Nacido en la década del 70 en una prisión carioca, se ha
convertido en una de las principales organizaciones delictivas del país,
considerado una amenaza en la región
RÍO DE JANEIRO.- El
gobierno de Río de Janeiro mantuvo el martes “el mayor operativo policial” de
su historia, según declaraciones de las autoridades, contra el Comando
Vermelho (CV), la principal organización criminal del estado que disputa
el control de varias ramas de actividades ilegales con otros grupos en todo el
país.
Unos 2500 policías fuertemente armados de la Policía Civil y Militar penetraron en los complejos de favelas Penha y Alemão, en la zona norte de la ciudad, en un enfrentamiento que ya registra al menos 64 muertos, entre ellos cuatro policías.
El objetivo del operativo fue el grupo criminal más antiguo de Brasil, formado en la década de los 70 a partir del encuentro de criminales comunes y militantes de izquierda dentro de una prisión de Rio de Janeiro durante la dictadura militar brasileña.
Actualmente, el CV es considerado una amenaza nacional y
trasnacional, con presencia en Bolivia y contacto con grupos narcotraficantes
colombianos y en constante guerra con otros grupos criminales brasileños como
el carioca Terceiro Comando Puro (TCP) y el Primeiro Comando da
Capital (PCC), de San Pablo.
El origen
El CV nació originalmente como la Falange Vermelha, una
organización militante con ideología de izquierda formada dentro de la cárcel
de Candido Mendes, ubicada en la zona de Ilha Grande, en Río de Janeiro. Sin
embargo, a medida que el grupo perdía rápidamente su carácter político, empezó
a ser conocido con el nombre por el que se lo conoce hoy. El PCC de San Pablo
nacería de forma similar dos décadas más tarde, como un movimiento carcelario
en la prisión de Carandiru.
Abandonados sus orígenes de delitos menores y robos de bancos
destinados a financiar la vida carcelaria de sus correligionarios, el CV
incursionó en la década de los 80 en el tráfico de cocaína, encontrando socios
ideales en los cárteles de droga colombianos. Comenzó así una voluntad expresa
de la organización en consolidar y expandir su control de diferentes áreas,
buscando monopolizar la venta de drogas.
Al mismo tiempo, el CV empezó a ocupar los lugares a los que
el Estado brasileño no llegaba, estableciendo un sistema paralelo de
gobierno de varias favelas y barrios pobres de Rio y ofreciendo incluso
empleo a muchos de sus habitantes. Para la década de los 90, el CV se había
convertido en la mayor organización criminal del Estado de Rio de Janeiro y
comenzó a expandir sus actividades a diferentes estados.
La nacionalización
A partir de entonces, otro factor de la realidad
brasileña contribuyó al esfuerzo de la organización criminal por expandir
su área de influencia en el país.
Previstas en la legislación desde 1984, las
penitenciarías federales solo comenzaron a hacerse realidad en Brasil a partir
de 2006, cuando se inauguró la unidad de Catanduvas, en Paraná.
Por entonces, el objetivo era que el líder del CV Luis
Fernando da Costa, alias Fernandinho Beira-Mar, -detenido en Colombia desde
2001 y habiendo rotado más de diez veces por prisiones de Brasil a lo largo de
cinco años- fuera trasladado definitivamente y permaneciera en completo
aislamiento en una unidad de máxima seguridad.
Sin embargo, diferentes procesos y documentos señalan que a
partir de entonces el narcotraficante se volvió, desde dentro de las prisiones
federales, en uno de los artífices de la organización que reclutó
traficantes de todo el país para la nacionalización de la facción, ya en
disputa con el PCC.
Actualmente, el resultado de esta estrategia puede verse
en los territorios controlados por el CV. Órganos de seguridad pública de Río
de Janeiro ya identifican la presencia de criminales provenientes de otros 12
estados en áreas bajo dominio de la facción en Río.
Al mismo tiempo, la organización ha logrado expandirse
por 25 estados brasileños y el Distrito Federal, según mostró un relevamiento
llevado a cabo por el medio O Globo.
“Hoy, el CV disputa Brasil con el PCC. En poco tiempo,
no estaremos hablando solo de seguridad pública, sino de soberanía nacional y
de quién manda en el país”, afirma Carlos Antônio Luiz de Oliveira,
subsecretario de Planificación e Integración Operacional de la Policía Civil de
Río.
“Trabajo remoto”
Las revelaciones sobre Beira-Mar, señalado por la policía
como un articulador dentro de la cárcel, corroboran la sospecha de que los
contactos en las prisiones están en el origen de las migraciones de
criminales hacia Río.
Incluso después 18 años en el sistema penitenciario federal, el
líder narco continuaba recibiendo y enviando mensajes a otros criminales.
En 2017, agentes de la Policía Federal de Brasil encontraron
notas escritas por él trituradas dentro de un envase de comida. Dos años antes,
la policía había interceptado una llamada telefónica en la que un criminal de
Rondônia, detenido en el Centro de Rehabilitación del Cone Sur, en Vilhena
(RO), enseñaba cómo enviar mensajes a Beira-Mar, detenido en una unidad
federal a casi 800 kilómetros de distancia, en la capital Porto Velho.
En este y otros casos, la migración de delincuentes
hacia Río funciona como un sistema de “ganar-ganar”: por un lado, los
criminales provenientes de otras regiones que llegan a comunidades como la
Rocinha y las del Complejo del Alemão obtienen protección, estatus y nuevos
conocimientos en la ciudad; por otro, la facción expande sus franquicias en
todo Brasil, incluyendo el control de rutas de distribución de armas y drogas.
“Hoy es muy común hablar de trabajo híbrido o remoto. El
crimen hace lo mismo. Han entendido que el jefe ya no necesita estar en el
estado de origen. Puede quedarse protegido en Río y tomar decisiones por
videollamadas. Esto es muy ventajoso para todos. El jefe del narcotráfico se
mantiene en un lugar de difícil acceso para la policía, y la organización
protege sus principales activos, reduciendo la rotación y generando estabilidad
en los negocios, especialmente en estados fronterizos con otros países”, explica
el fiscal Anderson Batista de Oliveira, coordinador del Grupo de Actuación
Especial de Combate al Crimen Organizado (Gaeco) de Rondônia, uno de los
estados cuyos jefes del narcotráfico operan desde Río.
Guerra por el territorio
Según el think tank especializado en crimen organizado y
seguridad en América Latina y el Caribe Insight Crime, para 2020 el
CV ya contaba con unos 30.000 miembros en todo Brasil y se encontraba en
condiciones de traficar toneladas de cocaína provenientes de Bolivia y
Paraguay.
Ese mismo año, la Corte Suprema de Brasil impuso algunas
restricciones a los operativos policiales en las favelas que buscaban
controlar el accionar del grupo criminal, como limitar el uso de helicópteros y
las acciones en áreas próximas a escuelas o centros de salud. Sin embargo,
estas medidas fueron levantadas este año por decisión del supremo, lo que se
vio reflejado en los enfrentamientos del martes.
En 2024, alrededor de 700 personas murieron en intervenciones
de las fuerzas del orden en Rio, con un promedio de casi dos por día. No
obstante, Insight Crime explica que las reiteradas incursiones policiales
podrían estar beneficiando indirectamente a las milicias rivales del CV,
que avanzan hace años en el control de varias zonas de Rio disputadas por las
organizaciones criminales.
Agencia AFP y diario O Globo/GDA - Tomado de LA
NACION / Argentina. Imagen: MAURO PIMENTEL – AFP.