Durante años,
el primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, ha elogiado incansablemente a
Donald Trump como un "hombre de paz".
Si el
presidente republicano hubiera sido presidente en 2022, dijo Orbán, Rusia nunca
habría iniciado su guerra contra Ucrania. Trump forma parte de la
"retórica de paz" de Orbán, una piedra angular de la actual campaña
electoral del primer ministro húngaro.
Pero cuando
Trump, el "hombre de paz", ordenó el ataque a Venezuela y el
secuestro de Nicolás Maduro, el 3 de enero de 2026, los canales de comunicación
de Orbán permanecieron en un silencio pasmoso durante horas. Hubo solo dos
frases en su página de Facebook: "No se han producido víctimas ni bajas
húngaras".
Dos días
después, anunció en rueda de prensa que el ataque de Trump a Venezuela era para
"eliminar un narcoestado”, lo que calificó de "buenas noticias"
para Hungría. Sobre el derecho internacional, Orbán aún no se ha pronunciado.
Para evitar ser visto como "hombre de guerra", alude a la situación
como "crisis venezolana".
Tomados por sorpresa
El ataque
ordenado por Trump contra Venezuela y el secuestro del dictador tomaron
completamente desprevenidos a los países de Europa central y sudoriental, donde
la mayoría de los gobiernos se consideran proestadounidenses. La reacción
predominante ante la intervención de Venezuela es una mezcla de conmoción y
reticencia, mientras que a otros los indigna y horroriza.
El escritor
húngaro Imre Para-Kovacs dijo en el semanario HVG: "Venezuela es el
primer país. Pero hay políticos europeos imbéciles que también podrían acabar
rápidamente en una cárcel de Nueva York".
Otros
observadores señalan que el peligro del nuevo orden mundial de Trump para
Europa central y sudoriental proviene ahora principalmente de Rusia. En cuanto
a Polonia, el escritor Artur Bartkiewicz ve "nubes muy oscuras en el
horizonte", según escribe en el periódico Rzeczpospolita. Por su
parte, la experta en seguridad polaca Justyna Gotkowska afirma en una
publicación de Facebook que Rusia "pondrá a prueba a Estados Unidos y su
disposición a defender las fronteras que se han mantenido hasta ahora".
El silencio
de los soberanistas
No está claro
si el presidente populista de derecha de Polonia, Karol Nawrocki, es consciente
de ello. Hasta el día de hoy, ha guardado silencio sobre el ataque
estadounidense a Venezuela. En el resto del bando populista de derecha y
ultraderecha polaco también reina el silencio, o se habla lo menos posible, y
como mucho, con cautela, para no distanciarse de su aliado de larga data, EE.
UU.
En la
República Checa, el populista de derecha Andrej Babis, nuevamente primer
ministro, dijo: "Esperemos que todo esto lleve a los ciudadanos de
Venezuela a disfrutar de la libertad y la democracia y a elegir un gobierno
democrático".
El
multimillonario Babis es a veces apodado el "Trump checo", alguien
que cambia rápidamente de postura según el clima político o sus propios
intereses. Lleva años siendo investigado por fraude de subvenciones y también
es criticado por conflictos de intereses entre la política y las actividades
empresariales.
Fico expresa
su rechazo
A diferencia
de sus aliados centroeuropeos de Polonia, la República Checa y Hungría, el
primer ministro de Eslovaquia, Robert Fico, escribió en Facebook: "El
derecho internacional ya no se aplica, el poder militar se utiliza sin mandato
de la ONU, y todo aquel que es grande y fuerte hace lo que quiere para
perseguir sus propios intereses".
Su mensaje
prosigue: "Como primer ministro de un país pequeño, debo rechazar
rotundamente tal violación del derecho internacional. Tengo curiosidad por ver
cómo reaccionará la UE ante el ataque a Venezuela, que merece ser
condenado". Un día después, Fico suavizó su postura, afirmando que quiere
garantizar que Eslovaquia "nunca se vea envuelta en aventuras
militares".
A pesar de su
distancia de Trump y de ser nominalmente socialdemócrata, en los últimos años
Fico actúa cada vez más como un populista nacionalista de derecha. Intenta
remodelar Eslovaquia siguiendo los pasos de Orbán y ve las críticas como una
conspiración antieslovaca, especialmente tras un intento de asesinato en mayo
de 2024 al que casi no sobrevive.
El poder del
presidente serbio está amenazado
El presidente
de Serbia, Aleksandar Vucic, también reaccionó con rechazo: "El orden
jurídico internacional y la Carta de las Naciones Unidas ya no funcionan,
declaró Vucic en una reunión del Consejo de Seguridad Nacional en Belgrado el 3
de enero. "El mundo se rige por la ley de la fuerza, la ley del más
fuerte, y ese es el único principio de la política moderna que existe hoy en
día".
Estas
palabras suenan entre grotescas y cínicas en boca del líder de Serbia. Vucic,
nacionalista y populista de derecha, exministro de Información del dictador
Slobodan Milosevic, ha gobernado el país más grande de los Balcanes
Occidentales de forma autocrática durante más de diez años, a menudo moviéndose
en los límites de la legalidad. Intentó ganarse el favor de Trump también con
un controvertido proyecto inmobiliario en Belgrado, impulsado por el yerno de
Trump, Jared Kushner, que finalmente fracasó.
La industria
petrolera serbia está bajo fuerte presión por las sanciones de EE. UU. contra
Rusia, y las protestas, que ya llevan un año, amenazan el poder de Vucic.
Orbán podría
ser la mayor víctima de las políticas del hombre al que ha cortejado con tanta
vehemencia durante años. El mandatario húngaro se da cuenta del peligro que
corren las elecciones parlamentarias de abril: el viernes 9 de enero, publicó
en Facebook una carta personal de Trump, fechada a principios de diciembre de
2025. En ella, el presidente estadounidense agradece a Orbán su invitación a
Hungría, aunque deja abierta la posibilidad de un encuentro en el país húngaro
y la fecha. Para Orbán está claro que una visita de campaña de Trump sería de
suma importancia.
(cp/ms) – D.W.
/ Alemania. Tomado de yahoo noticias en español. En la imagen, el
presidente serbio, Aleksandar Vucic. Foto de Filip Stevanovic/Anadolu/picture
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