Los
principales jefes ya fueron eliminados, y sus combatientes y arsenales quedaron
muy debilitados, pero la organización terrorista sigue asestando duros golpes
al Ejército israelí
The New York Times
JERUSALÉN. - La
mayoría de los altos comandantes de Hamas están muertos, las filas de los
combatientes rasos están diezmadas y muchas de las madrigueras y arsenales de
la agrupación fueron capturados o destruidos.
Sin embargo,
el asesinato de un coronel israelí a manos de Hamas en el norte de la Franja de
Gaza, el domingo pasado, revela que el ala militar del grupo, aunque
incapacitada para operar como un ejército convencional, sigue siendo
una potencia guerrillera, con suficientes combatientes y municiones como para
empantanar a los soldados de Israel en una guerra larga, desgastante, y para
colmo inganable.
La muerte del coronel Ehsan Daksa, miembro de la minoría árabe drusa de Israel, se produjo tras la detonación de un explosivo plantado por donde pasaba el tanque donde se trasladaba. Ese tipo de ataque sorpresa ayuda a explicar por qué Hamas ha logrado resistir casi un año desde que Israel invadió la franja, a fines de octubre de 2023, y por qué probablemente seguirá resistiendo a pesar de la muerte de su líder, Yahya Sinwar, la semana pasada.
Los
combatientes que sobrevivieron se convirtieron en guerrilleros: ahora no se
muestran, se ocultan en las ruinas de edificios abandonados y en la maraña de
túneles que tiene la agrupación, gran parte de la cual sigue intacta a pesar de
los esfuerzos de Israel, según concuerdan los analistas militares y los propios
soldados israelíes.
Los ahora
guerrilleros salen fugazmente de su escondite en grupos reducidos para plantar
trampas cazabobos en edificios, bombas al costado de los caminos, minas
explosivas en los blindados israelíes o para lanzar granadas propulsadas por
cohete contras las fuerzas de Israel, para luego volver rápidamente bajo
tierra.
O sea que, si
bien Hamas no puede ganarle a Israel en una batalla frontal, esa táctica
acotada de “toco y me voy” le permite seguir dañando a Israel
y evitar la derrota, incluso tras haber perdido a más de 17.000
combatientes desde el inicio de la guerra, según los cálculos no
verificados del gobierno de Israel.
“La guerrilla
les está funcionando bien y será muy difícil someterla, y no solo a corto
plazo, sino incluso a largo plazo”, dice Salah al-Din
al-Awawdeh, miembro de Hamas y excombatiente del ala militar del grupo, actualmente
analista radicado en Estambul.
Arsenales
Aunque Israel
haya destruido los depósitos de cohetes de largo alcance de Hamas, dice
Al-Awawdeh, “todavía tienen a mano un sinfín de artefactos explosivos y
armas ligeras”.
Algunos de
esos explosivos están almacenados desde antes de la guerra. Otros, según tanto
Hamas como los militares de Israel, son municiones israelíes reutilizadas que
no detonaron al hacer impacto. Esta semana, Hamas publicó un video que parece
mostrar sus combatientes convirtiendo un misil israelí en una bomba
improvisada.
En combate
abierto, las milicias de Hamas no son rival para el Ejército de Israel, como
quedó demostrado la semana pasada con la muerte de Sinwar en el sur de Gaza:
acorralado en las ruinas de Rafah, el máximo líder del grupo fue asesinado por
una unidad israelí que en caso de necesidad podía recurrir a tanques, drones y
francotiradores de refuerzo.
Pero según
los analistas israelíes y palestinos, es poco probable que la muerte de
Sinwar afecte la capacidad de daño de los combatientes de Hamas en el norte de
Gaza.
De hecho, la
cúpula de Hamas, incluido Sinwar, estaban en el sur, y por lo tanto tuvieron
muy poco control directo sobre los combatientes del norte ya desde noviembre
del año pasado, cuando Israel tomó el control de la importante ruta que divide
la franja entre norte y sur. Y después de más de un año de guerrilla
urbana, los combatientes que quedan de Hamas probablemente ya estén
acostumbrados a tomar decisiones localmente y a no esperar órdenes de una
estructura de mando centralizada.
Además, hace
un par de meses el grupo dijo haber reclutado nuevos combatientes, aunque no
está claro cuántos son ni su nivel de entrenamiento.
