China recibe este fin de semana a los líderes de países que
suman casi un cuarto del PBI mundial y el 42% de la población y que buscan
establecer un nuevo orden mundial antioccidental
Por Luisa Corradini
PARÍS. - Los eslóganes de la propaganda china han empapelado
toda la ciudad. La seguridad fue colocada en su máximo nivel y los medios
estatales en alerta, repitiendo día y noche los mismos elementos de
lenguaje. China acoge este fin de semana su mayor cita diplomática del
año, la 25ª cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), uno de
los mecanismos utilizados por Pekín para construir su propio bloque, frente a
los Estados Unidos de Donald Trump y a la Unión Europea (UE). Junto al
ruso Vladimir Putin y el indio Narendra Modi, el
chino Xi Jingping espera demostrarle a Occidente el poderío creciente
de ese nuevo orden mundial.
Más de 20 jefes de Estado y de gobierno fueron invitados por
el presidente chino a la cumbre que se realiza este domingo 31 de agosto y
el lunes 1° de septiembre en Tianjin, gran ciudad portuaria de casi 14
millones de habitantes en el noreste de China, que durante mucho tiempo fue una
vitrina para Pekín.
Entre ellos: el presidente ruso Vladimir Putin, el primer ministro indio Narendra Modi (en su primera visita a China en siete años), el presidente turco Recep Tayyip Erdogan, el presidente iraní Ebrahim Raisi, los primeros ministros de Pakistán, Malasia, Camboya y Vietnam, así como los dirigentes de toda Asia Central y el secretario general de la ONU António Guterres.
Para Xi, la foto final promete ser grandiosa. Al igual que
para Putin, que sale un poco más de su aislamiento internacional, dos semanas
después de su
encuentro en Alaska con Trump.
“La cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghai
(OCS) de este año será la más importante desde la creación de la
organización en 2001”, declaró la semana pasada un funcionario del ministerio
de Relaciones Exteriores chino, que calificó al bloque como “una fuerza
importante en la construcción de un nuevo tipo de relaciones internacionales”.
La reunión, la más ambiciosa desde la creación de este
formato en Shanghai hace 24 años, deberá demostrar, a través de imágenes,
encuentros y una declaración conjunta, que ese proyecto ahora estructura
una parte del mundo.
Lanzada en 2001 por seis países (China, Rusia, Kazajistán,
Kirguistán, Tayikistán, Uzbekistán) para resolver sus conflictos fronterizos
derivados de la caída de la URSS, la OCS cuenta hoy con diez miembros (entre
ellos India, Pakistán, Irán y Bielorrusia), así como dos miembros
observadores (Mongolia y Afganistán) y 14 países llamados “socios de diálogo”
como Egipto, Turquía y Arabia Saudita.
Se trata de un bloque cuya importancia global no deja de
aumentar. En dos décadas, la participación de la OCS en el PBI mundial pasó del
5% en 2001 a más del 23,5% y representa al 42% de la población mundial.
Aunque las cumbres de la OCS se celebran cada año, por turno,
en uno de los diez países miembros, esta edición de 2025 tiene una
importancia política y simbólica particular para China. En plena guerra
tecno-comercial con Estados Unidos y la UE, Pekín aprovechará para mostrarse
como una potencia estable y razonable, garante de un nuevo orden mundial más
favorable a los países emergentes que el construido por los occidentales hace
80 años, tras la Segunda Guerra Mundial. Un excelente “coup” (golpe)
diplomático que se prolongará el 3 de septiembre en Pekín con un gran
desfile militar, al que asistirá el jefe supremo norcoreano, Kim Jong-un, así
como Vladimir Putin.
Pekín, que ejerce la presidencia rotativa de la OCS este año,
busca usar esa posición para “demostrar al resto del mundo que, si hay un
mundo liderado por China, no será liderado conjuntamente con Europa o Estados
Unidos”, opina Yu Jie, investigador principal sobre China en el Programa
Asia-Pacífico de Chatham House.
“China está emergiendo políticamente como un claro
ganador en este momento”, afirma Yu.
Y naturalmente, la cumbre será marco adecuado para múltiples
reuniones bilaterales. El consejero de Putin, Yuri Ushakov, dijo el viernes
que el presidente ruso se reuniría con Xi junto con ministros y
funcionarios “para una taza de té”. También se espera que mantenga
conversaciones con otros líderes, incluidos Modi, Pezeshkian, Erdogan y
Aleksandar Vucić de Serbia.
La cumbre se produce días después de que Washington aumentara
los aranceles a India al 50%, debido a sus compras de petróleo ruso.
