En resumen, no estoy convencido de que la oposición venezolana pueda
evitar que Maduro se jurara ilegalmente para un nuevo período presidencial el
10 de enero. Y tampoco estoy muy seguro de si González Urrutia y Machado están
haciendo lo correcto al alimentar las esperanzas de que González Urrutia
asumirá la presidencia en territorio venezolano ese día, arriesgando una
decepción generalizada en las filas opositoras si eso no sucede.
Por Andres Oppenheimer / Opinión*
Muchos creen
que el dictador venezolano Nicolás Maduro se aferrará al poder indefinidamente
tras haberse robado las elecciones de julio, y estar planeando juramentarse
para un nuevo mandato el 10 de enero.
Sin embargo,
después de una larga entrevista con la líder opositora Maria Corina Machado, me
pregunto si Maduro está tan fuerte como muchos piensan.
Hablé con Machado pocos días atrás por Zoom, y empecé preguntándole dónde se encuentra, porque Maduro ha dicho varias veces que ella había huido del país. Pero Machado me dijo que está “físicamente” en el corazón de Venezuela, organizando protestas dentro y fuera del país para lograr que el candidato opositor Edmundo González Urrutia— que según las actas de la votación publicadas por la oposición ganó las elecciones - pueda asumir la presidencia el 10 de enero.
Cuando le
pregunté a Machado cómo espera impedir que Maduro se juramente ese día, Machado
citó varias razones por las que ella cree que el dictador venezolano “está en
una posición absolutamente débil, frágil, comprometida, y cada día que pasa lo
estará más”.
En primer
lugar, Machado me recordó que antes de las elecciones del 28 de julio, el
consenso entre los analistas políticos era, al igual que hoy, que Maduro
ganaría fácilmente porque había diseñado las reglas electorales a su medida.
Maduro había
proscrito a Machado y a los otros líderes opositores más conocidos, usó enormes
recursos estatales para su campaña electoral y controló los medios para
silenciar a la oposición. Y, a pesar de todo eso, González Urrutia arrasó en
las urnas con un 67% de los votos.
En segundo
lugar, Maduro está cada vez más aislado internacionalmente. Hace pocas semanas,
Brasil vetó el ingreso de Venezuela al bloque de los BRICS, el grupo de países
emergentes encabezado por China, Rusia, India y Brasil. Maduro deseaba
ansiosamente ser admitido en ese bloque, pero el gobierno izquierdista de
Brasil objetó la entrada de Venezuela, y lo dijo así públicamente.
Mientras
tanto, Estados Unidos, Argentina, Italia y varios otros países han reconocido a
González Urrutia en días recientes como “presidente electo” de Venezuela. En
otras palabras, lejos de hacerse los distraídos, cada vez más países están
aumentando la presión para lograr una negociación que conduzca a la salida de
Maduro. Y esa tendencia solo va a aumentar a medida que nos acerquemos al 10 de
enero.
En tercer
lugar, y quizás lo más importante, hay una razón poderosa por la que ni Estados
Unidos ni América Latina podrán desentenderse de los abusos de Maduro: la
amenaza de un nuevo éxodo masivo de refugiados venezolanos si todo sigue igual.
Ya se han ido
de Venezuela más de 8 millones de personas, o alrededor del 25% de la
población, desde que Maduro subió al poder en 2013. Y, según me dijo Machado,
“tres, cuatro, cinco, seis millones más” se irán si Maduro no acepta la
victoria de González Urrutia.
El peligro de
una nueva ola migratoria de Venezuela es una amenaza económica y humanitaria
para muchos países de la región. En Estados Unidos, el presidente electo,
Donald Trump ha hecho su máxima prioridad detener lo que él llama una
“invasión” de inmigrantes indocumentados (a pesar del hecho de que los cruces
fronterizos ilegales han caído un 75 % este año).
La obsesión
de Trump con los indocumentados, muchos de ellos venezolanos, hará difícil que
el próximo presidente de Estados Unidos ignore a Venezuela.
En resumen,
no estoy convencido de que la oposición venezolana pueda evitar que Maduro se
jurara ilegalmente para un nuevo período presidencial el 10 de enero. Y tampoco
estoy muy seguro de si González Urrutia y Machado están haciendo lo correcto al
alimentar las esperanzas de que González Urrutia asumirá la presidencia en
territorio venezolano ese día, arriesgando una decepción generalizada en las
filas opositoras si eso no sucede.
Sin embargo,
una cosa que deberíamos haber aprendido a lo largo de estos años es a nunca dar
por vencido al movimiento por la democracia en Venezuela. Una y otra vez,
cuando parecían derrotados, los opositores venezolanos probaron ser más, y más
valientes, de lo que muchos creían.
*Las
opiniones contenidas en este artículo son de la exclusiva responsabilidad del
autor.
Texto tomado de yahoo noticias en español.