- Radicado
en Gaza desde hace 29 nuevos años en su iglesia, el religioso ha
atravesado todos los conflictos.
- En
una extensa charla con Clarín, cuenta el sufrimiento de un pueblo y cómo
es vivir en la Franja hoy. "'Basta, no damos más', eso dice la
gente", lamenta.
Un alto al fuego en el Líbano no significa hasta
ahora un cese de hostilidades en la guerra de Gaza. Está siendo
bombardeada como pocas veces. Para Benjamín Netanyahu, es fácil firmar un
frágil cese de hostilidades con Hezbollah, indispensable para que el presidente
Joe Biden finalice su mandato con una paz conseguida. La Franja es el trofeo
del premier israelí y la continuidad de la guerra, la garantía de que su
gobierno no va a caer y él no va a ser detenido por corrupción. Las esperanzas
de los gazatíes son una falsa ilusión para este pueblo
sufriente, que ya padece 40.000 muertos y 100.000 heridos en esta guerra.
La creencia de Biden de que el acuerdo acelerará un
alto el fuego en Gaza, reducirá las armas de Irán y sus representantes y
abrirá el camino a un acuerdo regional más amplio, que ha buscado durante mucho
tiempo, encuentra escasa justificación en los hechos.
En Gaza, el padre argentino Gabriel Romanelli, de la congregación Verbo Encarnado, lleva más de 29 años en su iglesia de la Sagrada Familia, la única capilla católica de la Franja y ha vivido todos los conflictos. Desde el inicio de la guerra todos corrieron a refugiarse en ella. Los musulmanes debieron irse bajo la presión de Israel. Quedaron los católicos, los discapacitados y los ancianos musulmanes.
Esta capilla de piedra, construida por un sacerdote
austríaco, es como un oasis de paz en medio del horror de los
bombardeos, de la hambruna, de la falta de gasoil, de agua sanitarizada, de
hospitales, medicamentos, frutas y verduras. Llevan un año sin comer
carne en Gaza.
Cuando se conoció el alto al fuego, el Padre Gabriel sintió
la misma esperanza que los demás gazaties. Pero con su realismo cree que la
guerra puede continuar. Así fue el diálogo desde Gaza con Clarín.
-¿Cómo está usted y cómo están los fieles en Gaza?
-Nosotros estamos bien, a pesar de que la situación está
terrible. Nosotros, la gente que está refugiada aquí y que vive por lo tanto
aquí noche y día, a pesar de la situación terrible que se vive.
-La situación diaria se ha agravado, ¿no?
-Es así. No obstante que, en la ciudad de Gaza, que se
encuentra en lo que se llama últimamente el norte de Gaza, ha habido algunos
signos de distensión, permitiendo entrar un poco de ayuda humanitaria.
Los bombardeos continúan noche y día. Se sienten no solamente
disparos, sino de grandes calibres, los morteros, los tanques, la aviación. En
las ciudades que están unidas a la ciudad de Gaza, que en realidad es como si
fuese el gran Gaza, por así decir, en el norte, que es la ciudad de Jabalia, la
mayor parte de la población fue desplazada. En la ciudad donde nosotros
estamos, en Gaza, hay entre 50.000 y 65.000 personas de más, que están por las
calles vagando, buscando refugio como sea. Incluso las casas, los edificios que
quedan, los están derribando con bombardeo, con topadoras o los incendian para
que la gente no pueda volver. La misma gente está muy temerosa aquí, porque en
definitiva es todo muy pequeño. Cuando uno dice Jabalia, comienza a cuatro o
cinco kilómetros de acá.
¿Toda esta gente que se desplaza del norte de Gaza, y que
desplaza el ejército israelí, no tiene a dónde ir? ¿Están literalmente en la
calle viviendo?
-Es así. Han hecho hace unas semanas dos lugares, donde
pusieron tiendas de campaña. Esas tiendas blancas que uno veía en las películas
hace años, de los desplazados del año 48, del 67, o en otros conflictos
mundiales. Entonces hay gente que se ha refugiado ahí.
