Al retener las compras de soya y las exportaciones de tierras
raras, China obtuvo una tregua comercial con Estados Unidos, sin conceder mucho
a cambio.
Por Lily
Kuo y David
Pierson*
*Lily Kuo reportó desde Taipéi, Taiwán. David Pierson reportó
desde Busan, donde el líder de China, Xi Jinping, y el presidente Trump se
reunieron en un aeropuerto.
Cuando Xi Jinping salió de su reunión con el presidente
Donald Trump el jueves, proyectaba la confianza de un líder poderoso que podría
hacer que Washington cediera.
El resultado de las conversaciones sugirió que lo había
conseguido.
Luego de ostentar el cuasi monopolio chino sobre las tierras
raras y su poder como comprador de soya, o soja, estadounidense, Xi obtuvo
concesiones clave de Washington: una reducción de los aranceles, la suspensión
de las tasas portuarias sobre los buques chinos y el aplazamiento de los controles
estadounidenses sobre las exportaciones, que les habrían impedido a más
empresas chinas acceder a la tecnología estadounidense. Ambas partes acordaron
también ampliar una tregua a la que llegaron a principios de año para limitar
los aranceles.
“Lo que está claro es que se han vuelto cada vez más osados a
la hora de ejercer presión y que están encantados de embolsarse todas las
concesiones estadounidenses”, dijo Julian Gewirtz, quien fue un funcionario de
alto rango de política china en la Casa Blanca y en el Departamento de Estado
durante el gobierno del presidente Joe Biden.
Casi como si estuviera dando una conferencia, Xi le dijo a Trump que los “recientes giros y vueltas” de la guerra comercial deberían ser aleccionadores para ambos, según un resumen del gobierno chino de las declaraciones de Xi en la reunión de Busan, Corea del Sur.
“Ambas partes deben tener en cuenta el panorama general y
centrarse en los beneficios a largo plazo de la cooperación, en lugar de caer
en un círculo vicioso de represalias mutuas”, dijo Xi.
Por círculo vicioso, Xi se refería probablemente a los
últimos meses, o casi un año, de medidas de represalia en forma de aranceles,
sanciones y controles a la exportación. A principios de este mes, China
intensificó drásticamente esta escalada y reforzó su postura al anunciar
límites nuevos y generalizados a las ventas de tierras raras, minerales
esenciales y necesarios para casi toda la tecnología moderna. Cortar su
suministro podría paralizar las industrias estadounidenses.
El mensaje de Xi parecía ser: Pekín ha demostrado su
capacidad para devolver el golpe y Washington haría bien en recordarlo.
“Después de que Trump lanzara su guerra comercial y
arancelaria, China fue el único país que igualó a Estados Unidos golpe por
golpe”, dijo Zhu Feng, profesor de relaciones internacionales en la Universidad
de Nankín, quien señaló que la mayor victoria para China podría ser que Estados
Unidos tuviera que pensar dos veces antes de imponer nuevas medidas a China.
“Si Trump hubiera obligado a China a aplicar sus controles
completos a la exportación de tierras raras, ambas partes habrían salido
perdiendo”, dijo.
Xi, por su parte, también pareció entender lo que Trump
necesitaba: un acuerdo que pudiera vender como una victoria en su país. El
resultado le permitió a Trump atribuirse una victoria para los agricultores y
las empresas estadounidenses, a pesar de que China había restablecido en gran
medida el statu quo al aceptar comprar soya y abstenerse de
restringir aún más la exportación de tierras raras.
Trump levantó el puño al subir al Air Force One, y luego dijo
en el avión que Xi había acordado tomar más medidas para impedir que el flujo
de sustancias químicas utilizadas para fabricar fentanilo llegara a Estados
Unidos. También dijo que China había prometido comprar más soya estadounidense.
“¡Nuestros agricultores estarán muy contentos!”, publicó después en Truth
Social. “Me gustaría dar las gracias al presidente Xi por ello”.
Tras la reunión de ambos dirigentes, el Ministerio de
Comercio chino declaró en un comunicado que suspendería las restricciones sobre
las tierras raras por un año que había anunciado en octubre. (El ministerio no
mencionó los controles anteriores dados a conocer en abril).
