Francisco Carrión@fcarrionmolina
Belén (Palestina)
Por segundo
año los cristianos palestinos celebran la Navidad con el ruido de la guerra en
Gaza, que se ha cobrado más de 45.000 muertos. Los ecos de la tragedia,
que durante estos últimos doce meses ni siquiera ha conocido un breve alto el
fuego, resuenan también en Cisjordania ocupada, en el hogar de Rana Abu
Farha, una periodista cristiana palestina.
“No hay
justificación para matar a un número tan elevado de civiles de esta forma tan
brutal, matándolos de hambre o en ataques contra sus tiendas de campaña. Lo que
ha estado pasando es una locura”, desliza Abu Farha, presentadora de televisión
desde su casa de Belén, la localidad palestina donde el Nuevo Testamento sitúa
el nacimiento de Jesús. Según uno de los últimos censos publicados, los
cristianos palestinos representan alrededor del 2% de la población de
Cisjordania, en torno a 47.000 personas. En Gaza, antes de la ofensiva israelí,
había unos 3.000 feligreses.
Cristianos en Palestina
Para Abu
Farha, la escala de la operación militar israelí en Gaza -con la franja
completamente devastada- “ni siquiera es aceptada por ningún ser humano
que crea en las cuestiones básicas de humanidad”. “Es un genocidio. Qué decir
cuando se trata de la religión cristiana y de los cristianos que creen en la
paz, que creen en el sacrificio de Jesucristo y en lo que hizo, sacrificarse
por los demás”. “Esto sucedió en Jerusalén, cerca de nosotros, donde hoy tienen
lugar todas las otras cosas y lo opuesto por parte de Israel. Siempre me
pregunto cuál es la idea de apoyar al sionismo, cuando el sionismo se basa en
la creencia de que el judaísmo todavía está esperando que el salvador venga a
salvarlos y a darles su tierra prometida”.
La
periodista denuncia que haya clero en Occidente y partidos políticos de
supuestas raíces cristianas, como Vox en España, que muestren simpatía e
incluso apoyo a las acciones del Gobierno de Benjamin Netanyahu. Los de
Abascal tienen lazos con ministros israelíes como Amichai Chikli. “Los
cristianos creemos que el salvador vino y cumplió su promesa y por eso nació
Jesús en Belén, creció en Nazaret y murió y resucitó en Jerusalén. Entonces,
¿por qué el cristianismo sigue apoyando la idea del sionismo? Siempre he tenido
este tipo de pregunta. El cristianismo se basa en el amor; en dar y aceptar al
otro, en la no violencia... Es doloroso para mí como cristiana”, arguye.
¿Por qué el cristianismo sigue
apoyando la idea del sionismo?
Su mensaje
está lleno de interrogantes. “Me pregunto por qué tantos cristianos y tantas
iglesias de todo el mundo, especialmente en EE.UU. y en parte en Europa, como
en España, apoyan a Israel en sus acciones”. “No tengo problemas con la
presencia y la existencia del Estado de Israel conforme a las fronteras de
1967, pero no la ocupación en Cisjordania, Jerusalén, Gaza ni las palabras, las
acciones, las brutales acciones del estado de Israel”. “Creo en la solución de
los dos Estados, y esta es mi opinión, y conozco a muchos palestinos, ya sean
cristianos, musulmanes o de la Autoridad Palestina que lo consideran así.
Incluso hemos llegado a un acuerdo para reconocer a Israel en las fronteras de
1967”, agrega.
La pesadilla de vivir en Cisjordania
“A mí me
gustaría escuchar la respuesta de aquellos que hoy en España apoyan a Israel”,
admite. Abu Farha lamenta las restricciones diarias que enfrenta en
Cisjordania, en
mitad del continuo expansionismo de los asentamientos israelíes. “Quieren
forzar a que nos vayamos. Es una estrategia sistemática en la mentalidad de la
ocupación. Unas acciones ilegales, según la legalidad internacional y las
resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU”, lamenta.
La
reportera rememora pasajes de violencia diaria, de restricciones de movimiento
debido a los puestos de control del ejército israelí y de hostigamiento y medio
por la presencia de colonos armados. “Son demasiadas cosas, desde los
problemas para moverse hasta las redadas diarias a Belén y los pueblos de
alrededor. Desde el 7 de octubre de 2023 [fecha de los ataques de Hamás en
el sur de Israel] la situación se volvió aún peor y más agresiva”,
reconoce.
Abu Farha
recuerda como uno de los momentos más duros de su biografía el asedio al que
las Fuerzas de Defensa de Israel sometieron a la simbólica Iglesia de la
Natividad de Belén durante un mes en 2002. “Fue uno de los muchos incidentes
que dejaron malos recuerdos que afectaron a mi vida y a la de muchos otros en
Belén y Cisjordania. La invasión fue un shock para nosotros, como cristianos,
en primer lugar, porque siempre creímos en la idea de tener la iglesia más
sagrada del mundo, que es la iglesia de la Natividad en Belén. Nunca pensamos
que los israelíes se atreverían a venir e invadirnos, a invadir la iglesia,
matar a decenas de personas alrededor de la iglesia y en la iglesia, incluido
uno de ellos, que era el hombre que solía hacer sonar las campanas en la
iglesia. Le dispararon mientras tocaba la campana a la hora regular de la
iglesia. Recuerdo esto y recuerdo que escribí un pequeño libro sobre ello.
Documentaba los acontecimientos diarios de lo que sucedía allí porque yo vivía
muy cerca del templo”, rememora.
22 años
después, la periodista reconoce vivir con el sentimiento de frustración e ira,
con el dolor de un muro que separa a Belén y Jerusalén, una ciudad a
apenas 15 minutos en coche y a la que solo puede desplazarse con un permiso
cada vez más difícil de obtener. “Durante décadas Belén fue considerada un
barrio de Jerusalén. Los cristianos de Belén y Jerusalén, como minoría en
Palestina, solían estar juntos como familias y se casaban entre ellos. Después
de los cambios políticos de 1967, de la década de 1980 y de la construcción del
muro en la de 2000, se cerraron las ciudades, separando a las familias”.
Con la esperanza
de un Estado palestino mutilada por el control y avance israelí, la periodista
reconoce “mantener la esperanza de vivir en paz”. “Siempre tendré la esperanza
de tener el derecho de movimiento, el derecho de elegir la forma en que quiero
vivir en mi propio país, donde nací y crecí. Pero depende del fin de la
ocupación. Nadie vivirá en paz a menos que se acabe con la ocupación. Terminar
con la ocupación significa también terminar con los asentamientos, retirarse
del territorio, dar a los refugiados el derecho a decidir si quieren volver a
su país o no. Después tendremos que hablar de la igualdad de derechos y de la
solución de los dos Estados. Como palestina y cristiana, mi fe me obliga a
tener esperanza”, concluye.
Tomado de El Independiente / España.
