Alejandro Horvat
BOGOTÁ. – Cada minuto cuenta. En el universo
del accidente cerebrovascular (ACV), el reloj es el mayor enemigo: cada 60
segundos se pierden dos millones de neuronas. Sin embargo, en la
Argentina, donde 55.000 personas sufren un ACV cada año, gran parte de la
población aún no tiene acceso a la atención adecuada a tiempo.
LA NACION participó en el XXVI Congreso Iberoamericano de Enfermedad Cerebrovascular, celebrado en esta ciudad de Colombia, donde especialistas de toda la región debatieron sobre un tema crítico: la necesidad de implementar redes de rápida atención para los casos de ACV. Estas estructuras organizativas, que ya funcionan en varias provincias argentinas, son clave para garantizar un diagnóstico y tratamiento oportunos. Sin embargo, aún existen grandes disparidades en su desarrollo. Mientras Buenos Aires cuenta con una Red Integral de Atención al ACV, que coordina esfuerzos en varios niveles de complejidad, en otros distritos ese trabajo aún no empezó.
Pablo Ioli, presidente de la Sociedad Neurológica Argentina,
uno de los presentes en el congreso, señaló que el 85% de los ACV son
de tipo isquémico, lo que significa que podrían ser tratados en las primeras
horas para reducir significativamente el riesgo de discapacidad o muerte.
“El tratamiento del ACV isquémico es completamente tiempo-dependiente. Por cada
minuto que pasa, se pierden dos millones de neuronas”, afirmó Ioli. Esta
realidad subraya la importancia de las redes, que deben lograr la
identificación temprana de síntomas, contar con protocolos de derivación
rápida, acceso a tomógrafos en centros estratégicos, capacidad para realizar
trombolisis o trombectomía mecánica, y telemedicina para zonas alejadas, todo
respaldado por personal capacitado y campañas de concientización.
El desafío de llegar a tiempo
Claudio Jiménez Monsalve, codirector del Centro de ACV del
Hospital Simón Bolívar de Bogotá, relató cómo la implementación de una
red de atención cambió la situación en la ciudad. “Cuando iniciamos el
programa hace cinco años, solo el 15% de los pacientes llegaban a tiempo para
recibir tratamiento. Hoy, esa cifra ha mejorado gracias a estrategias
educativas y logísticas, pero aún enfrentamos barreras como la falta de
ambulancias y los problemas de cobertura por parte de los aseguradores”,
comentó.
La experiencia de esta ciudad refleja los desafíos que
también enfrenta la Argentina. Por ejemplo, según datos de la Provincia de
Buenos Aires, en 2019 se registraron 6498 muertes por ACV y al menos el 25% de
los egresos hospitalarios (5300) de pacientes con esta enfermedad resultaron en
secuelas que generan dependencia funcional a largo plazo.
El impacto económico de los ACV es devastador, tanto para las
familias como para los sistemas de salud. Según Jiménez Monsalve, tratar a un paciente en un centro
especializado puede costar alrededor de 5000 dólares, pero los gastos asociados
al cuidado a largo plazo por las secuelas generadas por un ACV que no fue
atendido a tiempo multiplican por diez o más esa cifra. “Lo que podría haberse
resuelto con atención temprana, en muchos casos se traduce en una carga
significativa para el sistema de salud y para la sociedad”, explicó. En este
contexto, invertir en redes de atención no solo es una medida costo-eficiente,
sino también una forma de prevenir sufrimientos prolongados, sostuvo el
especialista.
Concientización y prevención: un eje clave
Pablo Lavados, presidente de la Sociedad Iberoamericana de
Enfermedad Cardiovascular, destacó que las redes no son suficientes si
no van acompañadas de campañas sostenidas de concientización. “Queremos que la
población sepa identificar los signos de un ACV, que actúe a tiempo y busque
atención en un lugar adecuado. Además, buscamos educar sobre los factores
de riesgo y las acciones necesarias para prevenir un ACV a cualquier edad”,
señaló. En octubre, mes del ACV, se realizan esfuerzos globales para aumentar
el conocimiento sobre esta enfermedad, pero Lavados enfatizó la necesidad de
que estas iniciativas sean constantes.
Las campañas también han demostrado su efectividad en
términos de resultados. “Observamos un aumento significativo en el conocimiento
de la población sobre los síntomas y las medidas preventivas del ACV”, aseguró
Lavados, aunque advirtió que la continuidad es esencial para mantener estos
avances y reducir el impacto de la enfermedad.
Los principales síntomas del ACV incluyen
- debilidad
o entumecimiento repentino en la cara, brazo o pierna, especialmente en un
lado del cuerpo;
- dificultad
para hablar o entender, con el habla confusa o incapacidad para comprender
lo que se le dice;
- problemas
de visión en uno o ambos ojos, como visión borrosa o pérdida repentina de
la misma;
- pérdida
del equilibrio o la coordinación, acompañada de mareos o dificultad para
caminar;
- un
dolor de cabeza severo y repentino, sin causa aparente, que puede estar
asociado con vómitos o alteraciones en la conciencia.
Sobre el desafío en la Argentina, donde el ACV es la
primera causa de discapacidad, Ioli subrayó que la clave está en superar la
fragmentación del sistema de salud y adaptar las estrategias a las necesidades
locales. Mientras algunas provincias ya avanzan con redes integradas, en otras
regiones es necesario priorizar la educación comunitaria, la capacitación de
profesionales y la inversión en tecnologías como la telemedicina.
La experiencia de Bogotá y de otras redes exitosas en la
región demuestra que el trabajo colectivo puede marcar una diferencia. Como
dijo Jiménez Monsalve, “todos debemos contribuir, desde los médicos hasta los
comunicadores y el gobierno. Solo así lograremos cambios significativos en
salud pública”.
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publicada por La Nación / Argentina. Imagen:
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