- Tanto
esplendor, acaso, busca conseguir que el impredecible Trump beneficie al
Reino en sus negociaciones, en medio de sonadas polémicas.
Solo faltaba
Minnie. Pompa, circunstancia y un show militar "Mickey Mouse" con
caballos, carruajes y bandas en el muy británico perímetro de Windsor
para encantar y entretener a Donald Trump, un presidente que adora la
Familia Real y goza de una inédita segunda visita de estado a Gran Bretaña.
Trump inició así, al mediodía del miércoles, su visita en el
esplendoroso palacio de piedra de Windsor, recibido por los príncipes de
Gales, el rey Charles y la reina Camilla, sus "viejos amigos", para
conseguir que el impredecible jefe de estado norteamericano beneficie al
Reino en sus negociaciones.
El presidente y la primera dama, Melania, pidieron suites separadas en el palacio de Windsor. La realidad es que la primera dama vive en Nueva York y él en Washington. Se encuentran para las actividades oficiales en Mar-a-Lago, en Florida.
Un campo minado amenaza esta visita y desespera al
gobierno británico. La
torre de Windsor fue sorpresivamente iluminada en la noche del martes,
con proyecciones de un video que mostraba a Donald Trump con el pedófilo
Jeffrey Epstein y a éste con el príncipe Andrew, hijo de la reina Isabel
II, y con Ghislaine Maxwell, condenada por tráfico sexual.
Las proyecciones sobre el castillo de Windsor
Las imágenes están dando la vuelta al mundo. Cuatro personas
que participaron en la proyección fueron detenidas. Pero recuerdan cuán
controvertida es la decisión de invitar a Trump a una segunda visita de estado
al Reino.
Las protestas en Windsor y en Londres este miércoles lo van a
ratificar. La policía se prepara para una manifestación de hasta 50 grupos
de protesta en Londres contra la visita de Trump.
Normalmente, a los presidentes estadounidenses en su segundo
mandato se les ofrece una visita más corta, tal vez un té o un almuerzo
con el rey en el Castillo de Windsor. Pero la alfombra roja se está desplegando
de nuevo, con Trump recibiendo una segunda visita de estado completa, con
toda la pompa y el boato que conlleva.
Al principio del segundo mandato de Trump, se dio indicios de
que estaría receptivo a una segunda visita de estado, por lo que, quizás por
consejo del nuevo primer ministro, el rey extendió una segunda invitación.
Un cortejo sin par
El gran dilema de la visita no era que el palacio de
Buckingham está cerrado por refacciones sino las protestas en Londres que
podrían arruinarla. Decidieron mudar todo al palacio de Windsor, a 40
kilómetros de la capital.
Sus 1.400 hectáreas sirvieron para desplegar toda la pompa y
circunstancia de la Familia Real con la que sueña desde niño el presidente
norteamericano, entusiasmado por una madre escocesa.
Bajo una neblina otoñal muy británica, el primer día completo
de visita de Estado sucedió en Windsor y su parque. Sin antecedentes.
Un desfile militar "Mickey Mouse" en miniatura. Un
paseo en la carroza irlandesa, un dorado carruaje junto al rey Charles por el
espléndido parque de Windsor, cubierto de soldados, magníficos caballos y victorianos
carruajes cubiertos porque llovía.
Ejército de Disney
El recorrido del carruaje estuvo flanqueado por 22
medias compañías de personal militar para sus 10 minutos de paseo.
El primer tramo, desde Rose Garden hasta Frogmore House,
estuvo flanqueado por la Guardia Ceremonial de la Marina Real y la Banda de la
Marina Real de Portsmouth.
El segundo tramo, cerca del castillo, estaba acompañado por
el Escuadrón de la Bandera del Rey.
El tercer tramo, en Cambridge Drive, por el 1.er Batallón de
la Guardia Irlandesa, el 1.er Batallón de la Guardia de Granaderos, el 1.er
Batallón de la Guardia de Londres, la División de la Casa Real y la Banda
Central de la Real Fuerza Aérea.
