Venezuela vive momentos difíciles. Es un
cliché, un lugar común, algo que se repite todos los días y, sin embargo, algo
tan cierto como retórico. En medio del caos general, cada uno lleva su propia
cruz y cuota de caos. En estos diversos contextos nace la necesidad de crear
respuestas adecuadas a cada realidad en el micro y macro cosmos que es nuestro
día a día.
Sí, ya sé que
estoy hablando mucha paja antes de comenzar
la entrevista a Fanny Barbera y debo hacer una confesión porque, quienes me
leen, saben que soy demasiado sincera. No me entusiasmaba mucho entrevistar a alguien
que se mueve en la vida política venezolana. Lo confieso. Pero, Fanny es diferente y ¿por qué me
cautivó? Porque tiene 4 gatos y es defensora de los animales y quien hace esto
tiene una alta cuota de probabilidad de ser buena persona.
Pero, como Adolf Hitler era también amante de los
animales, he aprendido que esto no lo es todo. Por eso, cautamente, me preocupé
por saber más de ella y aquí está la grata sorpresa. También es enfermera con
un doctorado en cuidados humanos por
lo que la sombra que el tipejo del bigotito quedó a un lado. Vamos a descubrir
a una persona fascinante sin motes de
lugares comunes.
Ayudar al otro como primer paso
Siempre he
pensado que una persona no puede ayudar
a otra si antes no se cuida a sí misma. Fanny ha hecho de su vida eso:
ayudar a los demás a través de su propio
camino. Es una venezolana como millones que se educó en escuelas y liceos públicos de una
Venezuela en las que estas instituciones estaban dotadas y tenían docentes que
podían vivir de sus sueldos.
En estos planteles aprendió “valorar a la familia y a profesar la fe católica, gracias a la presencia de los Salesianos”. Además, está convencida de que esta educación sentó las bases para lo que es hoy: “me enseñaron a amar a mi país y luego fui a la Universidad de Carabobo”. En su alma mater obtuvo el título de Licencia en Enfermería. Pero, no solo se quedó con la parte laboral porque, en 1991, se convirtió en docente y siguió estudiando. Obtuve postgrados en docencia universitaria, salud reproductiva, salud del adolescente y un doctorado en Cuidado Humano.
Seamos
sinceros. Eso de cuidado humano nos indica más o menos el camino, pero no
muchos (y me incluyo) teníamos idea de qué se estudia allí. Pues resulta que Fanny es especialista en
enfermería para la educación, la investigación y el uso de investigaciones en
el campo para crear políticas públicas que solucionen problemas. Eso es
exactamente lo que hace un doctor en Cuidado Humano.
La Universidad es una isla
No es secreto
para nadie que la educación
universitaria venezolana ha perdido su brillo y esplendor de tiempos
pasados. Fanny entró a la UC en 1984
y en más de 4 décadas el panorama es, como mucho, diferente: “la Universidad del 2025 es muy diferente
algunos espacios físicos han mejorado, pero no se ha logrado la actualización
tecnológica. Funciona como una isla, desvinculada de los problemas de la
sociedad, limitada a la docencia, mostrando una gerencia ineficaz, un liderazgo
agotado y un bajo impacto académico”.
Sí, este
párrafo dibuja la realidad no solo de la
Universidad de Carabobo, sino del resto de universidades de Venezuela y la
misma Fanny nos dice el motivo: “el
esfuerzo de formar y graduar profesionales, resulta insuficiente si no va
acompañado de la producción científica y de una destacable labor de extensión,
ya que se aparta de su razón de ser: la producción y el intercambio del conocimiento”.
Obviamente,
todo esto se ha dado en la escena
educativa de investigación y de contacto con el mundo real por la deficiencia
presupuestaria que enfrenta todo el sistema público en Venezuela. Pero, ¿qué
hacer? Fanny Barbera también tiene su
propuesta.
Habermas le mostró el camino
Como buena
docente y académica, Fanny Barbera fundamenta su propuesta en el conocimiento constructivista y en el saber para buscar soluciones. En
este casi voltea hacia el legado de Jürgen
Habermas y sus teorías filosóficas de (si se quiere y por la época) de la
segunda generación de la Escuela de Fráncfort.
Que ¿cómo se come eso de este lado del charco
con el sol caribeño? Pues esta
enfermera que hoy se involucra en la esfera política venezolana cree que “cada persona tiene un rol a cumplir en el
proceso de recuperación de Venezuela” y no divorcia la realidad política de la social. Al contrario,
considera que “los cambios atienden a una
dinámica social y comunicacional” en cuyos ámbitos ha habido, “tradicionalmente actores participantes en
el diagnóstico de los problemas de los diferentes sectores” que deben ser la base real y fiable de datos con los
cuales comenzar a trabajar con los pies
puestos en la tierra para lograr objetivos a corto, mediano y largo plazo.
En otras palabras y dicho en criollo: antes de solucionar un problema en Venezuela no
basta solo identificarlo como que no hay agua, no hay luz, el suministro de gas
es errático, los hospitales y escuelas no tiene personal, suministros ni
infraestructuras, sino que hay que
conocer cada caso en detalle, ver lo rescatable y lo que no y trazar “directrices desde la experticia”
previa.
Lo que
planeta esta docente de la UC es que
personas normales en cada comunidad “académicos,
políticos y/o miembros de ONG” hagan sus aportes para construir “la
concientización social” y a partir de allí “quienes ejercen liderazgo atiendan estén llamados para activar el
debate ciudadano sobre las diversas problemáticas”.
