Así fue la historia de la indígena que padeció el desplazamiento y que
estuvo indocumentada desde que nació.
La identidad
de Paola Tequia Baniama no aparecía en ningún registro oficial. Fue desplazada
de su comunidad Embera en Cascajero (Chocó), es una mujer transgénero y por 25
años —la edad que arrojó un examen biológico en Medicina Legal— estuvo
indocumentada.
Este 11 de
octubre caminó dos horas desde la zona rural de Santuario –un pueblo católico,
conservador y cafetero de Risaralda– hasta la Registraduría municipal para
reclamar, después de toda una vida indocumentada, su cédula de ciudadanía.
Ella tiene
las cejas delgadas y sus manos siempre tratan de comunicar las cosas que la
barrera del español –un idioma que no es el suyo– le impiden.
“Soy una mujer que siempre lucha por la vida misma. Siempre lucho por la comida y la ropa. Siempre lucho hasta que me muera”, dijo Paola Tequia.
Una de esas
batallas siempre fue el acceso a un documento de identidad: la llave que le
permite a todo colombiano obtener los muchos o pocos beneficios de la
nacionalidad.
Cuando Paola
estaba enferma, por ejemplo, presentaba la cédula de su marido. De alguna
manera convencía a la gente del servicio médico de que quien aparecía en la
foto era ella antes de su transición. Solo así podía ser atendida.
Paola no
tenía noción, si quiera, de su fecha de nacimiento. Su padre murió cuando ella
era niña y su mamá no guardó ningún documento que acreditara su existencia
legal.
“En 2021 fui
donde mi mamá y le dije: así usted no me quiera a mí, pero entrégueme mi fecha
de nacimiento porque yo necesito un documento”, relató Paola.
Ella estaba
acompañada de su pareja. Los dos fueron castigados por la comunidad indígena. A
él lo sometieron a los cepos y a ella le aplicaron fuetazos. Ser una mujer
trans en su resguardo es considerado como un “vicio”.
“Cuando era
un niño también me pasó. En la escuela me descubrieron pintandóme los labios
con colorete. La profesora le contó a mi mamá y ella a la salida de me agarró a
correa. Yo siempre sentí
que era mujer”, recordó Paola.
El municipio
del Santuario se ha convertido en el refugio de al menos 85 mujeres indígenas
trans de las comunidades Embera Chami y Katío de Chocó, Risaralda y Antioquia.
“Otra vez que
regresé donde mamá, ya tenía el pelo largo. Entonces la guardia indígena
apareció y me cortó el cabello con tijeras. Me decían: va a dejar o no va a
dejar ese vicio”.
Como Paola,
las demás mujeres trans llegaron allí después de ser víctimas del conflicto
armado y de la violencia basadas en género en sus resguardos de origen.
La mayoría de
ellas trabajan como recolectoras de café. Tienen un colectivo al que
denominaron “Las Mariposas del Café”.
El teatro: la
luz de Paola
Era octubre
del año pasado y los salones de clases de las instituciones educativas de
Santuario se convirtieron en un centro de audición.
El Ministerio
de Cultura llegó para realizar un laboratorio de formación y creación teatral
con Las Mariposas del Café.
“Inicialmente
llegaron 30 chicas, entre ellas estaba Paola: me llamó mucho la atención sus
movimientos y que se concentraba en cada ejercicio, captaba cada instrucción.
Es una mujer muy genuina”, dijo Adela Donadio, directora del grupo de teatro y
de la obra Mu dai Werara Trans (De nosotras, las chicas
trans).
Paola resultó
elegida en un grupo de 9 actrices y con solo cinco semanas de laboratorio ya
tenían presentaciones en Santuario, Pereira y otra en Manizales.
El grupo de
muchachas apareció en el mapa de los teatros y recibió una invitación para
participar en el Festival Ni con el pétalo de una rosa de la
actriz Alejandra Borrero en Bogotá. Tenían que abordar un avión.
“Ahí nos
enteramos de que Paola no tenía cédula, ni partida de bautizo, ni registro civil:
nada. Viajar sin ella no era opción, es de lo más genuino que he visto en
escena. Entonces empezamos a averiguar de qué manera podríamos ingresarla a un
avión”, recordó la directora Donadio.
El primer
intento de la directora fue acudir a una notaría con Paola, citaron a su
hermana para que diera una declaración juramentada, pero la mujer tampoco tenía
documentos de identidad. Los había perdido.
Justo una de
las funciones previas al viaje a Bogotá fue vista por Luisa Alvarado,
funcionaria de la Defensoría del Pueblo.
