Por Blas Moreno
Peter Turchin, académico especializado en el análisis
de procesos históricos, cree que Estados Unidos se encamina al desastre
Hasta hace pocos años, que Estados Unidos pueda
vivir una nueva guerra civil parecía solo una hipótesis académica. Ya no. La
creciente tensión en el país hace que suene cada vez más verosímil. El 43%
de los estadounidenses cree que es posible en los próximos diez años.
Tres generales retirados publicaron una
columna en el Washington Post en diciembre de 2021
advirtiendo de que unas elecciones disputadas podrían provocar un conflicto
armado. Algunos políticos estadounidenses incluso proponen
dividir el país. La idea también ha saltado al campo cultural: este año se
ha estrenado una película, Civil War, que trata el tema. Nosotros,
por cierto, le hemos dedicado un episodio de
nuestro podcast.
Peter Turchin, nacido en la Unión
Soviética y doctor en zoología, es uno de los científicos más destacados en el
estudio de este escenario. Su disciplina es la cliodinámica —por
Clío, la musa griega de la Historia—, un campo de investigación que analiza
procesos históricos con modelos matemáticos. Junto a su equipo del Centro de
Ciencias de la Complejidad de Viena, Turchin lleva años recopilando una enorme
base de datos de todo tipo de regímenes políticos a lo largo de la historia,
CrisisDB. La usan para buscar patrones que ayuden a entender cómo una sociedad
llega a colapsar.
Turchin ha aplicado estos patrones
a Estados Unidos y su conclusión es pesimista: el país se encamina al
desastre. Se hizo famoso por anunciarlo ya en 2010, cuando publicó un artículo
en el que afirmaba que EE. UU. entraría en una crisis política en la siguiente
década. Diez años después, Donald Trump perdió las elecciones y se produjo el
asalto al Capitolio. Ahora Turchin publica un nuevo libro, Final de
partida: élites, contraélites y el camino a la desintegración política (editado
por Debate),
en el que explica su método y trata de advertirnos de la crisis que viene.
Hablamos con él por videollamada.
PREGUNTA – La tesis principal de su libro es que Estados Unidos va camino de sufrir un colapso violento. ¿Por qué piensa eso?
RESPUESTA – Antes de nada, no digo
que el colapso sea inevitable. Es probable, sí, pero otros muchos países en la
historia evitaron ese final adoptando las medidas correctas. Pero es evidente
que Estados Unidos pasa por una crisis muy seria. El término técnico es
“situación revolucionaria”, y puede resolverse con una revolución o una guerra
civil, o adoptando las reformas adecuadas.
¿Has visto el número de disturbios
violentos, terrorismo, tiroteos masivos, manifestaciones antigubernamentales…?
También hay luchas en la élite: la brecha entre los dos grandes partidos
políticos es cada vez más grave.
Le preguntaré sobre eso más tarde.
Pero antes me gustaría que explicara su método. Usted y su equipo trabajan
recopilando y analizando una cantidad ingente de datos históricos. ¿Cómo pueden
la Francia medieval o la China del siglo XIX ayudarnos a entender lo que está
sucediendo ahora en Estados Unidos?
En muchos aspectos nuestras
sociedades no son muy diferentes de las medievales o antiguas. Las sociedades
complejas a gran escala, los Estados,
aparecieron hace unos 5.000 años. Son un sistema con tres elementos: la
población, que compone la mayoría; las élites, que concentran el poder; y el
aparato estatal. Nuestro enfoque mira a las sociedades desde un punto de vista
estructural. Sirve para analizar tanto la antigua Roma como los Estados Unidos
modernos.
Todos los Estados pueden pasar por
períodos buenos: de integración, paz y orden interno. Pero los datos demuestran
que estos periodos duran unos cien años, más o menos, y luego inevitablemente
llega un tiempo de problemas. Insisto, esas tensiones no tienen por qué
resolverse de forma violenta. Pero cuando una sociedad débil pasa por una
situación revolucionaria, incluso una pequeña chispa puede causar graves
consecuencias. Estas crisis se repiten cada doscientos años, más o menos.
Nuestras sociedades modernas no son inmunes a esa dinámica, a pesar del
progreso tecnológico.
¿Qué factores nos llevan a esa
situación revolucionaria? Antes ha mencionado la lucha entre las élites.
