Por Enrique Ochoa Antich
Nota: Ésta es una versión
pública de un mensaje de WhatsApp que le escribí a mi buen amigo Nelson
Chitty La Roche como comentario a su último artículo de opinión ¿Dónde estamos y hacia
dónde vamos? Ruego indulgencia por el uso de ciertos coloquialismos.
Me gustó la duda mezclada
con expectativa de tu artículo.
Me he convencido de que
hay que apostar por mantener despejada esta "rendijita" de cambio
en paz que se ha abierto ante nosotros. Sería criminal con el país
conspirar para cerrarla.
Guardando las distancias que son muy grandes entre una coyuntura y otra (no es lo mismo que el primer mandatario fallezca en su cama a que sea secuestrado por la primera potencia militar del planeta), Delcy se me parece a López Contreras, y te relato este episodio (que tú conoces mejor que yo), porque desde niño lo escucho y ya mayor me ha interesado leer sobre el tema (a Betancourt y Caballero, principalmente).
Mi padre dejó en 1928 el
ejército repugnado de Gómez, contra quien urdió algunas conspiracioncitas
inútiles (participó en los planes de la rebelión militar del 7 de abril
posterior a la algarada estudiantil de ese año, y sólo por un inopinado azar no
fue hecho prisionero). Siendo luego viajante de comercio, observó que ascendía
la estrella de López y fue a visitarlo en Capacho y le pidió reintegrarse a las
armas. Terminó siendo su ayudante y estuvo presente cuando López entró a ver, y
besar, el cadáver del Benemérito. Sus memorias llevan por subtitulo Del
andinismo a la democracia porque vivió de cerca el intento agónico de López
y Medina de evolucionar hacia un gobierno civil y plenamente democrático y
porque fue protagonista hasta el último disparo de esa transición pacífica
truncada.
Mi padre siempre destacaba
que una característica principalísima de López para los oficiales jóvenes fue
que era el más culto e instruido de los viejos generales, aunque fuese uno de
los últimos oficiales de montoneras. Creo que nadie discute hoy que Delcy es de
las personalidades más cultas e instruidas del chavismo.
Todos sabemos la historia.
Calma y cordura, la frase afamada. El Programa de Febrero. La
aspiración de una evolución sin solución de continuidad, que
transfigurara al andinismo autocrático en un régimen democrático. Y lo que me
interesa destacarte: como tú sabes mejor que yo, los demócratas se volcaron a
procurar un cambio democrático rápido. Huelga petrolera y demás perlas.
Betancourt (lo recordaba Caballero) se arrepintió autocríticamente por querer
acelerar lo que tenía su ritmo propio, intrínseco.
Entonces hubo una
regresión represiva. Todos terminaron exiliados. Desde Chile, Betancourt le
escribía cartas melancólicas a López pidiéndole que lo autorizara a regresar al
país y asegurándole su "buena conducta" ajena a los apremios
indebidos.
De ayer para hoy me he
puesto a pensar si esa involución a causa de las prisas fatigosas de los
revolucionarios pedenistas y comunistas de entonces no fue lo que
impidió que se pudiese realizar el sueño de López de un candidato civil a quien
transferirle el mando en 1941. Entonces Escalante no se habría vuelto loco y la
transición tal vez habría evitado el golpe militar del 18 de Octubre y
luego el "salto atrás" pérezjimenista.
Lo cierto es que en ese
clima, surgió de nuevo la figura de un líder militar, Medina, quien entonces no
era visto como el demócrata que luego probó ser. Mi padre me contaba que los
gomecistas de uña en el rabo llegaron a creer que se trataba de un Gómez
redivivo.
-Lo tenemos de vuelta...
¡y joven! -era la expresión que se escuchaba entre ellos.
Al final la apuesta salió
bien, porque Medina resultó incluso más demócrata que su predecesor, pero el
tránsito a un gobierno civil se retardó varios años... y entonces el azar de la
historia entró en escena, con camisas voladoras y demás. No valía correr
ese riesgo cuando acaso con un poquito más de paciencia, y si López hubiese
sido comprendido en la prudente cadencia de sus pasos, se pudo haber hecho en
1941 lo que a empellones se hizo en 1945 y sólo de manera estable y pacífica
diecisiete años después, en 1958.
Así que creo que,
aprendiendo la lección, hoy debemos ser comprensivos con el tamaño del enorme
doble desafío que este gobierno tiene por delante:
• Mirarse las caras con el
mandamás del norte e intentar defender, con dignidad, pero sin los desplantes
inútiles del pasado reciente, los girones de soberanía que nos quedan después
del 3E.
• Y avanzar en un proceso
de apertura democrática, necesariamente lento, cuyos ritmos la Presidenta es la
llamada a evaluar, pues conoce el sistema de partido-Estado desde su
interior: las demandas del chavismo impertérrito que acaso pretende sostenerse
sobre el mismo discurso y con los mismos códigos.
Por eso creo que no es
momento de ser gobierno y oposición. Sino abrazarnos en una venezolanidad
que nos debe ser común. Todos, sin excepción, somos hijos de la patria. El
"nosotros y ellos", como sigo escuchando decir, es una grande
equivocación. Tu excompañero Agustín Berríos me dijo una frase interesante:
"En las transiciones no hay oposición". A este gobierno, que es el
único actor garante de la estabilidad y la paz (bienes preciados hoy, como
si volviéramos a la batalla de Ciudad Bolívar en 1903), hay que darle
desinteresado sostén... porque más allá está el abismo, el desbarrancadero
sangriento de una posible conflagración entre venezolanos. Apoyo con
independencia, apoyo crítico, como se quiera, pero apoyo. Y lo primero es
medir con cautela la fuerza del pie derecho en el acelerador. Y constatar que
es Delcy quien puede calibrar con mayor propiedad esa medición. Ya vendrán más
adelante los momentos para apresurar los ritmos y ampliar las exigencias.
La Presidenta avanza sobre
el filo de la navaja. Es un equilibrio inestable entre la
voracidad imperial (aunque a Trump tampoco hay que tomarlo siempre
literalmente, como también suele decirme Berríos) y el lastre del reflejo
condicionado de la falsa conciencia revolucionaria que -yo que fui
comunista puedo afirmarlo con propiedad- tiene la delirante y paralizante
capacidad de chantaje de los dogmas religiosos, y sabemos cómo éstos han
producido a lo largo de la historia, en unas y otras culturas, sangrientos
cismas. Procurar, como hacen algunos, perturbar ese equilibrio para derribar a
la gobernanta me parece de una irresponsabilidad supina.
En fin, amigo, poco a
poco... No siempre, pero a menudo, a los
pueblos se les presentan estas oportunidades inesperadas y únicas. Ojalá que
los venezolanos no seamos necios (que la necedad de unos y otros nos trajo a
este pantano de sangre y destrucción) y procuremos convertir esta rendija en un
amplio portal por donde pase una nueva Venezuela libre y próspera.
Disculparás que me haya
puesto pomposo y solemne, pero esta angustia que tú trashumas en tus artículos
enjundiosos, y que yo comparto, y esta sensación lacerante de que nuestra
generación le falló en su momento a nuestros hijos y nietos, porque estuvimos
allí en el ojo del huracán cuando esta historia se incubó y no hicimos
lo que debimos hacer y el país se nos despeñó hasta los recientes trágicos
eventos que son una afrenta histórica para todos (o deberían serlo), me hacen
darle rienda suelta al verbo... ése que fue antes que todo (Juan 1:1).
Fuerte abrazo.