La procesión pasó por Frogmore Cottage, antigua residencia
del príncipe Harry y Meghan. La calle estaba llena de soldados de la RAF del
Escuadrón de la Bandera del Rey. Detrás está el cementerio de los royals y
sus jardines, incluida la tumba de la duquesa de Windsor, norteamericana y
razón de la abdicación de su marido, el rey Edward.
Así se inició la visita. Trump llegó en su
helicóptero junto a Melania, vestida con un tailleur gris de alta costura
Christian Dior y una pamela burdeos, que le cubría hasta los ojos.
La reina Camilla se levantó de la cama, a pesar de la
sinusitis aguda que no la dejó ir al funeral de la duquesa de Kent, para
recibir a los Trump. Estaba vestida de azul cobalto con un enorme sombrero.
William y Kate, los príncipes de Gales, fueron los que
recibieron al presidente y la primera dama en su helicóptero. Kate estaba
vestida de burdeos por Emilia Wickstead, un sombrero de Jane Taylor y un
broche utilizado por la princesa Diana. Mantenía su nuevo color de pelo
rubio, tan polémico. "Es hermosa", dijo Trump al verla.
Saludaron a los reyes y partieron en su paseo por el parque
de Windsor. Detrás del rey y Trump iban la reina y Melania; en otro carruaje,
los príncipes de Gales y detrás, el enviado Steve Witkoff y el secretario de
estado Marco Rubio.
El presidente norteamericano pasó junto a la Guardia
Coldstream a la derecha, la Guardia Escocesa en el centro y la Guardia
Granadera al otro lado. Luego presencia el paso de la Tropa Real, Artillería
Montada Real, con los cañones que utilizaban para disparar.
A Trump le costó revistar las tropas porque tiene sus
piernas demasiado inflamadas. El rey Charles le indicó que debía continuar el
camino hasta el final. Es la segunda muestra de que Trump está sufriendo
problemas de salud.
Melania lo lleva siempre de la mano para que no se vea
un machucón que tiene en el dorso. Carece del equilibrio de antes, que se hizo
evidente cuando bajó en la noche del martes, por la escalerilla del avión.
Luego de la revista volvió a su tienda blanca para seguir
viendo la Guardia real con sus extraordinarios cascos con plumas y sus caballos
pura sangre. Más la Guardia Escocesa, un homenaje a sus ancestros, frente al
magnífico palacio.
Era un mini "Trooping the Colours", cuando se
celebra el cumpleaños oficial del rey. Una ceremonia que jamás el palacio
practicó para un presidente de visita.
¡Y llegaron los gaiteros escoceses! No podían faltar en este
show único, sin par.
En kilt, con sus shawls de cada clan. Allí terminó el show.
Los Trump entraron al palacio de Windsor, "mucho mejor que
Buckingham", según el presidente, para conocer sus habitaciones y
almorzar. Y los soldados a su trabajo, después de estar en preparativos desde
las 4 de la mañana.
"The Beast" detrás del cortejo
Los carruajes fueron una licencia de los servicios
secretos norteamericanos a Donald Trump. No los consideran seguros. Detrás
iba "The Beast", el automóvil blindado y artillado, que utiliza el
presidente diariamente.
James Roscoe, encargado de negocios del Reino Unido en
Washington y reemplazante del despedido embajador británico Lord Peter
Mandelson, estaba en Windsor tomando fotos del espectáculo. Roscoe es el
diplomático de mayor rango en la embajada en Washington, tras la destitución de
Mandelson por el escándalo de Jeffrey Epstein.
Los "Red Arrows"
Los Trump almorzaron en el palacio y luego visitaron la tumba
de la reina Isabel en la capilla de St George, donde depositaron una corona de
flores.
Luego, los reyes y sus invitados participaron en una
ceremonia militar, que incluyó la música y el marcial desfile de tropas
norteamericanas y británicas. El primer ministro Sir Keir Starmer y su esposa
estuvieron presentes en la parada militar.