Pero la mayor parte de la población está literalmente en las
calles o en las ruinas de algún edificio, donde encuentran un hueco. Y porque
no se quieren ir al sur, que de todas maneras en el sur estarían del mismo
modo. Porque si bien hay lugares, hay campamentos de refugiados, también ha
habido y sigue habiendo bombardeos a los mismos lugares donde hay refugiados.
Entonces la gente no quiere irse.
El impacto del alto el fuego en el Líbano
-¿Qué impacto tuvo el alto al fuego del Líbano en Gaza?
-Por un lado, es una buena noticia. La gente que he
encontrado y he hablado se ilusiona con que eso puede pasar acá. Pero, por otro
lado, los bombardeos han seguido todo el día, incluso muy fuertes. En la zona
donde estamos nosotros se han sentido mucho, en Zeitun.
-¿Hamas ofreció un alto al fuego en Gaza?
-Este dato también a la gente la ha ilusionado. Pero como
muchas veces se han hecho propuestas y contra propuestas y de ambas partes no
han llegado a un acuerdo, no dan mucho crédito a que vaya a aceptarse. Pero lo
ven como algo bueno porque viene del grupo. Lo ven como algo positivo. Ya el
grupo del norte se sumó a la tregua, que vaya a pasar lo mismo acá. Que Israel
lo acepte y se frene.
-¿Ustedes temen que la guerra se alargue o que se más corta,
tras este alto al fuego en el Líbano?
-Con estos signos contrarios y contradictorios es difícil
incluso manifestar una opinión. Nosotros también experimentamos lo que sintió
la gente: un cierto alivio. El hecho que la tregua del norte de Israel con el
sur del Líbano se realice. Pero nosotros que estamos en otra parte, en la
Franja de Gaza. El temor existe. Porque el hecho de que continúen los
bombardeos hace que continúen los muertos, los heridos, desplazamientos de
personas… Hace unos días se han desplazado cuatro bloques, es decir cuatro barrios
dentro de un gran barrio. Han pedido que la gente se vaya. Entonces eso hace
que desgraciadamente en este momento no parecería haber signos concretos de
distensión. Como que la guerra vaya a terminar enseguida. Nos podemos
equivocar. Es una opinión, una sensación.
La situación en el Norte
-¿En el Norte de Gaza, la situación sigue peor, Padre?
-Se tiene muy pocos datos. La situación sigue terrible porque
siguen sacando gente. Sigue habiendo gente entonces. Y sigue habiendo muertos,
siguen destruyendo las casas, limpiando toda la zona. La ayuda que mandó
Jordania es medio llamativa. El único dato es que se escucharon los aviones y
algunos los vieron. Son aviones grandes. Pero lo paradojal es que donde tiraron
es al sur de la ciudad de Gaza. Algunos dicen que cayó en la zona de
Netzharine. Lo cual es una barbaridad porque nadie se puede acercar. No tenemos
más noticias de ellos. Se han visto los aviones. Nadie los esperaba. No sabemos
si han mandado más al Norte. La emergencia sigue siendo terrible.
-¿Y en Gaza, la capital?
-Para 400.000 personas en Gaza hay cuatro panaderías. El
programa de alimentación mundial, que se encarga de hacerle llegar lo esencial
para la producción de pan blanco, manda harina, levadura y gasoil para los
hornos. Hace una semana que empezó a faltar gasoil. Una de las panaderías tuvo
que cerrar. y después le dieron para que funcione al 50 por ciento por cuatro
días. Hicieron entrar ahora un poco más de combustible, que dura para 6 días.
Es a cuentagotas y están siempre con la espada de Damocles, sin saber que va a
pasar. Y las lluvias, que son siempre una bendición, que nadie maldice jamás.
