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10 enero, 2026

• Venezuela ante una transición inédita: lecciones de Chile, Argentina y Brasil. La opinión del profesor Manuel Fariñas.

La declaración de Edmundo González Urrutia tras la captura o secuestro de Nicolás Maduro marca un punto de inflexión en la política venezolana.  Su mensaje, centrado en la institucionalidad,  los  derechos  humanos la  unidad nacional,  se  inscribe en la tradición  latinoamericana  de  transiciones democráticas,  pero  también revela  la singularidad del momento que vive el país.

Según Manuel Fariñas, para comprender el  alcance  de  este  discurso,  resulta  útil compararlo con  las experiencias de Chile, Argentina y Brasil, tres referentes históricos de la región que enfrentaron procesos de salida de regímenes autoritarios en contextos muy distintos.  

Un detonante externo que no tiene precedentes en la región

A diferencia de las transiciones del Cono Sur, donde el cambio se produjo por dinámicas internas: el plebiscito de 1988 en Chile, la derrota militar en Argentina o la apertura negociada en Brasil, el caso venezolano combina dos elementos poco habituales:

- Un mandato electoral reciente, expresado el 28 de julio 2024.  

- La ruptura del equilibrio político provocada por un operativo internacional el 3 de enero 2026.

Para Fariñas, este rasgo coloca a Venezuela en un terreno nuevo. Edmundo González Urrutia, reconoce el impacto del hecho, pero evita presentarlo como una victoria externa. En cambio, insiste en que la legitimidad del proceso proviene del voto y de la reconstrucción institucional. Es un esfuerzo por mantener la transición dentro del marco nacional, un punto clave para cualquier liderazgo que aspire a gobernar un país profundamente polarizado.

Derechos humanos como fundamento: un eco argentino

En su mensaje, Edmundo González Urrutia, afirma que no habrá transición democrática mientras existan presos políticos.  Esta idea conecta con la experiencia argentina de 1983, donde la recuperación de la democracia se apoyó en una narrativa de reparación y justicia.

En Venezuela, la insistencia en la liberación inmediata de civiles y militares detenidos por razones políticas cumple varias funciones:

- Reafirma la legitimidad moral del liderazgo emergente.  

- Alinea el proceso con estándares internacionales.  

- Evita que la transición se reduzca a un simple cambio de figuras.

En este punto, prosigue el profesor Fariñas, el discurso venezolano se acerca más al modelo argentino que al chileno, donde la justicia avanzó de manera más gradual debido a los pactos con los militares.

Un mensaje calculado a las Fuerzas Armadas

Edmundo González, dirige un mensaje directo a la institución castrense: “su lealtad es con la Constitución, el pueblo y la República”. El tono es firme, pero no confrontativo. Esta estrategia recuerda a las transiciones de Chile y Brasil, donde los líderes civiles optaron por un lenguaje prudente para evitar rupturas y facilitar una salida ordenada.

En Venezuela, donde las Fuerzas Armadas han sido un actor central en la estabilidad de los regímenes, este tipo de mensaje es crucial.  No se trata de desconocer su poder,  sino  de integrarlas  en  un  nuevo  marco institucional sin humillarlas ni excluirlas.

  • Unidad nacional: la lógica de las transiciones pactadas

Las transiciones exitosas en América Latina se construyeron sobre amplias coaliciones políticas y sociales. En Chile, la Concertación logró articular un pacto transversal; en Brasil, la apertura se basó en acuerdos entre élites civiles y militares.

Manuel Fariñas sostiene que cuando González Urrutia, habla de “unidad para reconstruir, sanar y reencontrarnos”, está apelando a esa tradición. Su discurso sugiere:

- Inclusión de sectores moderados del antiguo régimen.  

- Rechazo a la lógica de vencedores y vencidos.  

- Prioridad en la gobernabilidad y la estabilidad.

Es un mensaje dirigido tanto a la ciudadanía como a los actores políticos que deberán convivir en el nuevo escenario.

Una transición que combina elementos conocidos con desafíos inéditos.

El caso venezolano comparte  rasgos  con  varias  experiencias  latinoamericanas,  pero  también  introduce elementos nuevos:

- Se parece a Chile y Brasil en la prudencia institucional y el manejo cuidadoso de las Fuerzas Armadas.  

- Se acerca a Argentina en  la  centralidad  de  los  derechos  humanos  y  la  exigencia  de  liberación  de  presos políticos.  

- Se diferencia de ambas porque la ruptura del régimen dictatorial no proviene de una derrota interna, sino de un evento internacional que reconfigura el tablero político.

Además, Venezuela transita desde un modelo híbrido: elecciones sin garantías democráticas plenas, hacia un intento de reconstrucción institucional que no tiene un precedente exacto en la región.

Reflexión final

Finalmente, según Manuel Fariñas, el discurso  de  González  Urrutia  no  solo  fija  posición  ante  un  hecho extraordinario; también traza las líneas maestras de una transición que aún está en construcción. Su énfasis en la  institucionalidad,  los  derechos humanos y  la  unidad  nacional  refleja  una  estrategia  orientada  a  la estabilidad, consciente de que el país enfrenta un momento histórico sin manual previo.

La comparación con Chile, Argentina y Brasil permite entender que Venezuela no está repitiendo un modelo, sino combinando elementos de varios. Lo que  ocurra en  los próximos meses definirá  si  esta  transición se consolida como un proceso ordenado o si deriva en un escenario más incierto. En cualquier caso, el país se encuentra ante una oportunidad que no había tenido en décadas: la posibilidad real de reconstruir un sistema político basado en derechos, instituciones y una esperanza democrática duradera.