Se estima que el cocodrilo tuvo más de 120 crías en
cautiverio; la historia del animal que forjó un vínculo con su cuidador y su
familia
“Crecí como la hermanita de Tarzán”. Así describe la
periodista venezolana Cecilia González su infancia, pues, a
diferencia de otros niños, no tuvo un perro, un gato o algún ave como mascota.
“La casa era un zoológico”, dice, mientras asegura que el patio de la propiedad
de sus padres, en la localidad costera de Carúpano, a 530
kilómetros al este de Caracas, albergó monos, un oso hormiguero,
perezas (osos perezosos), chigüires (carpinchos) y numerosas aves de corral.
Los animales, muchos de los cuales fueron llevados por
vecinos que los rescataron o ya no podían hacerse cargo de ellos, estaban en
libertad, salvo uno: un caimán (cocodrilo). El reptil, al que
bautizaron como Juancho, no era un cocodrilo cualquiera. Se trataba
de un caimán del Orinoco (Crocodylus intermedius), el
cual es considerado como uno de los mayores depredadores de América
Latina.
Hoy, el animal que una vez formó parte de un improvisado
zoológico familiar está en un acuario de Estados Unidos y desde allí
cumple un papel clave en la preservación de su especie, la cual se encuentra en
“peligro crítico” de extinción, según la Unión Internacional para la
Conservación de la Naturaleza (IUCN, por sus siglas en inglés).
El encuentro
La historia de Juancho está llena de viajes poco comunes para
la mayoría de su especie. El primer registro del reptil lo ubica en Carúpano,
a cientos de kilómetros de la zona de donde es originario: la cuenca
del río Orinoco, el principal río de Venezuela ubicado en el sur del país.
¿Cómo llegó entonces al norte, hasta las orillas del mar
Caribe? “A principios de 1980, un señor que venía conduciendo desde (el estado)
Bolívar (en el sur del país) se acercó a la casa con un balde en el que estaba
un caimancito de 32 centímetros, que dijo que se encontró cerca de
un río que se había desbordado”, relata Cecilia González a BBC Mundo.
“Seguramente, la familia del hombre, al ver el animal, le
habrá dicho: ‘¿Qué hacemos con eso? Ve donde Pedrito (el padre de la
comunicadora) y dáselo”, agrega. El padre de González, que era un ecologista
muy conocido en la zona, se quedó con el cocodrilo. “Recuerdo ver al
animalito dentro de esa poncherita (especie de balde). Yo tenía siete u ocho
años”, rememora.
Con el paso del tiempo, Juancho creció y el padre de la
periodista intentó recrearle un hábitat lo más parecido al suyo.
“Cuando tenía más de medio metro, mi papá le hizo como una especie de río
artificial y una cueva, y lo soltó allí para que creciera. Y luego, cuando
creció más, le levantó un muro para que no saliera ni nadie entrara a su
espacio”, dice.
Juancho siguió creciendo hasta medir más de 3 metros. “Cuando digo que me crie con un
caimán del Orinoco la gente cree que me subía a él, que dormía con él en la
cama o que lo acariciábamos como si fuera un perro, pero no. Él estaba en su
espacio, él cazaba su comida o nosotros se la lanzábamos”, explica Cecilia
González.
“Eso sí, cuando lo llamábamos por su nombre, él salía
de la cueva que tenía y venía hacia nosotros. Era impresionante ver cómo
salía ese hocico de la cueva”, aseveró.
El segundo viaje
La estadía de Juancho con los González terminó en 1996. Un
año antes, el padre de la periodista falleció y la familia comenzó a cuestionarse
si era adecuado que el animal siguiera donde estaba. “Había que buscarle un
lugar más grande para que estuviera más cómodo, además la manutención era
cara”, explica.
Sin embargo, admitió que la seguridad fue un asunto que pesó
en la decisión. “Por la zona comenzaron a construir casas y, aunque mi papá nos
enseñó a respetar a los animales y a la naturaleza, temíamos que alguien se
metiera en la propiedad y pasara algo”, recuerda.