Así y todo, en estos días que sigue lloviendo, hay muchísimas personas que
están en carpas y entre los escombros, que han perdido lo poco que tenían. Con
la lluvia viene el frio. Se han distribuido algunas mantas y colchones finitos.
Al parecer está entrando un poco más de ayuda, pero es insuficiente.
-Existe la sensación de que la gente no quieren perder sus
casas. Por eso no se van. Aunque probablemente terminen sus casas bombardeadas,
porque son indiscriminados los bombardeos, ¿no?
-Es así. Los datos que llegan son muy tristes. Porque es como
que sistemáticamente se están derribando casas, incendiándolas. De todas
maneras, hay gente que se ha resistido a salir de su casa y han sido
bombardeados, ellos adentro. La gente es de aquí, es de Gaza, y ellos, la mayor
parte de la población, son población civil, que están fuera del conflicto. No
quieren el conflicto. ¿Entonces, dónde vamos a ir?, se preguntan.
No nos olvidemos que Gaza, en los últimos 17 años, que hay un
embargo. Desde hace más de un año comenzó la guerra, y desde hace seis meses,
desde mayo, que todas las fronteras están cerradas. Gracias a Dios, hace un par
de semanas, se ha abierto una frontera para el lado de Israel, del sur de la
franja, para evacuar a más de 200 heridos, o personas graves de salud, para ser
tratadas. Pero las instituciones internacionales hablan de más de 10.000, que
tendrían que ser evacuados para ser tratados entre los heridos.
-¿Y a dónde va esa gente para ser tratada?
-En los últimos meses son poquísimos los que les han
permitido salir. Pero los datos que nosotros tenemos, en este momento no van a
Israel, y tampoco van para el lado de Egipto, porque la frontera entre la
franja de Gaza y Egipto está completamente cerrada. Entonces son evacuados a
otros países. Algunos dicen países del Golfo. Conocemos unas personas que fueron
a un país de Europa. Pero de todas maneras no es constante eso.
-¿Ustedes siguen estando en la iglesia? ¿Han tenido que
movilizarse, y llega más gente a donde ustedes están, pidiendo refugio?
-Nosotros estamos en la iglesia, aquí en la Sagrada Familia, en
el barrio que se llama el Zeytun, que es uno de los barrios más populares,
parte de la ciudad antigua. Gaza es una ciudad muy antigua. Es una barriada muy
pobre. Nosotros, como refugio para la comunidad cristiana y para los niños con
discapacidad de la madre Teresa, que son de la comunidad musulmana, tenemos 500
personas. Pero en el barrio, hay miles y miles de personas.
Con la ayuda de la iglesia local del patriarcado latino de
Jerusalén, hemos podido hacer entrar ayuda humanitaria, comida, sobre todo.
Tres veces en los últimos dos meses, pudimos hacer entrar un poco de verdura y
frutas. Hemos ayudado a miles y miles de familias. La última vez la distribución
llegó a 7.000 familias. Lo que significa una estimación de 41.000 personas. A
las 2.200 familias que hay en el barrio, incluidas las familias cristianas, hay
justamente miles de familias que vienen del norte de la zona, de Jabalia, de
esos lugares, y que están en este momento en las calles también de nuestro
barrio. Entonces se ve un afluir de gente. Hay más gente por todos lados.
-¿Ustedes son, en el barrio, los únicos que viven en más o
menos seguridad, ¿no?
-Hay más o menos seguridad. Porque no nos olvidemos que
también esta parroquia fue bombardeada varias veces.
La vida diario de los refugiados en la Iglesia
-¿Cómo están viviendo diariamente, Padre? ¿La situación es
aún peor que un mes atrás, que es cuando hablamos por última vez?
