Heike Jüngst
Muchos
alemanes no podrían imaginarse un 24 de diciembre sin el abeto decorado con
esferas brillantes y coloridas. ¿Cómo llegó este árbol desde los bosques a la
sala de los hogares?
En Alemania
no hay fiesta de Navidad sin árbol: unos 21 millones de árboles naturales
adornaron las habitaciones germanas el pasado año, reporta la Asociación de
Productores de Árboles de Navidad (BWS, por sus siglas en alemán). Eso sí, cada
persona, familia y región interpreta la tradición a su manera.
¿Quién lo inventó?
El árbol de
Navidad es “un invento”, afirma el ensayista Bernd Brunner en un libro que
titula justamente: “La invención del árbol de Navidad”. Según sus
investigaciones, ningún texto de historia da cuenta de una fecha de nacimiento
exacta de la ahora central pieza del decorado navideño, no sólo en Alemania.
Podría
haber aparecido por primera vez en Friburgo, en el año 1419, donde se dice que
una panadería-dulcería lo adornó con galletas de especias y nueces. Pero nadie
puede demostrarlo. Otras ciudades como Tallin, la capital de Estonia, o Riga,
la de Letonia, se adjudican también la invención y exposición del primer árbol
de Navidad. Pero la leyenda de Friburgo es de todos hermosa: en año nuevo,
según se cuenta, se les permitió a los niños sacudir y saquear el árbol repleto
de golosinas.
Las más
antiguas pruebas documentales de la presencia de un árbol de Navidad provienen
del suroeste del espacio lingüístico germano, sobre todo de zonas protestantes.
Desde la alsaciana Sélestat (Schlettstadt, en alsaciano y alemán) se ha
transmitido hasta nuestros días la noticia de que personas notables de la
localidad adornaron un árbol con manzanas y obleas, que luego podían ser
degustadas el Día de Reyes.
Existen
además pruebas documentales de que la Catedral de Estrasburgo exhibió un árbol
de Navidad en 1539. Y aunque fueron los gremios y asociaciones quienes
terminaron por establecer la presencia de estos arbustos coníferos siempre
verdes en sus sedes, la costumbre no se expandió a las casas sino hasta entrado
el siglo XIX. Eso sí, sólo las clases adineradas podían darse este lujo. Al
pueblo le tocó conformarse en principio con gajos de frescura y duración
limitadas.
De culto de
brujas a tradición cristiana
Sobre las
más profundas raíces de esta tradición circulan también numerosas teorías.
Antiguas culturas, que practicaron la adoración de bosques y plantas sagradas,
consideraban que en los llamados árboles de hojas perennes habitaban dioses,
que eran fuentes de vida. Se les asociaba con la salud, fertilidad, fuerza
vital, protección. Los romanos coronaban sus casas con ramas de laurel para
saludar el nuevo año. Pero el actual árbol cristiano surgió con la novena de
Navidad, en el Medioevo, cuando la doctrina cristiana comenzó a representarse
como pieza teatral para los fieles iletrados.
Durante
mucho tiempo, las iglesias se negaron a tolerar el árbol pagano. “Pero el
pueblo se impuso y la iglesia evangélica, siguiendo su tradición democrática,
convirtió al árbol de Navidad en símbolo de estas festividades para todo
creyente protestante”, dice el pastor Jeffrey Myers. Según fuentes
históricas, fue hacia fines del siglo XIX que el árbol de Navidad apareció
también en las regiones católicas de Alemania y
Austria.
De objeto
de culto a escultura pop
El primer
árbol iluminado se registra alrededor del año 1611, cuando la duquesa Dorothea
Sibylle de Silesia le agregó velas al decorado. En torno a 1830 se sumaron las
esferas de cristal soplado. Según la leyenda, la idea de estas esferas
coloridas se le ocurrió a un pobre vidriero de la oriental Lauscha, en
Turingia, que no podía darse el lujo de colgar en el árbol las caras nueces y
manzanas de los ricos. Cierto o no, el hecho es que, hasta el día de hoy, la
región es internacionalmente conocida como una de las más importantes en el
arte del soplado de vidrio en Europa Central.
De cristal
o plástico, las esferas son hoy parte indiscutible del decorado del árbol
navideño. Chillonas o clásicas, de uno o varios colores, según se ponga de
moda. Con el paso del tiempo la decoración del árbol se ha vuelto cada vez más
opulenta y suntuosa. Y las más “increíbles” tendencias de la moda se muestran
cada año en la Christmasworld, la mayor feria internacional de
decoración navideña, en Fráncfort del Meno, cuenta también el pastor Jeffrey
Myers. Si uno se fija en todo lo que allí se muestra, puede llegar a la
conclusión de que el árbol ha vuelto a su origen pagano, dice.
El pastor
ya estuvo en la feria una vez, en un pabellón de la iglesia evangélica, para
insistir en el significado religioso de la festividad: aunque nadie sepa la
fecha exacta del nacimiento de Jesús de Nazareth, la Navidad es la celebración
del nacimiento de Jesucristo y "muchos lo han olvidado", cree Myers.
No obstante, en Alemania, el pastor se siente a gusto: después de enterarse de
todas las tendencias, los alemanes siguen colgando en el árbol lo mismo que
colgaban en su niñez. De ahí que, por estas tierras, las clásicas bolas rojas,
plateadas y doradas sigan brillando entre las ramas siempre verdes del abeto
navideño.
Autora:
Heike Jüngst / RML - Editor: Enrique López
Tomado de D.W, / Alemania. En la imagen
de AP, el árbol de navidad instalado en la Plaza Roja de Moscú.