González, quien ya ejercía el periodismo, entró en contacto
con el biólogo Álvaro Velasco, que en esa época trabajaba en el extinto
Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales de Venezuela en el proyecto
que buscaba salvar a esta especie de la extinción.
“Yo fui a Carúpano a buscar el caimán, el cual estaba en
perfectas condiciones y lo llevamos a un zoocriadero a las orillas del río
Apure (al sur de Venezuela, cerca de la frontera con Colombia) y lo pusimos con
una hembra”, le cuenta a BBC Mundo Velasco.
“Yo no estuve cuando lo fueron a buscar, porque para mí era
parte de la familia. Mi mamá tampoco quiso estar, pero muchos vecinos y
otros familiares sí fueron a despedirlo”, recuerda González.
Embajador de Venezuela
Con el animal en su nuevo hogar, la periodista, quien se
especializó en temas medioambientales, siguió en contacto con Velasco para
saber de su suerte. “‘Juancho está chévere, tiene una novia’, me dijo
una vez Álvaro”, relató González.
Sin embargo, en 1998 el biólogo la contactó para informarle
que el reptil iniciaría un nuevo viaje, esta vez rumbo a EE.UU. El
desaparecido Servicio de Protección de la Fauna del Ministerio del Ambiente
(Profauna) había suscrito con el Dallas World Aquarium un acuerdo para enviar
una pareja de caimanes del Orinoco adultos como “embajadores de conservación”,
de acuerdo con el sitio web del centro estadounidense.
“Me dijo que lo iban a enviar para que se reprodujera y que
sus crías serían enviadas a Venezuela”, narró la comunicadora. “Años después,
Álvaro dejó el Ministerio y perdí todo contacto con él, por lo que no supe nada
más de Juancho”, dijo.
Asegurando el futuro de su especie
A finales de 1998, Juancho y una hembra llamada
Miranda llegaron al acuario texano en un avión procedente de Caracas,
y en 2003 recibieron a sus primeras crías.
“Mediante cuidados adecuados y adaptaciones especiales en el
recinto como luz ultravioleta, un banco de arena, calefacción del aire y del
agua; además de alimentación balanceada, se logró que la pareja se reprodujera
exitosamente”, explicó a BBC Mundo Luis Sigler, biólogo del
Dallas World Aquarium.
El experto aseguró que 54 crías de Juancho fueron
enviadas a Venezuela en 2009. “Estos ejemplares se obtuvieron de las posturas
de los años 2006 y 2007; por lo que los cocodrilos tenían entre 2,5 y 1,5 años
de edad”, agregó.
Para incrementar las posibilidades de reproducción, los
especialistas del acuario texano se aseguraron de que todas las crías
fueran hembras y, para ello, manipularon la temperatura durante el
proceso de incubación. “Los huevos se recolectaron con mucho cuidado y se
transportaron a una incubadora, donde se colocaron a una temperatura de 30,5
grados centígrados para la obtención de hembras”, explicó.
Pero, ¿qué ocurrió con las crías enviadas a Venezuela? “Tras
un proceso de adaptación en un criadero, fueron liberadas en distintas
partes del sur del país”, afirmó Velasco.
Sin embargo, hubo que esperar años para confirmar que las
hijas de Juancho sobrevivieron y se hayan reproducido con éxito. “En 2019,
tuvimos la suerte de capturar a una de las hembras que llegó de Dallas, la cual
-cuando la soltamos- medía un metro y medio; y cuando la recapturamos medía
3,25 metros; es decir, se adaptó perfectamente”, afirmó Velasco.
“Además, la capturamos en una zona del río Capanaparo (al sur
de Venezuela y cerca de la frontera con Colombia) donde hemos observado un
incremento de los nidos y crías de caimán del Orinoco desde 2015”, remató.
