Federico Ruiz Tirado
Antes de
finalizar el año 1973, meses después del derrocamiento y muerte de Salvador
Allende, conocí a Alfredo Maneiro.
Fue mi
hermano Wladimir quien propició ese encuentro con Alfredo en Barinas: una
reunión con compañeros del barrio, adolescentes, hijos de luchadores
comunistas unos, otros jugadores de pelota y serenateros que nos reuníamos,
también, para leer a Walt Whitman, a Rómulo Gallegos, a Marx y a Lenin.
Intentábamos interpretar sus postulados y comprender la situación política de
entonces.
Wladimir, mi
hermano, no estuvo presente en ese encuentro, pero recuerdo que en una visita
relámpago y casi clandestina, me dijo en un café frente a la Plaza Bolívar:
"prepara la vaina, que viene a hablar con ustedes Alfredo Maneiro, el de
la R alrevés".
Para ese entonces, Wladimir se ausentaba por largos períodos de nosotros, de la casa materna, del grupo de amigos de su generación. Aparecía y desaparecía, pero siempre, aunque un tanto enigmáticamente, me daba "señales" de que "andaba en algo". Ese algo que hizo nacer en mí y en mis amigos muchas inquietudes, fundadas unas desde la fascinación que despertaba su inquietante modo de ser, y otras que se fraguaron en el cultivo de una especie de intuición que me mantuvo siempre alerta, siempre a la espera.
Esa reunión
con Alfredo la hicimos en una casa del barrio. Yo expliqué como pude a mis
amigos que ésa era una conversación con un ex- comandante guerrillero que venía
de la división del PCV y había escrito un ensayo bastante esclarecedor sobre
las causas de la derrota de la lucha armada del 60; que Maneiro andaba
buscando con quien hablar de una organización que debía nacer del
"encuentro de los iguales", sin los dogmas y los anacronismos.
Cuando
Alfredo llegó a Barinas había comenzado el carnaval. Era la época en que la
gente le lanzaba agua con tobos y otros peroles a los desprevenidos.
Maneiro, esa
tarde, se bajó del Jeep y fue rodeado por vecinos, mujeres del barrio, y lo
empaparon de agua. Se reía de aquella sorpresiva emboscada y con su cara de
niño asombrado, tuvimos la impresión de que fue feliz.
En la reunión
comenzó hablando del calor de Barinas, del paso de Zamora por los llanos, de
las riberas de los ríos del Boconó y Masparro. Nos hizo reír. Nos hizo perder
los miedos. Nos hizo presas de su campo verbal extraordinario.
Habló de la
revolución Bolchevique, de Jesús Sevillano, de Billo's Frómeta, del pisillo del
guiguire; se burló del nacimiento del MAS, del papel segundón del MIR. Habló de
Pedro Duno, que no conocíamos, de sus afinidades, de su brillantez intelectual.
Relató vivencias con Duno en París, en Sabana Grande y otros lugares del mundo.
Ninguno de nosotros
sabía para entonces quién era Pedro Duno. Yo, años después, lo conocí y lo
escuché hablar de Alfredo. A Pedro no lo ví más. Una vez, ya siendo presidente,
Chávez me preguntó por él.
De aquella
reunión en Barinas con Alfredo guardamos recuerdos inmensos. Ese día nos
despedimos, pero
quedamos en
vernos en Mérida en casa de Enrique Vila. Y nos vimos y yo me fui con él a
recorrer parte del país en un Fiat prestado por un amigo arquitecto de Alfredo.
Fuimos a
Caracas, visitamos a la gente de Catia, a unos arquitectos que se formaron con
Carlos Raúl Villanueva, y a San Félix, y Ciudad Bolívar.
Y así pasaron
unos años hasta que se produjo el encuentro con Hugo Chávez.
Ideario y
legado
Este 24 de octubre
se cumplen 42 años de su desaparición física. Alfredo Maneiro legó a la
humanidad entera un patrimonio político de incalculable trascendencia, filósofo
de la praxis, discípulo del florentino Maquiavelo, y principal impulsor de un
proyecto político que se deba a los movimientos populares, como movimiento de
movimientos.
