El servicio costaba unos tres euros,
aunque por algo más el cliente podía escoger al empleado que lo abofeteaba
Carlos
Prego
A los bares
se va a muchas cosas. Hay quien busca una copa. Quien pretende pasar un buen
rato entre amigos o probar suerte en el amor. Y hay quien paga por recibir un
sopapo, una sonora, reverberante y picante bofetada que le permita recobrar la
sobriedad de golpe (nunca mejor dicho). Eso último es lo que hasta
hace no mucho ofrecía una cadena de bares tradicionales japoneses en
los que, por un módico precio, de apenas tres euros, el cliente podía pedirle
algo peculiar a las camareras: un bofetón que contrarrestase el efecto de todo
el sake que hubiese bebido.
No le ha salido como esperaba.
Mamporros a
la carta. En la carta de un bar uno espera encontrarse refrescos, cervezas y
cócteles. Algo de picar, quizás. Mucho menos común es toparse con un servicio
de abofeteo bajo demanda, que es justamente lo que hasta hace no mucho ofrecía
a sus clientes una cadena japonesa de izakayas, restaurantes
típicos del país.
La noticia
la han recogido medios como Independent o South
China Morning Post (SCMP), que explican que hasta hace dos
meses la firma Yotteba,
popular sobre todo por su cerveza y alitas, permitía a sus clientes pagar a cambio
de que las camareras les propinasen un guantazo, lo que allí se conoce
como binta.
Un bofetón,
tres euros. El negocio incluso tenía sus propias tarifas estipuladas. Si
querías que un camarero al azar te cruzase la cara debías pagar 500
yenes, equivalente a unos tres euros. El local te permitía también la
posibilidad de escoger al empleado que te calentaría el rostro, aunque a cambio
de un plus de 100 yenes, alrededor de 60 céntimos. Por algo menos de cuatro
euros podías salir del establecimiento con la palma de la mano de tu camarero o
camarera favoritos bien impresa en la mejilla.
¿Y eso por
qué? Por sus supuestas bondades. El "servicio de bofetadas" se
planteaba como una opción para los clientes que se habían pasado con las copas
y quería despejarse antes de volver a casa, según
recoge SCMP citando a la propia cadena. La idea es que el cliente
pudiese pedir a una camarera que le abofeteara en el rostro antes de salir del
local. Y pagar por ello, claro. Suena extraño, pero en las redes se pueden
encontrar vídeos que
muestran exactamente
eso: gente sentada en taburetes de restaurantes, estática, mientras espera
que otra persona le cruce la cara.
Remontándose
al siglo XIX. La bofetada en cuestión se conoce como binta, término
que según precisa Independent tiene
sus orígenes en la región de Kagoshima, en el sur de Japón. En un principio
significaba "cabeza" y entre los siglos XIX e inicios del XX, durante
la era Meiji, quedó
asociado entre otras cuestiones a los golpes asestados por la policía a los
criminales. A pesar de esos orígenes, la fórmula ha encontrado un hueco en el
sector de la hostelería nipona. En los vídeos que
circulan por X, de hecho, las bofetadas suelen propinarse en ambientes
distendidos o incluso entre aplausos.
Un negocio
con puntos débiles. Si quieres recibir un bofetón a la carta en tu próximo
viaje a Japón después de tomar cervezas y alitas en una izakaya lo
tendrás complicado. Yotteba ha decido retirar su "servicio de bofetadas"
alegando cuestiones de demanda e imagen. "Hemos estado haciéndolo más de
dos años haciéndolo en nuestros restaurantes, pero no nos parecía muy
popular", explica
un portavoz de la empresa a This Week in Asia.
"Además, nuestra cadena está creciendo y queríamos cambiar nuestra
imagen".
Los
bofetones dejaron de formar parte del menú de la empresa de hecho hace ya dos
meses, una decisión —deslizan varios medios, incluido
TSCMP— que se habría adoptado por algo más que una simple cuestión de
marketing. La caída en desgracia de los binta estaría
relacionada con una supuesta denuncia
por lesiones. "Era más bien una broma y pensamos que a los clientes ya
no les gustaba", recalcan desde
la compañía que gestiona la cadena de izakayas.
Curioso sí,
extraño no. Lo cierto es que Yotteba, una cadena con más de una docena de
locales repartidos por todo Japón, no es la única firma del sector que ha
decidido ofrecer cachetes a demanda. Ni siquiera es pionera.
Antes de la
pandemia, la cadena Shachihoko-ya daba la misma opción a sus clientes e incluso
consiguió una repercusión más que
respetable en redes precisamente por las
imágenes de gente recibiendo guantazos entre risas y aplausos. La
empresa acabó abortando sus binta, pero eso no impidió que el año
pasado las grabaciones se viralizasen, llegando incluso a medios
de EEUU o Europa.
A la empresa no le quedó más remedio que recordar
en X que en su carta ya solo había bebidas y comidas. Nada de
bofetones.
300 yenes y
a casa. En su caso un servicio "Nagoya Lady´s Slap" costaba 300
yenes, unos 1,8 euros, lo que daba al cliente a derecho a que una camarera
ataviada con kimono le dejase marcada la mano en el rostro. Su lógica era muy
similar a la de Yotteba. Si el usuario tenía algún empleado favorito podía
pedirle directamente que fuese él quien lo golpease pagando algo más. Todo con
tal de 'rebajar' el efecto de la cerveza o el sake y volver a casa (algo) más
sereno.
Tomado de Xataka / Imagen de Linh Nguyen (Unsplash)