“El trabajo
de ella se enfoca en población desplazada. Se conmovió con la obra y se acercó
a ofrecernos su ayuda. Le comentamos la situación del viaje y gracias a unos
oficios de la Defensoría y del Ministerio del Interior Paola pudo viajar a
Bogotá y regresar a su casa en Santuario”, relató Donadio.
Las Mariposas
del Café solo este año tuvieron una gira por ocho ciudades. Se presentaron en
Florencia, Pasto, Cali, Roldanillo, Santa Marta, Valledupar, Maicao y Medellín.
La directora
de teatro y la defensora Alvarado empezaron a barajar la manera en la que Paola
pudiera acceder a su documento de identidad. Contemplaron múltiples opciones.
“Una de las opciones era solicitar un
certificado de oriundez al resguardo de Paola en Bagadó, Chocó. Ese certificado
fue pedido por la Registraduría y la Defensoría del Pueblo y esta es la hora
que no ha llegado”, añadió Donadio.
Mientras los
trámites legales sufrían retrasos, Paola enfermó y requirió de atención en
centros médicos. No tenía documento y por mediación de la Defensoría la
pudieron atender.
“Después fue
bien difícil. Paola cambiaba de finca cafetera, no respondía el teléfono; la
buscamos por todas las veredas. Todo eso mientras esperábamos la respuesta del
gobernador indígena de Bagadó que no llegaba”, recuerda Donadio.
En Santuario
hicieron una colecta por Paola. En la Registraduría municipal le tomaron las
huellas de manos y pies y le costearon un viaje hasta Pereira: allá le
practicaron un examen en Medicina Legal para determinar su posible edad: el
resultado fue 25 años.
Regresar al
resguardo no era una opción para Paola. No quería volver a ser sometida a los
castigos físicos que le imponían solo por su orientación sexual y de género.
“Al conocer
su situación, funcionarios de la Defensoría intervinieron y, a través de una
gestión diligente y comprometida, lograron demostrar la vulneración de los
derechos de Paola y solicitar la inscripción en el Registro Civil que, después
de múltiples requerimientos y recolección de pruebas, finalizaron en la
garantía del derecho a la personalidad jurídica”, detalló la Defensoría en un
comunicado.
El pasado 16
de septiembre, gracias al teatro y a sus capacidades artísticas, Paola viajó a
Santa Marta y conoció el mar. Sus compañeras y directoras de teatro la vieron
recoger conchitas de la playa.
“Son para mi
mamá. Ella no quiere a mi. Yo sí quiero a ella“, dijo Paola cuando le
preguntaron por su recolección.
Desde el
pasado 1° de octubre, Paola pudo acceder a su registro civil de nacimiento y a
la contraseña de su cédula de ciudadanía. Con ello podrá acceder a todos los
derechos que antes tuvo limitados por falta de identificación.
“Paola ya
tiene cédula, podrá acceder a un tratamiento de salud que está necesitando hace
un año y a todos sus derechos civiles. Gracias al teatro que nos puso en este
cruce de caminos. El teatro sí puede transformar sensibilidades e ideologías,
invitar a ver y a aceptar diferencias y diversidades. En esta experiencia
comunitaria, se unieron voluntades, personas y entidades”, señaló la directora.
La batalla
por la identificación de Paola es apenas la punta de las luchas de Las
Mariposas del Café. De hecho, la Defensoría, la Superintendencia de Notariado y
Registro, la Registraduría Nacional del Estado Civil y la Presidencia iniciaron
un trabajo articulado para lograr el cambio en el componente de género y nombre
de otras 30 mujeres trans que viven en Santuario y que requieren este servicio
del Estado.
“Yo sí estoy
muy contenta porque logré sacar cédula y ahora puedo ir al médico tranquila”,
dijo Paola Tequia después de recibir su documento de identidad.
La obra Mu
dai Werara trans
La obra Mu
Dai Werara Trans (De nosotras las chicas trans) tiene como
protagonistas a nueve mujeres trans de las comunidades embera que encontraron
refugio en el municipio de Santuario (Risarlada). Karen Valencia, Mónica
Guasorna Siacama, Bella Angelin Wazorna, Fransia Chicama, Leydy Enevia Dosabia,
Paola Tequia, Tatiana Tuabes Tequia, Verónica Tascón Siagama y Zamanta Enevia.
A través de
la danza y sus testimonios relatan las dificultades que padecieron a raiz de la
discriminación, el despojo y las violencias basadas en género por su orientación
sexual y de género.
Es dirigida y
acompañada por Adela Donadío, Jorge Bernal, Juana Valencia y Wilson León
García.
Tomado de EL
COLOMBIANO. FOTO: CARLOS LEMA