La lucha entre las élites es el
factor principal. Hay varios condicionantes para que surja una crisis. Uno es
el empobrecimiento del pueblo, la caída del nivel de vida de la mayoría de la
población. El otro es la sobreproducción de élites, que es el factor más
frecuente, el que vemos en prácticamente todos los escenarios que hemos
analizado.
¿Qué es la sobreproducción de
élites? Yo lo explico con el juego de las sillas musicales, excepto que aquí el
número de sillas no cambia, lo que aumentan son los jugadores. Las sillas no
aumentan porque la cantidad de puestos disponibles en la élite no suele
hacerlo: solo puede haber un presidente, cien senadores [en el
Senado de Estados Unidos], etc. Pero el número de jugadores sí puede
aumentar: podría haber el doble, el triple, el cuádruple de personas que
aspiran al poder. Entonces la competición se vuelve tan intensa y hay tantos
aspirantes frustrados que algunos estarán tentados de hacer trampas.
Esto es lo que hemos visto en
Estados Unidos y en otros lugares en crisis anteriores. Los aspirantes a élite
frustrados comienzan a romper las reglas del juego político, forman
organizaciones radicales, etc. Aunque la competición intraélite puede tomar
muchas otras formas. Por ejemplo, los duelos, que fueron muy populares en
Europa durante siglos, no eran más que dos miembros de la élite enfrentándose a
muerte. Resulta que los duelos aumentaban en el periodo previo y durante una
crisis. Hoy, gracias a Dios, los aspirantes a élite no se matan entre sí: se
prefiere la muerte pública, el escarnio. Sea como sea, la competencia entre
élites es el indicador más confiable de una crisis inminente.
¿Cómo crece esta élite? Por seguir
con su analogía, si las sillas no cambian, ¿cómo aumenta el número de gente que
aspira a una silla y se frustra al no conseguirla?
Buena pregunta. Durante los
periodos de paz y orden, las élites gobernantes se confían y están tentadas de
reconfigurar la economía a su favor. Llamo a esto “la bomba de riqueza”: el
mecanismo perverso que toma riqueza de los pobres y la trasvasa a los ricos.
Cómo funcione este mecanismo depende de cada sociedad y momento histórico. En
la época medieval, por ejemplo, los señores feudales usarían la fuerza para
obligar a los campesinos a entregar más parte de su cosecha. Bajo el
capitalismo, las élites económicas manipulan la oferta y la demanda de trabajo
para deprimir los salarios de los trabajadores.
Sea como sea, en un periodo de
calma las élites activarán la bomba. Tal vez hayan pasado dos o tres
generaciones desde la última rebelión popular seria, así que los poderosos
habrán olvidado por qué hacer eso es mala idea. Y a medida que la riqueza fluye
hacia arriba, cada vez hay más individuos amasando una enorme riqueza mientras
el pueblo la pierde.
Esta es una de las dos rutas hacia
la sobreproducción de élites: muchas personas con poder económico tienden a
querer convertirlo en poder político. Ahí tienes a Trump o Michael Bloomberg.
La segunda forma, que puede ser simultánea a la primera, es la acreditación: la
bomba incentiva a las personas más activas, inteligentes o trabajadoras de la
población a hacer lo posible para escapar de la miseria. Estudian, se
cualifican. Esto crea una sobreproducción de individuos bien formados que
aspiran a acceder al poder..
¿Las bajadas de impuestos son otro
mecanismo de la bomba de riqueza?
Sí, la tributación está
relacionada. Antes dije que las sociedades tienen tres componentes principales:
población, élites y el Estado. Hablemos ahora del Estado. A medida que una
sociedad se encamina hacia la crisis, la miseria hace que la población sea
menos capaz de pagar impuestos y los ingresos del Estado disminuyen. Ha
sucedido una y otra vez: antes de la Revolución francesa, la guerra civil
inglesa o ahora en Estados Unidos.
“En 2010 los indicadores ya decían
que EE. UU. se encaminaba a la crisis. Nadie sabía entonces que llegaría Trump”
Pero, al mismo tiempo, debido a la
sobreproducción de élites hay demasiados aspirantes al poder. El Estado, para
evitarse problemas, intentará proporcionarles algún sustento. En la época
medieval la nobleza enriquecida tendría segundos, terceros hijos. Demasiados
aspirantes. El Estado trataría de darles empleo en el Ejército, la Iglesia o la
Administración, pero esto solo aumentaría los gastos.
¿Y qué pasa cuando el Estado no
puede pagar? Ese fue uno de los desencadenantes de la Revolución francesa.
