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06 octubre, 2025

El imperio contraatacado: Por qué Petro y Lula no le tienen miedo a Trump

 Petro y Lula enfrentan a Trump con audacia, respaldados por soberanía, diversificación económica y un mundo multipolar, bajo una premisa clara: no ceder ante amenazas.

Cuando Trump revocó su visa tras un discurso en Nueva York donde Petro llamó a la desobediencia militar si se ordenan crímenes contra la humanidad, el colombiano respondió con desdén: “No me importa”, y reiteró que Colombia no aceptará “invasiones, misiles ni asesinatos”.

Esta audacia se sustenta en varios pilares. Primero, el apoyo interno: encuestas muestran que su postura eleva su popularidad entre bases progresistas y sectores desencantados con la dependencia histórica de Washington, recordando intervenciones pasadas como el Plan Colombia, que Petro critica como herramienta de control narcotraficante.

Segundo, la diversificación geopolíticaColombia ha fortalecido lazos con China y el BRICS, atrayendo inversiones en infraestructura y energía renovable, lo que reduce la vulnerabilidad ante sanciones estadounidenses. Petro ha pivotado hacia un “eje del Sur Global”, alineándose con Lula y otros líderes en foros como la CELAC para contrarrestar la influencia de Trump.

Finalmente, un cálculo moral y simbólico: al posicionarse como defensor de Palestina y la humanidad, Petro gana legitimidad global, especialmente en un mundo donde el apoyo a Gaza moviliza multitudes, como las protestas en Italia y Europa que él mismo ha invocado en sus redes.

Trump, para Petro, representa no solo un rival, sino el resurgir de un imperialismo obsoleto que América Latina rechaza.

El pragmatismo firme de Lula: hablar desde la solidez

Lula da Silva, con su vasta experiencia como presidente en muchos años de mandato, adopta un enfoque más pragmático, pero igualmente firme. A sus 80 años, el obrero metalúrgico que transformó Brasil en potencia emergente no se doblega ante aranceles que amenazan exportaciones clave como el acero y la soja.

En julio de 2025, tras amenazas de Trump en Truth SocialLula declaró: “No soy un súbdito, Trump no fue elegido emperador del mundo” y amenazó con reciprocidad económica, invocando la ley brasileña de contramedidas.

Esta resistencia ha impulsado su aprobación: las encuestas post-tarifas muestran un repunte, ya que los brasileños perciben en Lula un defensor de la soberanía frente a un “gringo” que dicta órdenes.

Económicamente, Brasil no depende tanto de EE.UU. como en décadas pasadas: mantiene un superávit comercial de 410 mil millones de dólares en 15 años con Washington, y Lula ha acumulado reservas de 370 mil millones para amortiguar crisis.

Su estrategia incluye diversificar hacia ChinaIndia y Rusia vía BRICS, donde Brasil lidera iniciativas como el nuevo banco de desarrollo, alternativo al FMI.

Negociaciones sin sumisión

En septiembre de 2025, tras un encuentro “amistoso” con Trump en la ONULula acordó negociaciones, pero insistió en “relaciones civilizadas” sin sumisión, designando a su vice Alckmin para dialogar con el secretario de Estado Rubio.

Lula no teme porque sabe que Trump exagera déficits inexistentes para presionar, pero Brasil tiene herramientas: retaliación en la OMC y un mercado interno robusto.

Su experiencia lidiando con Bush y Obama le da confianza; Trump, para él, es un “comportamiento vergonzoso” que no altera la trayectoria de un Brasil soberano.

Raíces compartidas en la izquierda latinoamericana

Ambos líderes comparten raíces en la izquierda latinoamericana y una visión de un orden mundial multipolar.

El BRICS, que Lula impulsó y Petro apoya, representa este shift: con China como socio principal, América Latina reduce su exposición al dólar y las sanciones unilaterales.

Trump busca bloquear la influencia china en la región, pero como Petro señaló, “no nos insultan ni amenazan allá”, refiriéndose a Pekín.

El declive de la hegemonía estadounidense: ¿adiós al imperio?

Además, el contexto global favorece su audacia: el declive relativo de EE. UU., guerras en Ucrania y Gaza, y el ascenso del Sur Global erosionan el “miedo” tradicional a Washington. En foros como la ONUPetro y Lula se alinean con SánchezBoric y otros para “reforzar la democracia global”, criticando el unilateralismo trumpiano.

Domésticamente, esta postura anti-Trump galvaniza bases: para Petro, distrae de reformas internas fallidas; para Lula, consolida su legado contra Bolsonaro, aliado de Trump.

Las implicaciones son profundas. Esta falta de temor señala el fin de la doctrina Monroe en su forma clásica: Latinoamérica ya no es “patio trasero”. Podría tensar relaciones bilaterales —Colombia enfrenta descertificación antinarcóticos, Brasil retaliación comercial—, pero también fortalece bloques regionales como UNASUR o CELAC.

Trump, enfocado en migración y drogas, podría aislarse si ignora esta asertividad, mientras Petro y Lula ganan en legitimidad global.

En última instancia, Petro y Lula no temen a Trump porque encarnan una América Latina que ha aprendido a caminar sola. Han diversificado alianzas, acumulado reservas morales y económicas, y apostado por un mundo donde la soberanía no es negociable.

Como Petro tuiteó: “Maldito el ejército que alza armas contra la humanidad”; como Lula afirmó: “La seriedad no exige sumisión”. En este tablero geopolítico, el miedo ha cambiado de bando.

Tomado de La Red 21 / Uruguay. Imagen: Juan Barretto / Getty.