-Desgraciadamente sí. Una porque el ánimo de las personas,
que es parte también de las consecuencias de la guerra real y de la guerra
psicológica, está más débil. Porque por un lado uno está como más curtido
frente a cada bombardeo más. Es como que la gente se abstrae de los ruidos, no
solamente los ruidos, sino los cimbronazos o las esquirlas, que siguen cayendo,
menos que hace unas semanas, pero siguen cayendo. Esquirlas, digamos, que, así
como penetran y perforan un tanque de agua. Tenemos gente conocida que ha
muerto por las esquirlas.
-¿Ustedes tienen un hospital? ¿Tienen médicos, tienen
psicólogos, tienen traumatólogos? ¿Cómo funciona ese hospital de urgencia que
ustedes han tenido que generar?
-Hay una realidad que es el hospital cristiano, que es el
hospital anglicano, también llamado bautista, que está a unos 600 metros. Ahí
se hacen algunas intervenciones. Ha sido bombardeado también más de una vez.
Los directores son cristianos. Los directores y la gente que trabaja están refugiados
acá. A la mañana pasan a recibir la bendición por la iglesia y después se van
al trabajo, pero es un hospital grande. Los ayudamos llevando comida para los
enfermos, para los heridos que están ahí internados. Aquí mismo en el predio
tenemos como un dispensario interno, con un doctor, que en realidad está
jubilado, pero es un flor de tipo, de esos doctores de pueblo. Visita a todos y
él es el encargado de la farmacia interna. También tenemos un dispensario
externo, en uno de los locales de la iglesia, que ahí hemos recibido y
recibimos miles de personas del barrio. Entonces ahí sí está otro doctor,
también de la comunidad cristiana. Después hay un enfermero, un chico, un joven
musulmán, muy bueno, que los recibe. Tenemos un dentista, que también armó su
consultorio, como pudo, ahí en otro localcito. Sí estamos preparando para hacer
un hospital de campaña, que hace seis meses que estamos preparándolo. Pero
todavía no hemos podido hacerlo entrar, porque eso viene del extranjero, por
medio del patriarcado latino de Jerusalén y la Orden de Malta. Serían como
clínicas. Empezaríamos con clínicas no móviles, pero serían como contenedores.
Porque en esta parte de la ciudad, donde hay miles de personas, no hay ningún
otro espacio
-¿Y cómo? ¿Ahora siguen con agua, con electricidad?
-La electricidad, como es directa, no hay desde el comienzo
de la guerra. Aquí lo que logramos generar es por los paneles solares. La mayor
parte de los paneles solares fueron tiroteados, bombardeados, entonces fueron
destruidos. Algunos se pudieron salvar, algunos se pudieron arreglar, y algunos
pocos se pudieron comprar durante la guerra. Entonces eso carga las baterías.
Ahora hay menos horas de sol, Después con un generador eléctrico, pero un
generador que produce electricidad, un generador con gasoil, con diésel,
producimos más para cargar las baterías, para hacer bombear agua de la
cisterna, que con la lluvia que vino se ha cargado más. Aunque hay un pequeño
manantial abajo de la iglesia, pero no es suficiente para cargar el agua que
necesitamos. El agua que tenemos nosotros aquí no es muy buena, entonces la
purificamos.
-Las familias musulmanas que viven alrededor de ustedes, ¿se
pueden acercar a la iglesia o ustedes son los que tienen que acercarse a ellos?
-No, ellos se acercaban al comienzo de la guerra. Viendo que
la guerra continuaba, hemos podido abrir un punto de distribución, a unos 150
metros de donde yo me encuentro en este momento. La iglesia ha adquirido una
tierra, que era de una familia cristiana. Ahí hemos hecho el punto de
distribución. Entonces para hacer más ordenada la cosa y más segura para todos,
cuando llegan las ayudas, tenemos anotada la gente por medio del Ministerio de
Desarrollo Social y de los mismos jóvenes de la parroquia. Se ha hecho como un catastro.
Entonces se distribuyen a las familias porque ayudamos a personas civiles. No
nos olvidemos que la mayor parte de la población de Gaza es musulmana. La
iglesia desde siempre estuvo acá, tiene mucha relación con el barrio.