Por su parte, Sigler destacó la importancia del hallazgo.
“Esas crías avistadas son las primeras nietas conocidas de Miranda y Juancho”,
apuntó. Y ¿cómo los expertos están seguros de los orígenes de las crías?
Para reconocer a las llamadas “vaqueritas de Dallas”,
como fueron apodadas las hijas de Juancho y Miranda, Sigler precisó que, al
nacer, “se les removieron un grupo de escamas ubicadas en las crestas de la
cola y en Venezuela les colocaron una grapa metálica numerada en sus patas”.
Desde 1990, los distintos programas gubernamentales y
privados puestos en marcha en Venezuela para conservar a esta especie
permitieron liberar a la naturaleza a más de 12.000 ejemplares nacidos
en cautiverio. Y gracias a estas iniciativas, hasta el momento, se
detectaron “cuatro poblaciones reproductivas pequeñas que cada año
producen ocho a 12 nidos”, afirmó Velasco.
No obstante este avance, el experto admitió que el futuro de
la especie sigue siendo incierto. “Entre los años 1930 y 1950 se cazó
masivamente a este animal por su piel”, explicó Velasco, quien indicó que hoy
su principal amenaza sigue siendo el hombre. “Las comunidades indígenas comen
los huevos y también la carne del caimán. Por eso hemos llegado a acuerdos con
algunas de esas comunidades para que nos entreguen los huevos y ejemplares
pequeños a cambio de comida”, dijo.
El reencuentro
Aunque González perdió el rastro de Juancho,
jamás lo olvidó. “A mis hijos les contaba la historia de cómo tuve un caimán. Y
ellos, que de pequeños tuvieron ropita con dibujos de caimanes y peluches de
cocodrilos, me decían: ‘Mami cuéntame otra vez cómo era Juancho’”, dijo.
“Sin embargo, nunca me puse a averiguar qué ocurrió con
Juancho, porque me daba miedo: ‘¿Y si se murió?’, pensaba”. Pero en 2019,
Gabriel Moncada, el hijo mayor de González y quien también estudia periodismo,
se puso a indagar en internet hasta que dio con un video de Sigler en el que se
ve cómo alimentan a un caimán del Orinoco al que alguien llama Juancho.
“‘¡Mami, creo que lo encontré!’, cuando mi dijo me dijo esto
yo pegué un salto y me fui a su computadora”, relató. La familia González se
puso en contacto con Sigler a través de su cuenta de Instagram y, él, a su vez,
se comunicó con Velasco para confirmar el inusual pasado del reptil.
La historia hoy forma parte de un cuento infantil
titulado “Juancho el caimán carupanero” que González escribió
y el cual va por su segunda edición.
Mientras tanto, el protagonista del cuento infantil ya tiene
45 años y goza de “muy buena salud”, según Sigler. “Juancho es un cocodrilo muy
grande y seguramente está entre los 10 más grandes que hay en
zoológicos o acuarios de EE.UU. Tiene una talla estimada de 4,5 metros y un
peso de casi 400 kilos”, indicó el biólogo.
Entre 2003 y 2009, el caimán tuvo con Miranda, quien
falleció en 2020, 120 crías. Hoy, sus descendientes no solo están en los
ríos venezolanos, sino que otros se pueden encontrar en casi una docena de
zoológicos y acuarios de EE.UU., e incluso en uno de Dinamarca.
Asimismo, la prole de Juancho sigue aumentando. En 2025, tras
14 años sin producir un hijo, tuvo otro con Demetria, su nueva compañera,
apuntó Sigler. González, por su parte, espera poder viajar con sus hijos a
Dallas para ver al animal con el que creció.
Por Juan Francisco Alonso – Tomado de BBC Mundo / Imagen 1 (crías de caimán del Orinoco nacidas en cautiverio): JUAN BARRETO/AFP vía Getty Images. Imagen 2: Cortesía Dallas World Aquarium.

