El laureado escritor
nicaragüense, desterrado, expropiado y desnacionalizado por el gobierno de
Daniel Ortega, recibió el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de
Guadalajara, México.
Grandes escritores en el mundo han sufrido destierro, cárcel
o muerte por su compromiso con el libre pensamiento. Desde los españoles Miguel
Hernández y Antonio Machado, fallecidos en prisión y en exilio en el siglo
pasado, hasta los argentinos Haroldo Conti y Rodolfo Walsh, asesinados por la
dictadura militar (1976-1983), la lista parece interminable.
Uno de ellos, desterrado dos veces por dictaduras, es el
nicaragüense Sergio Ramírez, que el pasado miércoles recibió el Doctorado
Honoris Causa de la Universidad de Guadalajara, México, frente a un auditorio
de estudiantes y académicos que lo ovacionaron de pie, con lágrimas de emoción.
La academia reconoció así en Ramírez, Premio Cervantes de
Literatura 2017, "su amplia y destacada trayectoria” como novelista,
periodista y ensayista, y "su invaluable aporte a la literatura
latinoamericana”.
"No podrán exiliarme de mi lengua”
"Yo pertenezco a esa larga tradición de quienes pagan un
precio por sus palabras, dos veces bajo orden de prisión, y dos veces obligado
al exilio, primero en mi juventud por una dictadura familiar, y tantos años
después, por otra dictadura familiar”, dijo el laureado novelista de 82 años en
su discurso de agradecimiento, frente a más de un centenar de personas que lo
escucharon conteniendo la respiración.
"Pero hay algo de lo que nunca nadie podrá exiliarme
–agregó– y es de mi propia lengua. Porque mi lengua de escribir realidades, y
de crear mundos imaginarios, es una lengua que no conoce fronteras.”
"Con mi lengua recorro todo un continente, atravieso el
mar, y siempre me dejaré escuchar. Y si mis libros están prohibidos en
Nicaragua, las veredas clandestinas de las redes sociales hacen que lleguen a
mis compatriotas lectores, igual que pasaba antes con los libros inscritos en
las listas negras de la inquisición, que atravesaban de contrabando las
fronteras a lomo de mula, o burlaban las aduanas, escondidos en barriles de
vino, o de tocino”, dijo al referirse a la trascendencia de su obra que ahora
promueve desde España, su país adoptivo y que le dio la nacionalidad en 2023,
después que el gobierno de Daniel Ortega se la quitara.
Para el laureado autor de Castigo Divino y Margarita, está
linda la mar, entre una vasta obra literaria traducida a más de 20 idiomas, las
palabras son "temibles” para el poder, "porque tienen filo” y porque
al desafiar la palabra oficial son "la expresión misma de la libertad”.
"El poder rastrero pone precio a la cabeza de los
escritores, prohíbe la circulación de sus obras, los mete en la cárcel, los
condena al exilio (…). Por la palabra libre hay un precio que pagar, cuando el
poder de las dictaduras lo que quiere es el silencio, o la mentira, o el halago”,
resaltó.
El exilio: "incertidumbre,
pesar, nostalgia”
Recordó que también en el siglo pasado fueron
desterrados dos veces por dictaduras el venezolano Rómulo Gallegos, autor de
Doña Bárbara, y el dominicano Juan Bosch. Años antes habían huido de Guatemala
a México los escritores Augusto Monterroso y Luis Cardoza y Aragón.
Más al sur, el perseguido poeta chileno Pablo Neruda tuvo que
cruzar la cordillera de los Andes hacia Argentina, donde también se exiliaron
el paraguayo Augusto Roa Bastos, Premio Cervantes 1989, y los reconocidos
escritores uruguayos Mario Benedetti y Juan Carlos Onetti.
Al referirse a su salida de Nicaragua una mañana de mayo hace
tres años, Ramírez dijo que cerró la puerta de la casa junto a su esposa Tulita
sin sospechar que ya no podrían regresar, porque el gobierno emitió poco
después una orden de captura. La llave que se había guardado en el bolsillo
reapareció hace un tiempo y por azar en el forro de una maleta, según relató.
"Una llave guardada abre y cierra el destino, y una
maleta abierta significa también las incertidumbres y las esperanzas del
destino que pesa sobre todo exiliado. Incertidumbre, pesar, nostalgia,
esperanza, que son las marcas de la imposibilidad del regreso a la tierra
natal”, expresó.
Nicaragua, un sueño recurrente
Relató que ahora, en su nuevo hogar madrileño en la Ronda de
Atocha, sueña de forma recurrente con Nicaragua y en ese sueño se ve a sí mismo
entrando a su pueblo natal, Masatepe, y "recorriendo las calles en un
vehículo abierto”. La gente se asoma y él pasa por la casa de su infancia donde
sus padres también están asomados a las puertas, pero él no puede bajar a
abrazarlos porque el vehículo en el que va no se detiene.
También confesó que las dos maletas con las que salieron de
su casa "siguen aún sin cerrarse”, pues "el síndrome de la maleta
abierta denuncia al exiliado que no se resigna a quedarse, y espera siempre
regresar. Estar de paso es hallarse siempre esperanzado de volver”.
Y parafraseando al alemán Bertolt Brecht, en su poema
Meditaciones sobre la duración del exilio, dijo: "No pongas ningún clavo
en la pared / tira sobre una silla tu chaqueta. / ¿Vale la pena preocuparse por
cuatro días? /Mañana volverás”.
(ers) Tomado de D.W. /
Alemania. Imagen: Gabriela Selser/DW.