En cuanto a los medicamentos, después de unos cuatro meses
dieron permiso de hacer entrar medicamentos. Lo cual eso va a ser que
reforcemos las dos farmacias, tanto la interna como la externa. No es un enorme
cargamento. Pensamos de hacer otro para poder ayudar incluso a otras
instituciones sanitarias. Quedan pocas acá para 400.000 personas. Hablo
solamente de la ciudad de Gaza. Eso es un alivio.
No hay medicamentos
-¿Faltan medicinas?
-Medicinas faltan constantemente, incluso para enfermedades
crónicas o para análisis. Yo tuve cáncer hace unos años, ahora me encuentro
bien. En mayo del 2021, terminé la quimioterapia. Después seguí haciendo los
chequeos, no apareció ningún indicio. Pero me tenía que seguir haciendo
chequeos. No puedo. En toda la franja, en todo el norte, en toda la ciudad de
Gaza, que antes de la guerra tenía más de un millón de personas, en este
momento no hay ningún laboratorio que pueda hacer análisis para los marcadores
tumorales, para saber si se está gestando otra vez o se ha vuelto el cáncer.
-Estuvo el primer ministro Netanyahu por el barrio, ¿no?
-Al sur de Zaitun, donde nosotros estamos, la zona más al sur
del mismo barrio ya ahora forma parte de lo que se denomina el corredor de Netzarim.
La superficie de ese corredor es más grande que la superficie de la misma
ciudad de Gaza. La ciudad de Gaza cuenta, o contaba, con 45 kilómetros
cuadrados y el corredor de Netzarim, que divide el norte de la franja de Gaza
del sur, tendría unos 56 kilómetros cuadrados. En ocasión de esa visita se hizo
más visible todo. Entonces la gente dice: "pero qué va a pasar,
cómo van a seguir”.
El miedo a perder la tierra, la casa
-¿La gente tiene miedo de no poder volver nunca más y que los
israelíes se instalen ahí?
-Y sí. Recuerdo una familia que, en su momento, cuando
todavía estaba abierta la frontera del sur entre la franja de Gaza y Egipto,
ellos podrían haber salido. No quisieron porque tenían propiedades acá. Fue
bombardeada la casa de ellos. Pero “tenemos un terreno en Tel el-Hawa, que
es el barrio contiguo al Zeytún”. Ese terreno quedó como incluido en esa
zona del corredor ahora. Entonces la gente dice: “hemos perdido nuestra
casa, hemos perdido la tierra, ¿qué será de todo esto?”. Tienen la ilusión
de que alguna vez puedan volver, que no les quiten la propiedad. Pero, al mismo
tiempo, están desesperanzados.
El papa Francisco llama todos los días
-El papa Francisco sigue llamando a la parroquia todos los
días, habla con usted, ¿qué piensa?
-Todos los días, a las 8 de la noche llama. Los últimos meses
llama principalmente al teléfono de mi vicario, del Padre Yusuf. Se acostumbró
a llamarlo a ese número porque el Padre Yusuf está desde el principio de la
guerra aquí. Pregunta cómo estamos, manda la bendición para las familias. Las
familias saben que a esa hora llama el Papa. Así que vienen. Le mandan un
saludo. El otro día vinieron todos los jóvenes a saludarlo, a pedir la
bendición, a agradecerle. A veces traen a un niñito. La otra vez trajeron una
nenita, que estaba muy enferma, bastante grave del colon. Recibió la bendición
del Papa. A los pocos días se puso bien, después de meses de estar sufriendo
eso. El agradece la misión que estamos haciendo: nos alienta, nos da la
bendición. Todos los días, a las ocho.
-¿Y qué hicieron con su colecta de 60 mil euros?
-Eso es parte de justamente todo lo que es la compra y el
transporte de la mercadería, ya sea en la parte de Cisjordania y en Israel.
