Suspendieron
la protesta luego de que el gobierno anunciara que no le otorgaría un
contrato a una subsidiaria de una empresa armamentista israelí.
Por Marcelo Justo / Desde Londres
La larga
huelga de hambre de presuntos miembros de la proscripta Palestine Action
(Acción Palestina) terminó con una victoria sobre la hora. Cuando se
cumplían 73 días los dos últimos huelguistas, al borde de la muerte,
suspendieron la protesta luego de que el gobierno anunciara que no le
otorgaría un contrato de dos mil millones de libras a Elbit System UK. Elbit
System UK es subsidiaria de la más importante empresa armamentista israelí,
fundamental en el suministro militar para el genocidio en Gaza.
Otros seis huelguistas, que habían pausado con anterioridad la medida por su precaria situación de salud, dieron por finalizada la protesta. Todos están recibiendo tratamiento de emergencia dada la delicada condición en que se encuentran luego de llevar adelante la huelga de hambre más larga de la historia británica.
Los
activistas exigían el fin de la prisión preventiva y la restricción a la
comunicación, revertir la proscripción de la Acción Palestina y el cierre de la
compañía armamentista israelí Elbit que opera en el Reino Unido y sigue
suministrando armas al gobierno de Benjamin Netaniaju. Los huelguistas siguen
presos a la espera de un juicio y de una apelación judicial, Acción Palestina
continúa proscripta como organización terrorista, igual que Al Qaeda a pesar de
que no es un grupo armado, pero la decisión gubernamental de cancelar el
contrato con la Elbit System UK bastó para que la huelga se suspendiera con un
aura victoriosa.
La
organización Prisioneros por Palestina señaló que además de la cancelación del
contrato habían tenido reuniones, patrocinadas por el Ministerio de Justicia,
con los expertos de salud de las prisiones sobre las condiciones carcelarias de
los huelguistas. Hasta la huelga el gobierno de Keir Starmer se había
negado sistemáticamente a recibir a los familiares de los presos políticos o a
tener cualquier tipo de contacto a pesar de la creciente alarma pública
de un país que conoció en los años 80 otra huelga similar de presos del
Ejército Republicano Irlandés (IRA) que terminó con la muerte de Bobby Sands
después de 66 días.
Entre la vida
y la muerte
El gobierno
sigue metido en el oscuro laberinto en que se metió en junio pasado cuando
proscribió a Acción Palestina, pero su cambio de rumbo puede resultar en
que dos de los huelguistas, Heba Muraisi y Kamran Ahmed, no pierdan la vida.
Muraisi y Ahmed llevaban 73 días en huelga de hambre, más que Bobby Sands y que
los límites estipulados por la ciencia.
Los médicos
estiman que una huelga de hambre puede extenderse hasta un máximo de entre 40 y
70 días, pero a medida que pasa el tiempo, el daño orgánico que produce puede
ser irreversible o terminar en muerte. El mareo, la debilidad, el frío, los
dolores abdominales son los síntomas iniciales de un camino al cadalso que se
convierten, pasado el mes, en peligro de daño al sistema nervioso, pérdida de
visión y audición. A los dos meses la suma de problemas cardiovasculares y
diferentes insuficiencias orgánicas conducen a daños irreparables o la muerte.
“A las tres semanas el organismo agota sus reservas de grasa y empieza a
desintegrar el tejido muscular y de los órganos para generar energía que
mantenga las funciones básicas. A partir de ese momento crece cada día el
peligro de que haya un repentino colapso de las funciones corporales
elementales que mantienen a una persona con vida”, dijo al matutino The
Guardian el doctor James Smith, catedrático en emergencias médicas del
University College.
Callejón con
poca salida
En
julio el gobierno proscribió a Palestine Action por su presunta
participación en protestas contra Elbit System, y una base militar de la Fuerza
Aérea. Según la policía, Palestine Action produjo daños en parte de las
instalaciones de la compañía israelí y pintó de rojo dos aviones en la base
aérea. La proscripción encuadró a este grupo político bajo la misma ley
antiterrorista que se aplica a Al Qaeda del 11/9, al Estado Islámico de
las decapitaciones públicas de presos occidentales y el califato. Hoy tener una
pancarta con el nombre de Palestine Action o manifestar apoyo a esta
organización, son delitos terroristas, algo que en ves de disuadir ha
estimulado las protestas callejeras.
Estas
manifestaciones han llevado al arresto de cientos de personas, entre ellos
jubilados, ancianos y personajes públicos. El 23 de diciembre la detención de
la activista sueca Greta Thunberg dio la vuelta al planeta. Palestine
Action se está convirtiendo en una causa célebre internacional con la adhesión
de figuras del mundo de la cultura y del deporte, entre ellos la escritora
irlandesa Sally Rooney y el máximo goleador inglés en copas del mundo, Gary
Lineker.
La
intransigencia gubernamental tiene dos razones de fondo. Por un lado, su
posición abiertamente pro-israelí. La esposa de Keir Starmer es judía, su
ministra de finanzas, Rachel Reeves, manifestó en un reciente acto convocado
por “Labour Friends for Israel” que es “abiertamente sionista”. El medio
digital “Declassified UK” reveló que 13 de los 25 miembros del gabinete han
recibido financiamiento de “Labour Friends for Israel”, entre ellos la actual
canciller, Yvette Cooper, responsable en su rol de ministra del interior en
julio pasado de la proscripción de Palestine Action.
La segunda
clave de la posición laborista es el fantasma de Margaret Thatcher, espectro
shakespereano de la política británica. El laborismo de Starmer quiere
proyectar la imagen inconmovible de la dama de hierro en dos temas clave: la
probidad fiscal y la ley y el orden. Con la sombra de la ultraderecha moderada
(nueva categoría en este mundo desquiciado) de Nigel Farage, que lidera
cómodamente las encuestas, Starmer ha decidido que la mejor respuesta es
correrse para ese lado y mostrar la intransigencia de la Thatcher.
La
proscripción de Palestine Action era una perfecta oportunidad para lograrlo,
pero el tiro le salió por la culata. Palestine Action se está convirtiendo
en una causa que va más allá del conflicto bélico y pone en tela de juicio
aspectos esenciales de la democracia británica como la protesta, la libertad de
expresión o la imparcialidad del sistema judicial. En vez de mejorar su
posición en las encuestas, Starmer la ha empeorado, dando alas al Partido Verde
y a Your Party, una escisión partidaria encabezada por el ex líder laborista,
Jeremy Corbyn. Este callejón, por el momento, no tiene salida.
Tomado de Página 12 /
Argentina.