Por Enrique Ochoa Antich / Opinión
Bombardearán el suelo de la patria. Habrá sangre, muerte y
destrucción. Apoltronado en su mullida butaca del Barrio de Salamanca en
Madrid, un zascandil, un bribón, un pícaro de siete suelas campaneará un whisky
frente al televisor exhibiendo una sonrisa maligna en el rostro.
Con la parsimonia de un escualo prehistórico, el *USS Gerald
R. Ford* navega las aguas del Caribe. Sobre su lomo carga no sólo aviones de
combate y misiles sino mucho más.
Va también la magna cólera de un republicano monarca. Su
berrinche es contra los gerifaltes de ese paisito al norte de la América del
Sur que no hincan sus rodillas como cabría esperar. El rubio tudesco no lo
entiende.
Sobre cubierta también viaja la patética frustración de unos politicastros que no han conseguido asaltar el poder a causa de su bíblica incompetencia. Quejumbrosa aristocracia caraqueña batida una y otra vez por unos plebeyos comunistoides voraces de poder y con pocos escrúpulos.
¡Ah, de estos infortunados oposicionistas sectarios sin
destino! Demagogos de menguada ralea que han claudicado en su postrero rescoldo
de dignidad. De hinojos a los pies del republicano rey del norte, imploran que
su merced haga por ellos lo que ellos no han sido capaces de hacer por sí
mismos.
De un tiempo para acá, andan con el pescuezo torcido hacia
sus espaldas. Son pétreas estatuas de sal. Como si de la Meca se tratase, otean
con plañidera nostalgia hacia una fecha precisa en el pasado.
—¡Ay, el 28J! —exclaman.
No se percatan de que esa página fue pasada hace rato, que el
río de la vida fluye caudaloso, y que aquella fecha ya no es sino historia
patria.
Más les valiera recitar los versos de Vallejo:
_Y el hombre… Pobre… pobre! Vuelve los ojos, como_
_cuando por sobre el hombro nos llama una palmada; _
_vuelve los ojos locos, y todo lo vivido_
_se empoza, como charco de culpa, en la mirada. _
¿Es que no fueron sus propios yerros los que convirtieron una
victoria electoral cantada en una derrota política? ¿Acaso podía transferir el
gobierno y compartir el poder quien, sin acuerdo previo y con todo el poder en
su puño de acero, fue amenazado con cárcel por una candidata ignara y
deslenguada? ¿Hízolo a propósito esta caballera andante de los delirios
infecundos para, con premeditación y malicia, arrastrar al país a este pantano
invasionista de acorazados y drones, bombas y misiles?
*Este cronista no puede asegurar que con otro candidato los
mandamases del poder hubiesen negociado un acuerdo con algún género de
alternancia republicana, pero sí que los oposicionistas hicieron todo cuanto
estuvo a su alcance para que ese acuerdo no se produjese. *
Caerán pues los misiles muy probablemente en la frontera
entre Colombia y Venezuela. Acaso por eso el rey del norte se ha encarado con
el presidente neogranadino. Serán devastadas unas pistas de aterrizaje para los
aeroplanos de los narcos que a no dudar existen (tienen cincuenta años
existiendo y tal vez son más en la medida que son más los consumidores en la
vasta geografía de la América del Norte). Violentada habrá sido de esta suerte
toda la legalidad internacional por quienes se creen _sheriffs_ universales. En
su Oficina Oval, el republicano monarca se frotará las manos. Astuto hallazgo
el suyo: *hacer la guerra sin hacer la guerra*. Táctica y estrategia. Los
tratados de Sun Tzu y von Clausewitz son ya sólo piezas de museo. Sangre,
muerte y destrucción. Nuestra patria será humillada. Los capitostes del poder
pasarán un mal rato. Pero hasta allí.
Como otra Bahía de Cochinos, los gobernantes harán
exactamente lo contrario de lo que deberían hacer: se encerrarán más en sus
claustros ideológicos, se harán más autoritarios y dictatoriales, acrecentarán
sus prácticas represivas. Ésta será la morisqueta en que se convertirá la
gracia extremista. A la par, la progresiva ruina de estas últimas tres o cuatro
décadas... menos democracia, más pobreza, más atraso... acaso se haga crónica,
parte del paisaje, mientras cada quien se las arregla a su modo. ¿Cuánto tiempo?
Difícil saberlo. Setenta años después, ahí tiene usted a Cuba, a oscuras,
empobrecida, militarizada.
Ojalá esta profecía sea desmentida por los jóvenes políticos
de esta generación. Ojalá una epifanía ilumine las mentes de quienes hoy creen
todavía que su principal mérito es no dejarse tumbar, así el país se caiga a
pedazos. Echados al basurero de la historia serán los oposicionistas que
clamaron por conflagraciones entre gringos y venezolanos que, a no dudar,
habrían de trastrocarse en una fratricida contienda sangrienta de nosotros
contra nosotros. Ojalá que los políticos de esta generación vislumbren una
verdad evidente: *que sólo resguardando nuestra soberanía como condición de
todo lo demás, desarrollando la democracia como forma de vida, y asumiendo la
paz como medio y fin, que sólo perdonándonos unos a otros, persuadiendo al
contrario de nuestras verdades y tolerando las diferencias, con respeto por la
dignidad de quien piensa diferente, es que una nación puede prevalecer*. En
fin, ojalá que, empinándonos sobre nosotros mismos, miremos al horizonte con la
frente en alto y por derecho propio, y que echemos mano al fondo de nuestra
caja de Pandora de ese bien intangible pero privilegiado que es la esperanza.
Entonces, sólo entonces, dejando de mirar atrás, terminando con este patológico
regodeo por el pasado, tal vez nos reconciliemos como hijos de la misma patria
que somos. Entonces, sólo entonces, acaso podremos estar en plena capacidad de
cumplir como pueblo con la apremiante exhortación que enunciara de esta forma
don Miguel de Unamuno: _ser padres de nuestro porvenir más que hijos de nuestro
pasado_. De cada venezolano de buena voluntad depende que así sea.