Sobre todo, cuesta. Incluso cuando entra la compañía de transporte desde las
fronteras o los puntos que permitan entrar la mercadería hasta que llega al
punto de distribución de la parroquia, también es una compañía privada. Eso es
muy costoso. Entonces se ha usado para justamente la distribución.
La hambruna continúa
-¿La hambruna continúa? Porque lo que están diciendo en el
exterior es que se está usando el hambre como una cierta forma de limpieza
étnica en Gaza. ¿Hay hambruna permanente?
-La hambruna continua de distintos modos. No lo percibimos
directamente aquí. Ha habido meses, en diciembre del año pasado, enero de este
año, donde ha sido más fuerte el asedio, los bombardeos cercanos y donde han
tenido lo mínimo, mínimo para comer. En otros lados, en el norte hemos pedido
permiso para hacerles llegar ayuda porque no tienen nada para comer.
Desgraciadamente no nos han dado permiso para ir ahí. Entonces en algunos lados
no tienen absolutamente nada.
Pero la hambruna se da de distintas maneras. Hace al menos un
año que falta carne. Hay algunas ayudas. La gente de buena voluntad ha mandado
esas latas como de corned beef. Que es carne, son proteínas.
Nosotros hemos recibido hace unos días atrás para las familias que están acá
adentro. No me acuerdo cual fue la institución que las trajo. Teníamos un poco
de cebollas. Ayer las Hermanas se inventaron unas hamburguesas. Tenemos papa,
cebolla y estos corned beef. Entonces las hermanas están
pensando para los niños hacer pasteles de papa. Pero es hacer magia. Hacer
fantasía y magia. Porque no tienen ni siquiera eso y nosotros hace mucho tiempo
no teníamos.
No hay carne fresca ni hay carne congelada. Lácteos no se
consiguen. La última ayuda desde Jerusalén, del lado del Patriarcado Latino,
hemos recibido bolsas de leche en polvo. Se distribuyó una por familia, si mal
no recuerdo eran 5000 familias. Se los ayudó con una bolsa de leche. Pero
cuando vos tenés 4, 5, 6, 7, 8 miembros por familia, eso les dura 4 días en el
mejor de los casos. Entonces la hambruna se da por la falta de proteínas, de
vitaminas. Nosotros vemos que la gente está más demacrada, todos han perdido
peso. Yo llegué hace 6 meses y he perdido 14 kilos. La mayor parte de la
población está viviendo en carpas, en épocas de lluvia. Pero el agua de las
cloacas corre entre las carpas o abajo, donde la gente está durmiendo.
No hay carne fresca ni hay carne congelada. Lácteos no se
consiguen. La última ayuda desde Jerusalén, del lado del Patriarcado Latino,
hemos recibido bolsas de leche en polvo. Se distribuyó una por familia, si mal
no recuerdo eran 5000 familias.
-Otro de los problemas son los robos a los camiones que
trasladan la ayuda humanitaria. Aparentemente ha habido más de cien camiones
robados ¿cómo es eso? Porque está todo militarizado…
-Los datos que tenemos son contradictorios. Se roba tanto en
el norte como en el sur. Es llamativo porque a veces sabemos que entran
camiones de personas, de comerciantes. No nos olvidemos que en los 2 millones
de personas, hay comerciantes. Cada tanto, les dan permiso para comprar. Es
medio llamativo porque, al parecer, los camiones de algunos de esos
comerciantes no son robados. Pero sí los de la ayuda humanitaria, que tienen
los mismos productos.
“Basta, no damos más"
-Hamas informó a que ejecutó a 20 gazatíes que robaban la
ayuda junto con bandas de Gaza. Uno no se imagina que en medio de ese caos y
con guerra, con un país en medio militarizado hay bandas.
-En todos lados en la guerra, la realidad supera la ficción.
Como ve en las películas y en las novelas, hay gente que saca provecho. Hay
personas que están encallecidas para el mal. No se van a conmover viendo niños
que se mueren de hambre o personas despedazadas y entonces siguen haciendo mal.