Ocurrió lo mismo durante las guerras de religión en Francia del siglo XVI: el
Estado estaba quebrado. Los militares que no recibían su paga buscaron otros
empleos y fueron contratados por los comerciantes hugonotes protestantes. Surgieron
ejércitos privados hugonotes. Al final estalló la guerra civil. Una crisis
fiscal del Estado es una condición muy frecuente para que se produzca la
descomposición del sistema.
Volvamos a Estados Unidos. Donald
Trump es un ejemplo de esa élite que aspira a obtener el poder, ¿no?
Sí, aunque permíteme mencionar que
en 2010, años antes de que surgiera Trump, los indicadores ya nos decían
claramente que Estados Unidos estaba en camino hacia la crisis. Así lo expliqué
ese año en un artículo
en Nature. En aquel momento nadie sabía que sería Trump. Pero
no se trata realmente de él. Trump no es la causa de la crisis, solo una
manifestación de problemas estructurales más profundos.
Antes de Trump, el Partido
Republicano era un partido sistémico. Pero se está volviendo cada
vez más trumpista: han cruzado muchas líneas rojas en términos del respeto
a la democracia o las instituciones. ¿Se puede decir que el Partido Republicano
es una amenaza para la democracia en Estados Unidos? ¿Qué pasaría si ganan las
elecciones en noviembre?
Todo el mundo habla sobre las
amenazas a la democracia. Pero nuestra teoría se aplica tanto a sociedades
democráticas como a las no democráticas. Para que un sistema sea estable
necesitas una condición básica: consenso entre las élites. Se supone que las
élites deben seguir las reglas y hacerlas cumplir. Pero tan pronto como se
pierde ese consenso, las élites empiezan a competir y a romper las reglas, y
empiezan los problemas. No pasa solo en las democracias.
De todas formas, no quiero adoptar
una postura partidista ante la crisis en Estados Unidos. Los demócratas acusan
a los trumpistas de ser una amenaza para la democracia. La derecha hace lo
mismo con los demócratas: les acusan de censurar sus ideas, de fomentar la
cultura de la cancelación… Ambos bandos se acusan de algo, es normal en una
crisis. Cuando los historiadores de dentro de un siglo estudien nuestra época,
adoptarán un enfoque mucho más imparcial del que tenemos ahora. Quiero decir,
¿quién tenía razón en las guerras de religión en Francia, los católicos o los
hugonotes? No miramos al siglo XVI de esa manera, solo analizamos qué
pasó.
Pero volvamos a tu pregunta. ¿Qué
ha pasado para que la democracia de EE. UU. esté en declive? Durante la década
de 1850, antes de la
guerra de Secesión, también había dos partidos, pero el sistema político
colapsó: surgieron hasta quince partidos diferentes. Ahora estamos en una
situación parecida. El Partido Demócrata está fracturado: el ala izquierda se
ha rebelado contra el establishment, sobre todo por la guerra de
Israel en Gaza. En el Partido Republicano, el establishment está
desapareciendo. Los populistas han tomado el control y Trump es tan poderoso
que nadie puede oponerse a él. Es la fragmentación de las élites, esa condición
tan típica antes de una crisis.
Hablemos del otro gran
condicionante: el empobrecimiento de la población. Usted insiste mucho en que
la clave no es la desigualdad objetiva sino cómo percibe la población su propia
miseria. ¿Por qué es tan importante hacer esa distinción?
La desigualdad es un indicador muy
útil, pero no es lo que impulsa la crisis. Para entender cómo surge una crisis
hay que estudiar qué mueve a las personas. Y la gente no sabe estimar la
desigualdad. Pregúntale a cualquiera por la calle: ¿cuánto ha crecido la
desigualdad en España en la última década?, ¿cuál es el índice Gini en tu
país? El 99,9% no tendría idea. Sin embargo, la pérdida de calidad de vida sí
es algo que la gente puede percibir.
Todo el mundo trata de superar, o
al menos igualar, el nivel de bienestar de sus padres. Durante las
manifestaciones en Atenas por la crisis financiera, hace unos años, los
estudiantes gritaban: “No es justo que los niños vivan peor que sus padres”. No
se trata de algo material, sino de la sensación de injusticia. Las personas, si
sienten que están sufriendo una injusticia, son capaces de hacer cosas
violentas para corregirlo. La rabia es un factor revolucionario mucho más
importante que las condiciones reales de vida.
Por eso el empobrecimiento es tan
importante: la gente siente que está perdiendo terreno y no entiende por qué.