Este día sin par finalizó con el desfile aéreo de
aviones los Red Arrows, que dejaron una estela azul y colorada en el cielo.
Trump aplaudió con el entusiasmo de un chico. Y se fueron a tomar el té al
palacio, una de las más deliciosas oportunidades del día, antes del banquete
nocturno.
La gala de la noche estaba prevista en el imponente salón St
George. Otro cuento de princesas para el presidente Trump con sus tiaras y
joyas.
Un día difícil
El jueves, el presidente pasará el día con Sir Keir Starmer,
el primer ministro, en Chequers, su casa de campo, a 60 kilómetros de Londres.
Otro problema porque habrá conferencia de prensa. Todos preguntarán por
Epstein, Mandelson, el príncipe Andrew seguramente.
Starmer está bajo fuego, tras nominar a un amigo de
Epstein como embajador británico en Washington. Lord Peter Mandelson fue
despedido abruptamente, cuando había organizado la visita a Londres y está
furioso.
Ahora Starmer está obligado por el Parlamento a mostrar
los mails sobre Mandelson, que también involucran al príncipe Andrew, otro
amigo de Epstein, que la Familia Real ha apartado. La nueva canciller Yvette
Cooper informó que ella no participó en su nombramiento. Su puesto está en
peligro.
El presidente Trump llegó al Reino Unido el martes por la
noche para su segunda visita de Estado y se alojó en la embajada británica en
Regent's Park, con el segundo jardín más importante de Londres después
del palacio de Buckingham.
El martes por la noche, también, Gran Bretaña firmó un
"acuerdo de prosperidad tecnológica" con EE.UU. por miles de
millones de dólares.
Los reyes, el presidente Trump y la primera dama participaron
en una ceremonia militar, que incluyó la música y el marcial desfile de tropas
norteamericanas y británicas. Antes visitaron la iglesia de St George y la
tumba de Isabell II. También está enterrado el rey Henry VII. El primer
ministro Sir Keir Starmer y su esposa estuvieron presentes en el desfile
militar.
Este día sin par finalizó con el desfile aéreo de aviones los
Red Arrows, que dejaron una estela azul y colorada en el cielo. Trump aplaudió
con el entusiasmo de un chico. Y se fueron a tomar el té al palacio, una de las
más deliciosas oportunidades del día, antes del banquete nocturno.
Windsor con los corazones divididos
La ciudad de Windsor está adornada con banderas británicas y
estadounidenses, mientras la policía patrulla en parejas. La seguridad es
draconiana. Se esperan protestas.
Los turistas pasan lentamente por el castillo, observando el
cierre de carreteras y la presencia de las fuerzas de seguridad. Hay algunas
gorras de MAGA entre la multitud, así como disfraces con la bandera británica
para la ocasión.
"Trump no merece pompa", dicen turistas
estadounidenses de visita.
Rolph y Cheryl Schregardus, de Wisconsin, estaban en Windsor
en la primera etapa de su visita al Reino Unido con sus hijos adultos. No
sabían de la visita de Estado hasta que no pudieron reservar entradas para el
castillo.
Cheryl dijo que habían votado por Trump en 2016, pero que
desde entonces habían cambiado de opinión, ya que se había excedido en sus
acciones. Rolph dijo: "Es un abusador, un narcisista, todo es para
él". Sobre la bienvenida ceremonial que Trump recibirá hoy, admitió que
era importante, pero dijo que el presidente estadounidense "no se la
merecía".
En Windsor, Kaya Mar, un artista londinense que pinta sátira
política, sostenía una imagen del presidente Trump y el rey fuera del castillo.
La pintura, que le había llevado dos días, mostraba a Trump como un hombre
de la Edad de Piedra, empuñando una lanza y sosteniendo a un Charles del tamaño
de un bebé.
Mar dijo: "Es un narcisista de la Edad de Piedra. Se
cree un gigante. Si sales aquí y gritas que es narcisista, la policía te
llevará a juicio, así que lo digo con pintura".
Tomado de Clarín / Argentina. Foto: AP.