Trump también dijo que reduciría a la mitad los aranceles del
20 por ciento que había impuesto a los productos chinos para presionar a China
a hacer más para detener el tráfico de fentanilo. La reducción anunciada el
jueves disminuye los aranceles generales sobre productos chinos del 57 por
ciento a alrededor del 47 por ciento, señaló. El Ministerio de Comercio chino
también aseguró que las dos partes habían acordado prorrogar un año la tregua
para limitar los aranceles adicionales, que originalmente expiraba el 10 de
noviembre.
Algunos expertos dijeron que China tenía inevitablemente las
de ganar en la lucha comercial porque el gobierno de Trump nunca tuvo un
objetivo claro.
“Creo que se trata de un enfoque que puede describirse con
seguridad como táctica sin estrategia”, dijo Jonathan Czin, miembro de la
Brookings Institution y que anteriormente analizó la política china en la CIA.
“Ostensiblemente, el objetivo era abordar algunas de las
cuestiones comerciales más espinosas que durante tanto tiempo habían enturbiado
la relación. En lugar de ello, la RPC ha orquestado con éxito un juego de
aplastar topos para el gobierno de Trump”, dijo Czin, utilizando la abreviatura
de la República Popular China.
Aun así, en una posible concesión de Pekín, el resumen
oficial chino de la reunión no mencionó Taiwán, la democracia insular que Pekín
reclama. Es un tema que los dirigentes chinos suelen sacar a colación cuando se
reúnen con sus homólogos estadounidenses para presionar a Washington a fin de
que reduzca el apoyo de Estados Unidos a la isla.
Los acuerdos a los que se llegaron el jueves podrían
significar al menos una calma temporal en la compleja relación entre Estados
Unidos y China. Trump dijo que los dos líderes también hablaron de “trabajar
juntos” para poner fin a la guerra en Ucrania. Dijo que viajaría a China en
abril y que Xi visitaría Estados Unidos después.
Xi también jugó con la preferencia de Trump por la relación
personal apelando a la agenda de política nacional de Trump, diciendo que creía
que el desarrollo de China “va de la mano” con la “visión del presidente de
‘hacer a Estados Unidos grandioso de nuevo’”. Trump, por su parte, elogió a Xi,
a quien se refirió como “gran líder de un gran país” y “gran amigo”.
“Es un estilo personalizado de diplomacia que juega bien con
los instintos de ambos líderes”, dijo Lizzi Lee, investigadora sobre la
economía china en el Instituto de Política de la Sociedad Asiática. “Por ahora,
estos gestos de buena voluntad parecen marcar la pauta de un periodo de
estabilidad controlada”.
Aun así, cualquier avance del jueves podría borrarse con
facilidad por maniobras de cualquiera de las partes que se interpreten como una
violación del acuerdo. Un acuerdo al que llegaron el mes pasado estuvo
a punto de deshacerse cuando Estados Unidos amplió el abanico de
empresas a las que se prohibía el acceso a la tecnología estadounidense, lo que
habría afectado a muchas empresas chinas. China anunció entonces sus controles
a la exportación de tierras raras. Esto llevó a Trump a amenazar con suspender
la reunión del jueves e imponer aún más aranceles a los productos chinos.
A falta de un acuerdo definitivo, no está claro cuánto durará
la distensión actual.
“Tal vez esté hastiado porque he visto esta película
demasiadas veces, pero se trata de cuestiones que son relativamente fáciles de
echar para atrás y también de acusar a la otra parte de mala fe”, dijo Ja Ian
Chong, profesor de ciencias políticas en la Universidad Nacional de Singapur,
sobre el estado de la tregua.
Los avances del jueves estuvieron amenazados por un anuncio
que Trump hizo justo antes de la reunión. Dijo que Estados Unidos reanudaría
las pruebas de armas nucleares por primera vez en más de tres décadas. Pero
Trump pareció sugerir en el Air Force One que la medida no iba dirigida a
China, y los analistas afirmaron que no estaba claro que Xi la considerara una
provocación.
Lo más importante, dijeron los expertos en China, es que el
presidente estadounidense está enfocado en trabajar con China.
“Si Trump quiere realmente poner en práctica algo, si quiere
ir hacia el este, su personal no se atrevería a ir hacia el oeste”, dijo Xin
Qiang, experto en Estados Unidos y China en la Universidad de Fudan en
Shanghái.
Pei-Lin Wu colaboró con reportería.
Lily Kuo es
corresponsal de China para el Times desde Taipéi.
David
Pierson cubre la política exterior china y la participación económica
y cultural de China en el mundo. Lleva más de dos décadas trabajando como
periodista.
Imagen: Haiyun Jiang/The New York Times