Se trata de
que cada pieza del constructo de su
proyecto de país tiene que cumplir su rol y los líderes deben “asumir el protagonismo en la promoción de
la participación ciudadana, integrando a la sociedad en el proceso de
recuperación de nuestro país” y no
como grupúsculos aislados de la realidad.
¿Esto se puede materializar?
En este punto
debo aceptar que soy atorrante y que
las palabras ya me tienen un poco cansada como a todos los venezolanos, pero Fanny me da una cachetada al ego y tengo
que darle un punto a su favor: no está hablando paja y tiene un proyecto que se llama Humanizar y en el que se fundamente
todo el trabajo fase a fase y con una
estructura real, materializable y plausible que no se queda en tuitear o
postear deseos que no preñan:
Ella lo
denomina “una iniciativa ciudadana que
pretende contribuir al cambio social impulsando la dignidad humana”. En
este proyecto se busca “construir una política regulatoria y
distributiva” de los problemas
del país para desarrollar “estrategias
para escuchar las necesidades de las personas y sus ideas para mejoramiento” para
ello se fundamentan en crear y difundir “propuestas factibles, creativas e
innovadoras”.
Todo esto se
encuentra en fase de proyecto, pero Fanny
Barbera nos permite acceder a la estructura de su ONG:
El secreto está en la estructura
¿Cómo lograr que este plan se dé en una Venezuela polarizada y en el que
las redes sociales a veces desinforman más de lo que informan? Ella
no titubea y dice: “Este plan reconoce
que la actualidad venezolana es propicia para la acción ciudadana (…) es tiempo
de la participación innovada, adaptada a las tendencias comunicacionales y al
contexto nacional y local”.
Se decanta
por “una
plataforma de participación ciudadana virtual, apoyada en las redes sociales y centrada en temas impersonales, de
amplia convergencia, pues luego de tres décadas de diatribas, es momento de
buscar lo que nos une”.
Lo que ella sueña es que cada persona y su “experiencia fortalezcan el proceso de
reconstrucción de Venezuela. El proyecto basa su lógica en, la participación,
la organización y la comunicación ciudadana, elementos básicos de la democracia”.
Pero, va más allá y “pretende superar la limitación de la unidad política, ofreciendo la
unidad en la temática”. Esto significa
que las personas y líderes se aglutinen en temas específicos que nos
afectan como ciudadanos venezolanos y nos mantengan en una pausa sana de las
diatribas políticas e ideológica.
La idea es mirar hacia un asunto, hacer una evaluación
y centrar la acción hacia el mejoramiento. En sus palabras, se trata de “escucharnos y valorarnos” con miras a
la “transformación del país y, a su vez,
desafiando la práctica de los partidos políticos tradicionales de presentar en
cada proceso electoral un plan de gobierno no consultado y sin base ciudadana”.
¿Y el miedo?
Fanny Barbera no deja fuera de la ecuación la desconfianza y la
inactividad de los ciudadanos en el país. Comprende que hay motivos para temer y
tampoco vacila al enfatizar que “es
entendible el miedo a la represalia y su efecto paralizante” por lo que
siente que “es pertinente resaltar que,
en eso consiste el liderazgo, en tomar la batuta e iniciar caminos, en la
superación del miedo, haciendo posible el alcance de los proyectos, aunado a la
visión de equipo, al seguimiento de un plan, a la disponibilidad de recursos y
al uso de tácticas de protección y seguridad”.
No deja la realidad a un lado y es
consciente de que “el activismo ciudadano
debe ejercerse con seguridad, exigiendo la adaptación continua a las señales de
riesgos y aceptando las circunstancias que nos toca vivir” al “esperar tiempos
mejores”.
Los animales… siempre los animales
Quienes me
conocen saben que rescato perros y gatos
desde antes de saber leer y escribir. Eso me gustó de Fanny: ama a los animales. No puedo modificar ni una
sola letra de lo que dijo y pido excusas por no intervenir el texto de manera periodística,
pero cuando le pregunté sobre los derechos animales en un país en el que cada
espacio y aspecto merece cuidado y atención me dijo esto:
“Por formación profesional, fe y valores familiares he adoptado el
humanismo como filosofía de vida, sus principios tienen cabida en todas las
corrientes del pensamiento, menos en el autoritarismo (…). En los humanistas no
existe la posibilidad de pensar en una nueva Venezuela sin las debidas
consideraciones ambientales. La fauna, la flora, el agua, el aire, la tierra y
todos los recursos naturales son parte del ecosistema y es nuestra
responsabilidad humana brindarles cuidados, tener como prioridad a los grupos
vulnerables, no significa excluir del presupuesto público, ni familiar a los
animales ni al ambiente. Es importante emprender la búsqueda de opciones para
su atención y, si no existen, tenemos la posibilidad de crear y proponer
alternativas, de eso se trata la participación ciudadana”.
Cuando una docente y líder cambia las o por las y es de mi agrado.
No son los niños o los ancianos o los animales o los pensionados o los
trabajadores, sin que, en su proyecto dice los niños y los ancianos y los
animales y los pensionados y los trabajadores vale la pena prestarle atención. Aquí les dejo esto para la reflexión.
Por Mónica Gallo
Giancola / Entre Todos D.

