Ninguna
resolución podrá cambiar lo esencial. Que el Sáhara Occidental sigue siendo un
territorio pendiente de descolonización, que la República Saharaui existe y
resiste, y que ningún poder extranjero puede decidir el destino de un pueblo
libre.
Por Taleb
Alisalem / Opinión
El Consejo de Seguridad ha
aprobado una nueva resolución sobre el Sáhara Occidental y como ocurre cada
octubre, cada palabra se analiza al detalle. Pero entre titulares interesados y
lecturas apresuradas hay una verdad que conviene dejar clara desde el principio.
La MINURSO sigue siendo la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum en
el Sáhara Occidental. No para la autonomía. No para la gestión de un estatus
especial. Para el referéndum.
El mandato no ha cambiado. Se ha renovado en sus mismos términos con la misma función que le dio origen en 1991, organizar la consulta que permita al pueblo saharaui decidir libremente su futuro. Quien intente convertir esa misión en un instrumento de autonomía está manipulando el lenguaje y traicionando los hechos.
Marruecos normalizó con Israel,
entregó su soberanía política y moral a Washington y París y ofreció hasta el
último trozo de su dignidad diplomática a cambio de un reconocimiento
internacional que no llega. Lo máximo que ha conseguido es una frase ambigua en
un texto del Consejo sobre su propuesta de autonomía. Nada más. No la legitima,
no la impone, no la convierte en única solución. Solo la recomienda.
Y es importante subrayarlo. La resolución no
obliga a ninguna de las partes a aceptar la autonomía como única vía ni la
define como solución final. El texto sigue haciendo referencia una vez más al
principio del derecho a la autodeterminación, tal y como lo establece la
Resolución 1514 de la Asamblea General de la ONU, que consagra el derecho
inalienable de todos los pueblos sometidos a dominación colonial a su
independencia.
En las próximas semanas veremos
lo que realmente domina la maquinaria marroquí, propaganda. No comunicación, no
información. Propaganda política y mediática para vender un triunfo que no
existe. Hablarán de avance histórico, de apoyo internacional, de consenso
global. Pero cuando se apagan los micrófonos, el texto que está sobre la mesa
es claro. La ONU mantiene la MINURSO y su misión sigue siendo el referéndum.
Marruecos no ha logrado imponer
su autonomía como base única. Gana tiempo, sí, pero no la batalla diplomática.
Y menos aún la guerra moral o política. Porque la legalidad internacional,
aunque a veces se demore, no cambia con los deseos de una monarquía ni con los
intereses de una superpotencia.
Mientras se votaba en Nueva York,
el pueblo saharaui salió a las calles de los campamentos. No lo hizo por
desesperación, sino por convicción. Por saber que cada vez que el Consejo
renueva el mandato de la MINURSO, renueva también el recordatorio de que el
proceso de descolonización no ha terminado. Y que la autodeterminación sigue
pendiente.
El Frente POLISARIO, como
legítimo representante del pueblo saharaui, entra ahora en una nueva fase que
exige inteligencia política, firmeza estratégica y capacidad de adaptación.
Porque está claro que las potencias intentarán seguir utilizando a la ONU como
escudo para consolidar una ocupación que no pueden justificar. Y es igual de
claro que el pueblo saharaui no aceptará jamás una solución que no pase por las
urnas.
La resolución votada no cierra el conflicto,
lo aplaza. La cita volverá a ser en octubre de 2026. Y allí, una vez más, el
Consejo volverá a discutir lo mismo, la renovación del mandato de una misión
cuyo nombre recuerda cada año al mundo que el referéndum está pendiente.
Marruecos gana meses. El pueblo saharaui, en cambio, gana legitimidad y
visibilidad.
Ninguna resolución podrá cambiar
lo esencial. Que el Sáhara Occidental sigue siendo un territorio pendiente de
descolonización, que la República Saharaui existe y resiste, y que ningún poder
extranjero puede decidir el destino de un pueblo libre.
Hoy más que nunca hay que mirar
más allá del ruido mediático. Marruecos puede comprar titulares, pero no puede
comprar legitimidad. Puede aplazar el referéndum, pero no puede anularlo ni
vencer la voluntad popular.
Tomado de la red
social X.