Los errores comenzaron desde el gobierno mismo Chávez, largo
camino para que las cosas llegaran a dónde hoy están. Se ha debido evitar actos
que llevaran a polarizar en términos tan extremos a la población venezolana: el
primero, la conformación de una Asamblea Constituyente, que no representó la
correlación de fuerzas reales del país en ese momento. Una Asamblea, en que la
oposición sólo estuvo representada por 6 diputados de más de 200 electos. De
allí, no podía salir sino el rechazo a la misma por cerca de la mitad de la
población, como en efecto ocurrió y generó de seguido los levantamientos
civiles y militares de principios de siglo. La Constitución debe ser el
resultado de un pacto nacional, un consenso de por lo menos el 75 por ciento
del país. No es un dispositivo para abatir a casi la mitad del mismo. Ése es el
pecado original de la “revolución bolivariana”.
El siguiente pecado fue el de gobernar solos, consecuencia lógica de la conducta anterior, estimulada además por las respuestas reactivas violentas de la oposición, que llevó al país a verse envuelto en una confrontación que no ha beneficiado a nadie. Esa espiral conflictiva ha debido detenerse, como en efecto se intentó en varias ocasiones, algunas incluso exitosas, pero que luego fueron frustradas por la hegemonía en la oposición de sus sectores más virulentos, que trabajaron en sinergia con los grupos gubernamentales conflictivistas, aderezado todo ello con la nociva influencia del gobierno estadounidense, que ha ganado terreno en forma acelerada, hasta hacerse hoy de un protagonismo injerencista inaceptable para cualquiera que tenga cierto grado de dignidad.
El tercer pecado fue gobernar contra y no para.
Expropiaciones irresponsables, hostigamiento a la agro producción y al
comercio, política rentista dilapidadora de 1,3 billones de dólares ($ 1,3 x 1012)
en 12 años, importaciones desenfrenadas, cuantiosa fuga de capitales,
desinversión industrial total, corrupción criminal, obsceno endeudamiento
externo, que llevaron a un empobrecimiento general de la población y a una
miseria generalizada, así como a la emigración masiva de compatriotas y el uso
de la represión para acallar legítimas protestas. Es un cuadro dantesco que
debemos enfrentar los venezolanos, que defendemos la existencia de Venezuela,
como república soberana e independiente, tal y como nos enseñaron nuestros
maestros y nuestros ancestros. Además de que debemos lidiar con las amenazas
militares extranjeras y con sus cómplices internos, que ya han asesinado en
esta coyuntura a 17 venezolanos pobres.
Propongo trabajar con tres objetivos prioritarios: la defensa
de la soberanía nacional, el fortalecimiento de la democracia constitucional y
el establecimiento de la paz en todo el país, de manera que las diferencias se
solventen en forma democrática, pacífica y soberana. En el primer caso, se
debe: 1) Unificar a quienes entiendan que los conflictos internos no están por
encima de la defensa de la patria. 2) Favorecer la unidad con el cese de la
represión indiscriminada existente, que afecta a gente inocente y a los
familiares de éstos y de quienes no lo son. 3) No considerar a cualquier
crítica, exigencia o protesta, como una acción delictiva, desestabilizadora y
terrorista. 4) Cumplir estrictamente, así haya amenazas reales, con el debido
proceso judicial y el respeto de los DDHH. 5) Revisar, mediante una comisión
plural independiente, todos los casos de los presos políticos, para su
liberación, enjuiciamiento en libertad o aceleración de sus procesos.
Sobre la democracia constitucional: 1) Defender la vigencia
de la Carta Magna, como instrumento de consenso actual de los venezolanos, y
evitar su modificación para su uso como arma de sometimiento y división. 2)
Ratificar la democracia electoral basada en el voto directo, universal y
secreto. 3) Establecer un acuerdo consensuado sobre la participación política
de las comunas. 4) Establecer acuerdos sobre la necesaria independencia de los
poderes electoral, ciudadano y judicial.
Para la consecución de la paz: 1) Mantener las conversaciones
con el gobierno de EEUU, para recomponer las relaciones en el marco del respeto
mutuo y el trato entre iguales. 2) Estrechar los vínculos con las diplomacias
colombiana y brasileña, para concretar acciones simultáneas relacionadas con la
seguridad fronteriza. 3) Facilitar el acercamiento con los países caribeños que
no participan de la acción estadounidense. 4) Abandonar el discurso
guerrerista, sin descuidar la defensa nacional. 5) Elaborar una campaña
propagandista internacional, para enfrentar el discurso calumnioso de Trump
contra los venezolanos, el gobierno y el país.
Aprovechar el reencuentro, si termina dándose, para acometer
la solución de los gravísimos problemas que aquejan a nuestra sociedad.
*Exrector de la UCV.