Desgraciadamente es así, a uno se le hace trizas el corazón. Nosotros tratamos
de hacer el bien, no es fácil. Tratamos de distribuir, haber ayudado y
esperamos poder extender la ayuda en el tiempo, más de 40 mil personas. Es más,
del diez por ciento de la población que queda en la Ciudad siendo la realidad
de esta parroquia muy pequeña. Entonces, bueno, haber distribuido a familias
pobres verduras y frutas, la gente contentísima. Incluso gente que por la
realidad de Gaza muchos ni saben que hay una iglesia. Nosotros éramos mil
cristianos. Éramos el 0,04%. Muchas personas ni siquiera sabían que existía la
iglesia. Entonces encontrar que este grupo nada más por caridad, porque no
nosotros no hacemos comercio, y ¿cómo es?
-¿Usted puedo ir al mercado? ¿De dónde sacan esa comida? Y
cómo se puedan pagar esos precios cuando hace un año que nadie puede trabajar
en Gaza
-Cuesta cada vez más. Hay cosas que la gente va y cambia como
un trueque o consigue una caja y la vende o la canjea por una bolsa de porotos
o de harina. Después lo de las verduras. Ayer me dijeron que en una zona de la
ciudad estaban vendiendo frutas y verduras. Fueron algunas familias de acá.
Trajeron un kilo de paltas, como si fuera un tesoro. Pero los precios son
carísimos y eso lo trajeron comerciantes. La mayor parte viene desde Jordania,
a través de Israel.
-Porque en realidad Estados Unidos ha forzado a Israel a que
regularice la ayuda humanitaria. Pero obviamente no está regularizada
-No, no está regularizada.
-¿La ONG sigue trabajando?
-Acá la gente los sigue llamando UNMRA porque hace decenios
que la mayor parte de la población de Gaza recibía ayuda de ello. Ahora, quizás
con otro nombre, igual siguen recibiendo ayuda. Igual no es la ayuda
suficiente. No nos olvidemos que para los 2.400.000 millones de personas que
vivimos en Gaza, entraban unos 400 o 450 camiones diariamente y no era
suficiente. Ahora, cuando se habla de que entraron 10, 20, 40, en el mejor de
los casos 80 camiones en dos o tres días, es nada. Porque la gente, al haber
perdido todo, no les queda nada. Entonces necesitan absolutamente de la ayuda
humanitaria porque ni siquiera tienen el jardín de 4 metros cuadrados de su
casa para plantar un poco de tomate o de pepinos.
-¿La gente sueña con un alto al fuego o cree que esto no va a
terminar nunca?
-La gente sí sueña el alto al fuego. Pero está muy desgastado
todo y hay altibajos. La gente está muy curtida. Pero sí, sueña. Espera que
termine. Mucha gente lo dice explícitamente: “que liberen a los rehenes, a los
prisioneros”. Otros dicen, aunque sean liberados todos, al parecer no hay
voluntad política para frenar. Cuando sienten que un país hace una propuesta,
muchos no creen en nada, pero la ilusión está. No nos olvidemos que la mayor
parte de la población de Gaza es joven, son niños y adolescentes. Las familias
piensan en el futuro de los hijos, de los nietos y se ilusionan.
No hubo guerra que no se termine. Pero lo que más los
acongoja es el después de la guerra. Qué van a ser después porque han perdido
todo: casas, trabajos, escuelas. Dicen:” basta, ya no aguantamos más”. Nuestro
punto principal de reunión es la iglesia. Hay gente que duerme ahí. Hay gente
que está todo el tiempo. Es la misa, es la escuela, estamos rezando y se
escucha, tiembla, cae un vitraux mientras estamos rezando por las explosiones
cercanas. “Basta, no damos más”. Eso dice la gente.
Tomado de CLARÍN /
Argentina.