Maneiro decía
que cualquier organización política con no importa qué ideología puede llegar a
ser eficaz políticamente, es decir, alcanzar posiciones de gobierno o de poder,
como AD y Copei. Sin embargo, ello no es una condición suficiente para
calificar la calidad de un proyecto de cambio revolucionario, si se entiende
como tal, la capacidad para transformar realmente a la sociedad y los miembros
de la organización como sujetos de cambio.
Este concepto
y su realización sólo podría ejecutarse desde una posición de gobierno,
señalaba Maneiro en su tiempo: la única vía era diferenciar el análisis y el
estudio de las organizaciones existentes las características no deseables para
una organización revolucionaria. Y así lo hizo.
Criticó
acerbamente aquellas organizaciones que se constituían en unos aparatos
concebidos como un fin en sí mismos, convirtiendo el ejercicio de la militancia
en una pesada obediencia burocrática, limitando severamente las capacidades
creadoras de ella, a la vez que restringiendo su espíritu crítico.
No se puede,
señalaba, confundir obediencia con disciplina porque ello implica atrofiar el
libre juego de las ideas.
Calidad y
eficiencia
La calidad
revolucionaria debe ser abordada sin complejos, sin temor a traumas. Si no
queremos reproducir los modelos de organizaciones que terminaron reproduciendo
lo que querían cambiar. Éste es un tema necesario de la agenda política de hoy.
El otro tiene
que ver con la calidad de la gestión de gobierno. Si el propio presidente
reclama persistentemente a sus funcionarios, tanto el marcado burocratismo como
la ineficacia en el cumplimiento de los objetivos, ello debe ser motivo de gran
preocupación entre todos aquellos que apostamos al futuro y a la consolidación
de la revolución.
Queremos
decir que en materia de agenda política, la evaluación de la calidad de gestión
del gobierno es primera prioridad. Estimamos que la creación de un ministerio
para tal fin pueda contribuir a ello. Honraremos así la herencia política de
Maneiro.
Versión
resumida de texto escrito por Wladimir hace unos años.
Alfredo
Maneiro fue un político y filósofo venezolano, conocido por su enfoque crítico
y su influencia en el pensamiento de la izquierda en Venezuela. Su obra es rica
en conceptos que abordan la política, la economía y la cultura, y su legado
sigue siendo relevante en el contexto actual. Aquí te presento algunos de los
aspectos más destacados de su pensamiento:
Socialismo
Democrático
Maneiro
defendió un socialismo democrático que buscaba una alternativa al
autoritarismo. Creía en la necesidad de construir un modelo socialista que no
solo fuera económico, sino también político y cultural. Su idea era que el socialismo
debía ser un proceso participativo, donde las masas tuvieran voz y voto en las
decisiones que les afectaban.
Crítica al
Capitalismo
Su análisis
del capitalismo se centraba en sus efectos desiguales y opresivos sobre las
clases trabajadoras. Maneiro argumentaba que el capitalismo genera una
concentración de poder y riqueza que debe ser desmantelada a través de una
transformación radical de la sociedad.
Poder Popular
Maneiro
enfatizaba la importancia del poder popular como un medio para lograr cambios
significativos. Creía que era fundamental empoderar a las comunidades y
fomentar la organización de base para que los ciudadanos pudieran tener un
papel activo en la construcción del nuevo orden social.
Educación y
Cultura
Consideraba
que la educación y la cultura eran herramientas esenciales para el proceso de
transformación social. Promovía una educación crítica que fomentara el
pensamiento independiente y la conciencia social, alejándose de los modelos
tradicionales que perpetuaban la ideología dominante.
Diversidad y Pluralidad
Maneiro
también defendía la diversidad dentro del movimiento socialista, argumentando
que era necesario reconocer y valorar las diferencias culturales, étnicas y
sociales dentro de una visión más amplia de justicia e igualdad.
Ética y Moral
Su enfoque
ético era fundamental para su concepción del socialismo; creía en la necesidad
de construir un sistema basado no solo en estructuras económicas, sino también
en valores éticos sólidos que promovieran el bienestar colectivo.
El
pensamiento de Alfredo Maneiro es un llamado a la acción para construir una
sociedad más justa e igualitaria a través de medios democráticos y
participativos. Su legado continúa inspirando a quienes buscan alternativas al
modelo capitalista vigente y trabajan por una transformación profunda en
Venezuela y más allá.