Los ricos cada vez son más ricos. La sensación de injusticia es tremenda. Las
personas brillantes que intentan ascender, cuyos padres les han mandado a un
buen colegio y han hecho un esfuerzo por pagarles las mejores universidades, no
alcanzan el bienestar que creen merecer. Son gente formada para estar en la
élite pero que no puede llegar. Pero están motivados y tienen las herramientas:
son quienes acaban liderando el descontento popular que derroca al régimen.
Y todo esto, según su opinión,
podría provocar una guerra civil en Estados Unidos en los próximos años. ¿Cómo
se imagina ese escenario?
Así es. No es seguro que ocurra,
pero hay una probabilidad muy alta de que Estados Unidos viva una guerra civil
en el futuro cercano. La mayor amenaza son, por supuesto, las elecciones, sobre
todo las presidenciales. Las próximas se celebran en noviembre y ambos partidos
han dicho ya que no van a aceptar los resultados si pierden…
Disculpe, ¿los dos partidos han
dicho eso?
Sí, tanto los republicanos como los
demócratas. Muchos republicanos y demócratas han anunciado que no van a aceptar
los resultados si su partido pierde. Los republicanos dicen que la votación
será un robo. Los demócratas dirán que Trump manipula los resultados… ¿Y qué
pasa cuando los resultados de las elecciones no son aceptados? Ocurrió en 1860,
así es como empezó la guerra de Secesión.
La situación actual es distinta,
claro, el país es muy diferente. Pero sigue habiendo divisiones
regionales: ya no es el Sur contra el Norte, sino entre el interior contra
las cosas. Entonces el tema más divisivo era la esclavitud; hoy, lo es la
inmigración. Recuerda, cuando Trump fue elegido en 2016, California, un estado
demócrata, se negó a ampliar las medidas migratorias del nuevo Gobierno. Ahora
Texas, un estado republicano, le está diciendo a la Administración Biden que no
acepta su política migratoria y que quieren aprobar una ley propia. El
componente regional es uno de los que amenazan con provocar una ruptura.
Sea como sea, el camino hacia la
crisis es mucho más predecible que lo que sucede una vez llegas allí. Hay
muchos, muchos escenarios posibles. En alrededor del 10-15% de los casos que
hemos estudiado las sociedades lograron salir de la crisis de una forma
relativamente pacífica. Aunque me estoy volviendo cada vez más pesimista.
Nuestras élites están demostrando que no entienden las causas profundas del
colapso. En vez de eso, se culpan mutuamente…
“Europa va diez años por detrás que
Estados Unidos en la espiral de crisis”
Como si estuvieran alimentando al
monstruo en lugar de combatirlo, ¿no?
Exactamente. No se dan cuenta. Los
católicos y los hugonotes en el siglo XVI en Francia se estaban matando en
duelos. Se enfrentaban, básicamente, por si leías la Biblia tú mismo o te la
leía el sacerdote. Podrías pensar que ese no es motivo suficiente para que
estalle una guerra civil. Pero, por supuesto, las causas de la crisis eran más
profundas.
¿Se enfrenta Europa al mismo riesgo
que Estados Unidos?
Europa es muy heterogénea. Algunos
países han logrado evitar en gran medida el camino hacia la crisis y otros, por
el contrario, han avanzado mucho. Depende de la naturaleza de las élites y el
pacto social de cada país. En general, Europa continental va al menos de diez a
veinte años por detrás de Estados Unidos en esta espiral revolucionaria.
Todavía hay tiempo para tomar medidas. Esta es una de las razones por las que
escribí el libro: tratar de que la gente entienda todo esto antes de que las
cosas se pongan más feas.
¿Hasta qué punto se ha desmoronado
en Europa el pacto social que es la base de la democracia? Suecia, por ejemplo,
vive una crisis muy seria porque durante los años noventa abandonaron el modelo
de democracia social que les convirtió en un país tan exitoso. Un indicador de
esto es la creciente desigualdad: en los últimos veinte años el número de
multimillonarios suecos aumentó de 4 a 39, se ha multiplicado por diez. Esa es
solo una de las muchas señales de alerta. En Dinamarca, un país similar, la
crisis ha avanzado mucho menos porque el dogma económico neoliberal no ha
penetrado tanto.