Los analistas también esperaban una “asistencia robusta” este año desde
el sudeste asiático, donde las economías dependientes de las
exportaciones han sido sacudidas por los amplios aranceles de Trump.
Desacuerdos
No obstante, aunque China pretende que la cumbre sea una
demostración de unidad, la OCS está en realidad minada por desacuerdos entre
sus miembros (notablemente entre India y Pakistán, enemigos históricos). La
OCS también carece de un denominador y un objetivo común. No es ni una alianza
militar como la OTAN, ni una zona de libre comercio como la APEC o la Unión
Europea.
Pero, sobre todo, los analistas estarán atentos a la
reanudación del diálogo trilateral entre China, Rusia e India, que se
detuvo después de que las tropas chinas e indias se enfrentaron a lo largo de
su frontera compartida en 2020.
A juicio de Amit Ranjan, investigador en el Instituto de
Estudios del Sur de Asia de la Universidad Nacional de Singapur, reparar
las relaciones con Pekín sería un acto de equilibrio desafiante para
Modi, dado la profunda desconfianza entre esos rivales estratégicos de
larga data.
“No es muy fácil resolver todos estos problemas en solo unos
pocos días”, afirma Ranjan.
China e India han estado enfrentadas desde una guerra en
1962. Y las relaciones tocaron fondo hace cinco años tras unos mortíferos
enfrentamientos a lo largo de su disputada frontera en el Himalaya. Las
tensiones aumentaron nuevamente en mayo por el suministro de armas de China
—incluidos aviones de combate— a Pakistán.
Brahma Chellaney, profesor de estudios estratégicos en el
Centro de Investigación de Políticas en Nueva Delhi, considera que “la visita
de Modi a China en este momento no podría ser peor”, después de los aranceles
de Trump y el reciente apoyo militar de China a Pakistán. “Modi será visto
como viajando a China en posición de debilidad, mientras busca el acercamiento
con Xi”, afirma.
Por su parte, “China y Rusia, alineadas sin ser aliadas,
ambas ven Asia Central como su esfera de influencia, aunque sus intereses
divergen. A su vez, los países de Asia Central deben equilibrar sus relaciones
con ambos países [...] mientras que India, que se unió a la OCS en 2017,
debe lidiar con todas las principales potencias: China, Rusia y Occidente”,
afirma Claus Soong, analista del think tank Merics en Berlín.
Por ejemplo, a mediados de junio, India se negó a firmar el
comunicado conjunto de la OCS por el que se condenaron los ataques de Israel
contra Irán. En ese contexto, la cumbre no debería conducir a avances muy
concretos. Los países miembros firmarán una declaración común, una hoja de
ruta para la OCS con horizonte en 2035 y comunicados que celebrarán el 80º
aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial, así como el 80º aniversario
de la ONU.
“Xi querrá aprovechar la cumbre para mostrar a qué empieza a
parecerse un orden internacional post-estadounidense, y que todos los
esfuerzos de la Casa Blanca desde enero para contrarrestar a China, Irán, Rusia
y ahora India, no han tenido el efecto esperado”, observa Eric Olander, editor
jefe del China-Global South Project. Queda por ver si India jugará
el juego de China dejando que Pekín ejerza su liderazgo.
Por su parte, Modi, Xi y Putin ya compartieron el mismo
escenario el año pasado durante la cumbre de los Brics en Kazán, Rusia,
mientras los líderes occidentales le daban la espalda al dirigente ruso debido
a su guerra en Ucrania. Y la semana pasada, representantes de la embajada rusa
en Nueva Delhi declararon que Moscú esperaba que pronto se llevaran a cabo
discusiones trilaterales con China e India.
Para el trío India-China-Rusia, los desafíos también son
económicos. Debido a la guerra comercial liderada por Trump y las
sanciones occidentales contra Rusia, los tres países aspiran a independizarse
de Occidente profundizando sus intercambios económicos. India ya lo hace al
continuar importando masivamente petróleo ruso que paga en rupias y no en
dólares.
Pero lo más importante de esta cumbre va más allá. Aun cuando
no se produzcan anuncios políticos sustanciales durante la reunión, para Xi,
así como para su principal invitado, Putin, la ocasión habrá alcanzado con
creces sus objetivos. Como lo afirma Eric Olander, “esta cumbre es una
cuestión de imagen. Y será una imagen realmente poderosa”.
Tomado de La Nación / Argentina. Imagen: AP Foto/Alexander
Zemlianichenko, Pool.