Por Simón García / Opinión
La decisión
de la Sala Constitucional agota la instancia judicial. Todas las instituciones
siguen un mismo objetivo: *no esclarecer, mediante la publicación desglosada y
auditable de los resultados por mesa, qué candidato debe jurar como Presidente
de la República el 10 de enero*
Existe a la mano una
segunda manera para lograr que el 10 de enero tendremos un presidente legítimo:
*realizar un conteo de los resultados, mesa por mesa, que contiene el
sobre No 1*, el cual está bajo custodia del plan República.
Las cifras
genéricas no son suficientes, procedan del CNE o de una decisión judicial, para
asegurar el consentimiento de los ciudadanos.
Este consentimiento debería ser el propósito más importante de quien aspire a gobernar el país con pluralidad, inclusión y democracia.
*Las fuerzas
de cambio deben ofrecer medios viables para asegurar al país y al mundo que un
nuevo gobierno sea fiel expresión de la voluntad del pueblo soberano*.
Reducirse a
pedir respeto a los resultados del 28 de julio en base a la publicación digital
del 83 % de las actas de mesa, no parece ser una solución.
Este recurso
cumplió un papel importante en la formación de la opinión internacional y en
las posiciones de gobiernos democráticos. Pero Internamente se está
convirtiendo en un saludo a la bandera.
*Reivindicar
los resultados que muestran la victoria del candidato opositor no debe conducir
a cerrarse a otras propuestas que rescaten la exigencia de fondo: la base de la
legalidad y la legitimidad es el respeto fiel a los votos libremente emitidos
por los electores*.
Esta
exigencia de fondo obliga a considerar otras posibles soluciones.
Tenemos que
contribuir a sacar a los venezolanos de una disputa frontal, altamente
conflictiva y que nos divide en dos bandos extremistas irreconciliables
Es momento de
proponer que sea el pueblo quien decida sobre el resultado del 28 de julio o
muestre con su voto si quiere o no un cambio de gobierno. Esto puede hacerse con un referendo.
Incluso hay
que reconsiderar la convocatoria de una nueva elección presidencial con otro
CNE y medidas que garanticen resultados inobjetables por los participantes.
Lo que todos
los venezolanos queremos es ejercer el derecho a cambiar en paz y con
estabilidad, a asumir el desafío de salir de las crisis y abrir caminos de
prosperidad y justicia social para todos, al margen de identificaciones y
preferencias por una parcialidad política.
Es tiempo de
preservar y defender la vía pacífica y electoral.
Es hora de
vivir mejor y en libertad.
Es hora de
resolver nuestro futuro, incluso volviendo a votar.