Entre Todos
D.
Valencia. –
El poeta carabobeño Simplicio S. Valdivieso, envió a la redacción de Entre
Todos Digital, para su publicación, 3 de sus poemas que forman parte de un lote
que estuvo años perdido, según nos cuenta. “Son varias decenas de textos que
estaban traspapelados, los había dado por perdidos”, dice.
De
Valdivieso, afincado en Caracas, donde trabaja como abogado, hemos publicado
cerca de una veintena de poemas en diversas épocas y, seguramente, pronto publicaremos
otros. A su orden, poeta.
A continuación,
los 3 textos “traspapelados”:
1 - Nuestra
capitana. 2 - La niña de varios lugares.
3 - Hermanos
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1 - Nuestra capitana
A limes
Nuestra capitana nació lejos de aquí, cerca
del mar.
Era todas las luces y una que otra
sombra.
Era dulce de lechosa, empanada de
cazón, sancocho de jurel,
y nuestra felicidad en todos los
idiomas.
-
Capitana era también Lucía León, Roselia Salazar
y el mar frente al Morro de Puerto
Santo.
Su regazo, nuestro territorio más
seguro,
y su voz, alborotada y dulce,
inapelable en muchas ocasiones, una brújula permanente.
-
Nuestra capitana era energía y magia,
pero nuestra siempre.
Era los hijos primero
y solidaridad con la gente jodida.
Era hermosa y valiente.
Fertilizante y guachimán a la vez.
Café con leche espeso cada mañana
y una maleta repleta de tareas.
-
Capitana es nuestro sueño recurrente,
era nuestra marejada y nuestra calma,
nostalgia permanente y patria.
Refugio y paraíso en la tierra, nada
menos.
La capitana era – además - ese
inconfundible olor a mamá.
-
Nuestra capitana partió hace varios
lustros,
pero aún nos alumbra el camino.
Era, sigue siendo, el comienzo de
todo.
Cuando nos tocó la orfandad, se nos quedaron
trabadas casi todas las preguntas …
El mundo ya era otra cosa sin sus
abrazos.
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Pregona que está decidida a disfrutar
de la lluvia,
pero va siempre con un paraguas a
cuestas.
Promete posarse sobre una tempestad,
pero sigue con un millón de dudas.
Dice que quiere vivir la vida a fondo,
pero no sale de casa.
La niña de Puerto Cabello, de Los
Andes y del Lago grande,
mira hacía el horizonte y jura que lo
apostará todo,
pero no le gusta ese juego.
Esa niña de varios lugares regresa
cada día a sus 14 años,
con sus trenzas en el cabello,
su vestido cortico
y una chupeta repleta de temores en los labios
…
Podría ocurrir que un día de estos nos
dé una sorpresa
y se decida.
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3 - Hermanos
Tengo un
hermano que no lleva mi sangre.
Recaló por mi
vida con tan solo 15 años
- ¿vino
solo para ser mi hermano? -.
No se llama
Arturo, ni José Gregorio, ni Jesús, ni Juan A.,
pero es mi
hermano.
--
Tengo un
hermano que no es tan cuerdo como parece,
en
ocasiones le da por gritar a los 4 vientos que me enseñó a hablar una lengua
muerta,
sin que
medie ni un trago.
--
Con mi hermano
surqué
mares rodeado de milicos,
recorrí
caminos polvorientos
y descubrí las
hallacas de plátano verde.
Como todos
los hermanos, peleamos y seguimos…
Y no lleva
mi sangre.
--
Yo tengo un
hermano
que tiene
una hermana que no lleva su sangre
ni la mía,
pero es nuestra hermana.
No se llama
Margoth, ni Tamara, ni Carolina,
pero
también es mi hermana.
--
Yo tengo 2
hermanos que no llevan mi sangre,
por más de
medio siglo hemos andado y rodado juntos,
en las
buenas – casi siempre - y en las malas también.
Mis hermanos
tienen sus mañas, para nada son perfectos,
pero son
mis hermanos.
--
Yo tengo 2
hermanos
con los que
recuerdo, cada cierto tiempo, las mismas viejas historias,
que por algún
extraño arte – ¿o hechizo? - siempre suenan como nuevas.
Una larga hermandad
con sabor al enigmático oficio de vivir.
En la
imagen, suministrada por el autor, se puede apreciar a Capitana joven.
