Itzel Zúñiga
La famosa periodista mexicana Carmen Aristegui, referente de
un periodismo crítico que le ha valido múltiples galardones internacionales y
el acoso de distintos Gobiernos de su país, habló con DW.
Por varios años, Carmen Aristegui
Flores encabezó el jurado del reputado Premio Alemán de
Periodismo Walter Reuter, creado por nueve instituciones germanas en 2006 para
reconocer el periodismo de investigación en México. Su recién concluida edición
número 18, fue la última que la comunicadora presidió, debido a su
extenuante agenda de trabajo.
Y es que, en su afán de informar, a
Aristegui -conductora de un programa de radio y uno de TV, editorialista y
conferencista- nada parece detenerla: ni haber sido censurada o espiada en los
Gobiernos de Felipe
Calderón y Enrique Peña
Nieto, ni haber sido descalificada públicamente por Andrés
Manuel López Obrador por sacar a la luz los abusos del poder con su
trabajo y el de los equipos de investigadores que ha dirigido en su amplia
trayectoria.
"No hay democracia sin
periodismo crítico", considera la periodista, admirada por unos, criticada
por otros.
Por presiones al más alto nivel, fue removida de W Radio en 2008 y, en dos ocasiones, 2011 y 2015, de MVS. Ha sido incluso demandada en diversas ocasiones por una labor informativa que le ha valido premios como el Maria Moors Cabot, el Gabo, el Knight y el Gran Premio a la Libertad de Prensa de la Sociedad Interamericana de Prensa o el Nacional de Periodismo de su país.
Carmen Aristegui incomoda a la
autoridad. Destapó "la compra" de dos lujosas mansiones a un
contratista gubernamental. Una era "La casa blanca" (2014), propiedad
de Angélica Rivera, esposa de Peña Nieto, y otra de su secretario de Hacienda,
Luis Videgaray. Diez años antes de escribir su libro Marcial Maciel.
Historia de un criminal (2010), desató el escándalo al exponer los
primeros casos de pederastia del fundador de los Legionarios de Cristo.
Una de sus reporteras se infiltró
en las oficinas del líder del PRI en Ciudad de México, Cuauhtémoc Gutiérrez de
la Torre -hoy preso-, para descubrir una red de prostitución (2014). Otro
reciente reportaje señaló a los hijos mayores de López Obrador por beneficiarse
de un programa social de reforestación.
Para garantizar su independencia
periodística, desde 2017, su medio de comunicación Aristegui Noticias,
nacido cinco años atrás, transmite en línea.
DW: En estos años, ¿qué ha
retratado el Premio Alemán de Periodismo Walter Reuter sobre la realidad
mexicana?
Carmen Aristegui: Desde que nació,
ha retratado una complejidad de país que perdura por lustros, una serie de
trabajos periodísticos que permiten conocer de manera fuerte, directa, los
grandes problemas de México: la violencia, los
desafíos de la democracia, del medio ambiente y la gama de temas
tan grande como la realidad misma. En síntesis, la problemática nacional.
También replica la decisión de
seguir adelante de los periodistas mexicanos, personas que dedican su tiempo,
su vida, su esfuerzo, su talento. Refleja la convicción de que el periodismo es
algo que necesita la sociedad; el espíritu, la valentía, el profesionalismo y
la convicción de los cientos y cientos de periodistas que han decidido
participar en él, una muestra de lo que el trabajo periodístico debe ser.
El panorama del periodismo es
sombrío en México: asesinatos, desapariciones, precarización, censura,
desprotección... ¿Ve usted alguna posibilidad para empezar a paliar estos
problemas?
Es una pregunta imposible de
responder pues es un problema monumental que involucra no solamente los
periodistas.
Sabemos que México tiene una tasa
de impunidad gigante, prácticamente hay una impunidad total -o casi- que padece
en su conjunto la sociedad. Y los periodistas también padecemos esa misma
circunstancia, en un sistema de justicia que ha sido absolutamente ineficiente.
Un sistema de justicia ineficaz que -quién lo dijera- ahora estamos
defendiendo, pese a sus enormes deficiencias y a la incapacidad del Estado de
dar respuestas correctas desde la perspectiva de la justicia.
¿Por qué defender un sistema de
justicia fallido?
Lo estamos defendiendo porque puede
ponerse peor. Lo defendemos quienes criticamos una reforma al poder
judicial porque sabemos que debe haber una reforma profunda, de raíz, a todo el
sistema: jueces, policías, ministerios públicos, peritos, ministros, etc.
Pero lo que tenemos es algo peor,
es decir, la captura de ese sistema de justicia y lo que se vislumbra ya
sombrío, en términos de resultados y graves deficiencias, ahora es doblemente
sombrío. Porque, en esta reforma judicial -que está conectada con otras
como la
militar o la desaparición de órganos autónomos, o el conjunto de
reformas que heredó el expresidente López Obrador y que se está cumpliendo a
pie juntillas-, estamos observando cómo, desde el poder obtenido de una manera
democrática, se están desmontando la articulación democrática, el andamiaje
institucional y de la propia Constitución bajo la promesa de cambiar de
régimen.
¿Cuál sería el mayor impacto de
esas reformas para la sociedad mexicana?
El problema radica en que no
estamos enfilando la ruta hacia un régimen democrático, sino hacia un régimen
autoritario en el cual ya se tiene el
control absoluto del Congreso mexicano, con mayorías absolutamente
cuestionables, artificiales.
Desmontándose el andamiaje
institucional, más el conjunto de reformas y de circunstancias de control
concentrado desde el Congreso, la Presidencia y ahora el poder judicial, los
órganos autónomos que antes eran un contrapeso al Ejecutivo mexicano también
van a desaparecer en los próximos días.
Por ello estamos hablando de una
situación absolutamente desafiante para México, muy
preocupante, y la ruta hacia donde se dirige este barco es de autoritarismo y
totalitarismo.
¿Cuál sería el contrapeso?
Estamos frente a una situación en la
que, de no haber sensatez en algún lado dentro de las filas de (el partido
gobernante) Morena, que sea su único contrapeso, no veo cómo vamos a darle la
vuelta a todo esto. A estas alturas, el único contrapeso son ellos mismos,
voces de gente que a lo largo de la vida han batallado por la democracia y que
ahora están silenciados.
En México estamos viendo cómo hay
un comportamiento personal e institucional típico de regímenes de países que no
queremos emular.
¿Puede al periodismo ayudar a
equilibrar la balanza?
Este es un momento sumamente
difícil. Los periodistas son un factor fundamental para que una sociedad esté
enterada, para entender e informarse de la realidad, para contrastar los puntos
de vista o alentar el debate público, para llevar a cabo investigaciones que
revelen cosas que permitan echar luz a lo que es oscuro.
Por eso, un premio como el Walter
Reuter es muy importante porque es una manera de decir 'el periodismo
persiste'. Está aquí a pesar de que, desde el ámbito político, existe esta
práctica de desacreditar a los periodistas, de minar deliberadamente los dos
factores fundamentales que dan razón de ser a los periodistas: su credibilidad
y la confianza en su trabajo. Hay que matar esas dos cosas para que el mensaje
que emite el mensajero no tenga el efecto en la sociedad. Lo han hecho en
muchos lados y lo logran de muchas maneras, así que cuando vemos a periodistas
jóvenes o de mayor edad haciendo periodismo en todo el mundo es muy
esperanzador.
Tomado de D.W. / Alemania. Imagen: Gerardo
Vieyra/NurPhoto/picture alliance
