje es crucial. No se trata de desconocer su poder, sino de
integrarlas en un nuevo
marco institucional sin humillarlas ni
excluirlas.
- Unidad
nacional: la lógica de las transiciones pactadas
Las
transiciones exitosas en América Latina se construyeron sobre amplias
coaliciones políticas y sociales. En Chile, la Concertación logró articular un
pacto transversal; en Brasil, la apertura se basó en acuerdos entre élites
civiles y militares.
Manuel
Fariñas sostiene que cuando González Urrutia, habla de “unidad para
reconstruir, sanar y reencontrarnos”, está apelando a esa tradición. Su
discurso sugiere:
- Inclusión
de sectores moderados del antiguo régimen.
- Rechazo a
la lógica de vencedores y vencidos.
- Prioridad
en la gobernabilidad y la estabilidad.
Es un mensaje
dirigido tanto a la ciudadanía como a los actores políticos que deberán
convivir en el nuevo escenario.
Una
transición que combina elementos conocidos con desafíos inéditos.
El caso venezolano
comparte rasgos con varias
experiencias latinoamericanas, pero también
introduce elementos nuevos:
- Se parece a
Chile y Brasil en la prudencia institucional y el manejo cuidadoso de las
Fuerzas Armadas.
- Se acerca a
Argentina en la centralidad de los derechos humanos y la exigencia de liberación
de presos políticos.
- Se
diferencia de ambas porque la ruptura del régimen dictatorial no proviene de
una derrota interna, sino de un evento internacional que reconfigura el tablero
político.
Además,
Venezuela transita desde un modelo híbrido: elecciones sin garantías
democráticas plenas, hacia un intento de reconstrucción institucional que no
tiene un precedente exacto en la región.
Reflexión
final
Finalmente,
según Manuel Fariñas, el discurso de González Urrutia no solo
fija posición ante un
hecho extraordinario; también traza las
líneas maestras de una transición que aún está en construcción. Su énfasis en
la institucionalidad, los derechos
humanos y la unidad nacional
refleja una estrategia
orientada a la estabilidad,
consciente de que el país enfrenta un momento histórico sin manual previo.
La
comparación con Chile, Argentina y Brasil permite entender que Venezuela no
está repitiendo un modelo, sino combinando elementos de varios. Lo que ocurra en los próximos meses definirá si esta
transición se consolida como un proceso
ordenado o si deriva en un escenario más incierto. En cualquier caso, el país
se encuentra ante una oportunidad que no había tenido en décadas: la
posibilidad real de reconstruir un sistema político basado en derechos,
instituciones y una esperanza democrática duradera.