Hasta ahora solo hemos hablado de
factores internos. ¿Qué papel juegan los factores geopolíticos en la espiral de
crisis? Hablo de guerras, pandemias, la migración, el cambio climático…
Los factores geopolíticos son
secundarios pero pueden ser muy relevantes. Las grandes potencias como Estados
Unidos o China ahora, o el Imperio romano o la dinastía Han en la antigüedad,
son países extensos y poderosos, menos expuestos a las influencias externas.
Pero los países más pequeños son mucho más vulnerables a los vaivenes
geopolíticos o económicos. Por ejemplo, la inflación. Lo que realmente le
importa a la gente, lo que afecta a su bienestar, es el precio de los
alimentos, el
combustible, la vivienda, y todos están subiendo mucho de precio.
Otro factor es lo que yo llamo
influencias geoculturales: los flujos de información, ideas, modas. Lo vimos
durante las revueltas árabes de 2011: la revolución en un país, Túnez, se
propagó por toda la región. Ocurrió algo similar hace doscientos años, durante
la llamada Primavera de las Naciones de 1848 en Europa. Las ideas se pueden
contagiar a través de las fronteras.
Sin embargo, la cultura política de
un país puede ser muy resistente. En China el poder lleva siglos en manos de la
clase burocrática, antes durante la época imperial y ahora con el Partido
Comunista. ¿Qué tendría que pasar para que cambie el régimen chino?
Una de las razones por las que
China parece mucho más resistente a estos problemas es porque vivió una crisis
mucho más recientemente que Estados Unidos y Europa. Desde que acabó la última
época de revoluciones y guerras en Europa, el continente ha vivido un periodo
de gran prosperidad. Los treinta años entre 1945 y 1975 fueron asombrosos. Pero
China sufrió un siglo de descomposición entre 1850 y 1950, y después la Revolución
Cultural. Las cosas solo empezaron a arreglarse a partir de mediados de los
años setenta.
Por tanto, los chinos no han
avanzado tanto en la espiral de la crisis como Occidente. Tienen algunos
problemas. Por ejemplo, aumenta el porcentaje de graduados universitarios no
encuentran trabajo, lo que es una mala señal. Pero al mismo tiempo tienen
una tasa
de fertilidad muy baja, así que hay poca gente joven. Esto ayuda a evitar una
crisis política: ya sabes, muchos jóvenes frustrados es el mejor caldo de
cultivo para una revolución.
Además, en China no hay divisiones
serias dentro de la élite. Insisto, lo que permite que las sociedades sean
razonablemente pacíficas y funcionales, independientemente de si son
democracias o autocracias, es el consenso entre las élites. Y en China, la
clase dominante, que es el aparato burocrático, el Partido Comunista, ha
controlado muy bien al otro actor poderoso: la élite económica. Cuando algún multimillonario
ha amasado demasiado poder, le han cortado las alas.
Ahora bien, los chinos no son
invulnerables: acabarán sufriendo una crisis a menos que entiendan sus causas y
las eviten. China ha sido un imperio poderoso la mayor parte de sus más de 2.000
años de historia. Y sin embargo su sistema ha colapsado cada dos siglos más o
menos. La última vez fue en el siglo XIX, con una crisis demográfica
estructural de libro: había demasiados aspirantes a élite y mucha miseria, y la
dinastía Qing se derrumbó. Podría pasar otra vez.
¿Qué me dice de Rusia?
En este momento las posibilidades
de una revolución en Rusia son
muy pequeñas o nulas. Por varias razones. Primero, el bienestar de los
rusos está aumentando. Subió muy rápidamente durante los años 2000 y a pesar de
las sanciones y de que ha habido altibajos, no están tan mal.
Otro factor, el más importante, es
que hay un gran consenso en las élites. La guerra de Ucrania, o lo que en Rusia
llaman “la guerra contra la OTAN”, ha provocado una fuerte consolidación de las
élites. Una parte de estas, los llamados oligarcas, han sido expulsados en los
últimos veinte años. Han perdido todo el poder. Pero el núcleo de la élite, el
sector militar-administrativo, está muy unido.
Hay un factor más: hace veinte años
Rusia vivió un gran descenso de la natalidad. La cohorte de veinteañeros, que
es la materia prima para la revolución, tiene hoy la mitad del tamaño que en la
generación anterior. Además, muchos de estos jóvenes se han ido del país por la
guerra. Por tanto no hay ningún motivo, ni a nivel popular ni en las élites,
para pensar que el sistema vaya a desmoronarse pronto.