Hamas también
sale ganando por la negativa de Israel tanto a hacerse cargo del territorio
como a transferirle el poder de Gaza a un gobierno palestino alternativo. La
escena es repetida: los soldados de Israel desalojan a Hamas de un barrio, un
par de semanas después se retiran del lugar, pero sin entregarle el
control a las fuerzas palestinas de oposición a Hamas. Eso ha
permitido que la agrupación regrese y recupere el control de la zona, muchas
veces obligando al Ejército israelí a volver un par de meses o incluso semanas
después.
La actual
campaña de Israel en Jabaliya, en el norte de Gaza, donde fue asesinado Daksa, es
al menos la tercera operación de Israel en esa zona en lo que va del año.
Los israelíes dicen que este último operativo es necesario para debilitar el
resurgimiento de Hamas.
Sin embargo,
la falta de objetivo de la estrategia de Israel hace que israelíes y palestinos
se pregunten por qué sus soldados fueron enviados nuevamente a Jabaliya.
“Ocupamos territorios, y después nos vamos”,
dice Michael Milstein, analista israelí de asuntos palestinos. “Este
tipo de doctrina implica que estás metido en una guerra que no tiene final”.
Por su lado,
los palestinos dicen que esta operación en Jabaliya es una de las más
traumáticas de una guerra que ya era brutal. Con el recrudecimiento de los
combates, sobre el norte de Gaza se cierne una vez más el espectro de la
hambruna, y los trabajadores de la salud ya advirtieron que los pocos
hospitales de la zona que quedan en pie corren el riesgo de colapsar.
Huida
Lo que creen
los palestinos en general es que se trata de un intento de Israel para expulsar
a la población que queda del norte de Gaza. La mayor parte de la población del
norte, que antes de la guerra rondaba el millón de personas, huyó al sur el
inicio del conflicto, pero se cree que en el norte todavía quedan alrededor de
400.000.
La alarma que
cunde entre los palestinos se agrava en parte por las insistentes presiones
públicas de un destacado exgeneral israelí, el mayor general Giora Eiland, para
que el gobierno despueble el norte de Gaza cortándole totalmente el
suministro de agua y alimento.
Según el plan
de Eiland, el Ejército israelí les daría una semana a los 400.000 restantes
para trasladarse al sur y luego declarar el norte como zona militar cerrada.
Israel bloquearía entonces todos los suministros al norte para obligar a los
militantes de Hamas a capitular y devolver a los rehenes que mantiene retenidos
desde los ataques de octubre de 2023 contra Israel.
“Tendrán que
elegir: o se entregan o se mueren de hambre”, dijo en una
entrevista Eiland, exdirector del Consejo de Seguridad Nacional de Israel.
Al no
ingresar nuevos suministros, todo civil que se niegue a irse se hará cargo de
las consecuencias, apuntó el general. “Les estamos dando a todos la
oportunidad. Y si algunos deciden quedarse, bueno, será su problema”, dijo
Eiland.
El plan
desató polémica y suscitó cierto apoyo en Israel, incluso de ministros y
legisladores del gobierno, ya que algunos israelíes buscan soluciones decisivas
para una guerra que sienten que ya vivieron.
Los
defensores de los derechos humanos expresaron que ese tipo de medidas, de
aplicarse, violarían el derecho internacional y amenazarían gravemente la vida
de los civiles en el norte de la Franja de Gaza.
Michael
Sfard, un abogado israelí especializado en derechos humanos, dice que el plan
de Eiland implicaría “generar deliberadamente una crisis humanitaria
como arma de guerra”. Asediar a un enemigo en una zona pequeña podría
ser aceptable, aclara Sfard, pero no sitiar un territorio tan amplio. Las
propuestas del general “muy probablemente encuadrarían como un crimen de guerra”,
dice el jurista.
Este mes,
tanto Nadav Shoshani, el vocero militar israelí, como Omer Dostri, vocero del
primer ministro Benjamin Netanyahu, negaron que el gobierno esté poniendo en
práctica ese plan.
Sin embargo,
Dostri reconoció que Netanyahu lo había evaluado.
Patrick
Kingsley y Aaron Boxerman
Traducción de
Jaime Arrambide
The New York
Times / Tomado de La Nación - Argentina.
