El premio Nobel le ofrece una extraordinaria posibilidad a
María Corina Machado de conducir una política que haga viable la negociación
sin invasión militar y sin propósito de liquidar a quienes hoy ejercen de facto
el poder.
Por Simón García / Opinión
Cómo venezolano celebro el premio Nobel de la paz concedido a
María Corina Machado.
Es un reconocimiento planetario que la honra y merece por la
persistencia en sus luchas, por su papel en la victoria electoral del 28 de
julio y por haber conseguido una enorme empatía con un pueblo que desea cambios
en paz.
Veo en el premio dos significaciones más. Expresa una condena al autoritarismo y a las violaciones que comete el régimen con los derechos humanos de sus opositores. Y es también un aliciente a los que comparten su visión de lucha y a los que tienen estrategias diferentes hacia la vigencia de la Constitución, la necesidad de conductas despolarizadoras y un discurso de transición presidida por los valores de cambio, democracia, reconciliación, convivencia y justicia.
El premio Nobel le ofrece una extraordinaria posibilidad a
María Corina Machado de conducir una política que haga viable la negociación
sin invasión militar y sin propósito de liquidar a quienes hoy ejercen de facto
el poder.
Ojalá que cómo líder de la oposición mayoritaria pueda
restablecer y abrir coincidencias con otras expresiones de la oposición
realmente existente.
Comprendo los reparos y desacuerdos de algunos opositores con
la decisión de los noruegos. Algunos de ellos los comparto.
Pero es momento para tener sentido de realidad y mostrar la
amplitud y altura de miras que pedimos a otros.
Por ahora hay que mantenerse en lo que observo como
principal: 1. Lograr detener la amenaza de invasión, 2. Unirnos también en las
iniciativas por la libertad de los presos políticos y la acentuación y
extensión de medidas gubernamentales como el derecho a la visita, 3.
Favorecer el retorno a los acuerdos internos aunque sean parciales y a la
negociación con el presidente Trump, 4. Pedir a las direcciones de las
fracciones minoritarias que aborden unas definiciones mínimas y que compartan
unas iniciativas concretas, al margen de las abundantes diferencias que
nos hunden.