¿Y Ucrania? Me llamó mucho la
atención lo que dice sobre este país en su libro. Argumenta que es probable que
el régimen acabe convirtiéndose en una militocracia, un régimen controlado por
los militares, incluso aunque gane la guerra.
Lo que está sucediendo en Ucrania
es muy interesante. Antes de la guerra era una plutocracia, un sistema en el
que los ricos tienen el poder. Ucrania era una plutocracia hasta extremos
increíbles. Pero la guerra ha terminado con eso. El número de multimillonarios
ucranianos está disminuyendo. Los que siguen en la lista Forbes han perdido
terreno. El oligarca Rinat Akhmetov ha perdido dos tercios de su riqueza porque
buena parte de ella estaba en Mariúpol, ciudad hoy en ruinas. Otro gran
plutócrata, Íhor Kolomoiski, está en prisión y el Estado le ha quitado su
banco. La plutocracia en Ucrania está siendo desmantelada, lo que era
previsible, porque las plutocracias son extremadamente frágiles, no son una
buena forma de gobernar un país.
“Nuestro modelo predice que Ucrania
será derrotada en un año o dos”
La pregunta entonces es si Ucrania
se convertirá en una militocracia. Pero ahora lo dudo. He desarrollado un modelo predictivo sobre
la guerra de desgaste en Ucrania. Según este modelo, no está en absoluto claro
que Ucrania pueda ganar: Rusia es superior en población, artillería y
producción industrial militar. Según algunas estimaciones, los rusos están
disparando diez veces más proyectiles que los ucranianos. Por supuesto,
hay otros factores: Ucrania ha sido muy buena usando drones. Pero aun así no
les veo ganando la guerra.
¿Entonces Ucrania desaparecerá como
Estado?, ¿cree que ese es el escenario más probable?
No soy profeta, solo hablo de
números y probabilidades. Nuestro modelo predice que Ucrania
será derrotada en un año o dos. Puedes forzar el modelo para que diga
que Ucrania ganará, pero solo si haces suposiciones muy poco realistas… No
puedo decir qué pasará. Quién sabe, quizá los marcianos lleguen mañana a la
Tierra. Pero mi disciplina, la cliodinámica, consiste en estudiar las
tendencias y usarlas para hacer predicciones sobre los posibles
resultados.
¿Podemos usar la cliodinámica para
influir en el resultado? ¿Puede servirnos para evitar que estalle una crisis en
Estados Unidos?
Sí, porque nosotros no queremos
predecir la llegada de una crisis, queremos anticiparnos para evitar que esta
se produzca. Estados Unidos es un enorme reto. Exige que la clase política se
ponga de acuerdo, colabore. Lo más importante es parar la bomba de riqueza.
Necesitamos que los salarios crezcan al mismo ritmo que la economía para que se
revierta el empobrecimiento de la población y la élite deje de aumentar.
Pero esto no se logrará en seguida.
EE. UU. es como un transatlántico y ya está rozando el iceberg. Hacer que
cambie de rumbo es difícil: exigiría unas élites que sepan alejarse de sus
motivaciones partidistas y trabajen por el bienestar del país en su conjunto.
No veo ninguna señal de que eso esté pasando ahora. También haría falta tiempo.
Según nuestro modelo, sacar a un país de este aprieto, parar los condicionantes
que llevan a una crisis y volver al camino de la prosperidad, suele llevar dos
o tres décadas. Puede que ya sea demasiado tarde.
Si el gran problema es el
crecimiento de la élite, ¿cómo la reducimos de manera pacífica? Porque la
alternativa es que suceda como en la Revolución francesa… ¿Cómo evitamos llegar
a esa solución violenta?
Para hacerlo de manera pacífica
necesitas parar la bomba de riqueza. Los ingresos de la población empezarán a
aumentar y la gente ya no sentirá que necesita unirse a la élite para escapar
de la precariedad. Aumentando los impuestos a los ricos, las grandes riquezas
se reducirían y la sobreproducción de élites se detendría. El Estado recaudaría
lo suficiente para mantenerse y proporcionar trabajos a esas personas bien
formadas que de otra manera se frustrarían con el sistema.
Algo así fue lo que pasó
durante el New Deal: entre 1929 y la década de 1950, el número de
millonarios en Estados Unidos disminuyó en un tercio. El país crecía pero el
número de millonarios se redujo. Fue doloroso para muchos de ellos, sí. Pero en
mi opinión es mejor perder algo de tu riqueza que ser asesinado en una
revolución o una guerra civil.
Fuente: EOM
