La mayoría de las organizaciones
internacionales han elaborado instrumentos para abordar la eliminación de
la violencia contra la mujer y sus convenios han sido firmados y
ratificados por numerosos países. No cabe duda que las últimas décadas han
supuesto un gran avance en la protección de sus derechos a nivel global. Las
sociedades están más concienciadas y la violencia de género suele ser
castigada penalmente. Sin embargo, hay un lugar en el mundo que ha hecho
exactamente lo contrario: Afganistán.
La vuelta al poder de los
talibanes en 2021 ha supuesto un retroceso en todas las libertades que
durante largos años se habían ido conquistando. Pequeños pasos en un país en el
que nueve de cada diez mujeres experimentan algún tipo de violencia
por parte de su pareja a lo largo de su vida. Estas conquistas tan limitadas
habían abierto la puerta a creer en un futuro más igualitario.
Pero apenas hicieron falta unos días de gobierno talibán para acabar de un plumazo con años de avances. Tal y como cuenta Amnistía Internacional, las mujeres y niñas afganas podían ir al colegio y a universidades, ser dueñas de sus propios negocios y ocupar cargos políticos. Ya nada de eso es posible.
La vida para ellas es tan
desafiante y extrema que incluso van a la cárcel si denuncian a su pareja por
maltrato y no tienen otro lugar en el que quedarse. Un informe reciente de Naciones Unidas así lo refleja.
El destino de las mujeres maltratadas que no tienen parientes varones es ir a
prisión. Es decir, en lugar de castigar al maltratador se penaliza a la
persona que sufre el maltrato.
Antes de los talibanes, las mujeres
tenían acceso a representación legal gratuita, tratamiento médico, apoyo
psicológico y una red de lugares en los que podían permanecer tras
denunciar a sus maridos. Era una red de protección frágil e imperfecta,
pero muy necesaria. Pero ya en 2021, al poco de recuperar el poder, los
extremistas cerraron todos estos centros y dejaron desamparadas a miles de
mujeres.
Los talibanes justifican que el
confinamiento en prisiones garantiza su protección contra la
violencia de género, pero las organizaciones de derechos humanos recuerdan que
eso supone privar de libertad a las víctimas. Además, tiene un
impacto negativo en su salud física y mental.
Cabe recordar que la violencia de
género contra las mujeres en Afganistán incluye asesinatos, crímenes de
honor, agresiones sexuales, lesiones y discapacidades, y la privación de las
mujeres de recibir herencias, tal y como recuerda Naciones Unidas.
VOA News pone el ejemplo de Leeda (nombre ficticio).
Una mujer de 27 años de Herat que recibe palizas diarias de su
marido. A ella no le queda más remedio que aguantarlas por el bien de sus tres
hijos. Y es que sus padres y sus hermanos ya no viven en el país y no
hay ninguna organización a la que acudir. Define su vida como "un
infierno", pero sabe que si denuncia a su marido ante los talibanes, va a
terminar en la cárcel.
Es el dilema infinito de ella
y muchas otras mujeres en el país. Denunciar supone ser recluida y perder
el contacto con los hijos, mientras que guardar silencio es seguir sufriendo
golpes y magulladuras. Y mientras que no haya un sistema de protección, aunque
sea mínimo, no hay esperanza de cambio.
Los años pasan y Afganistán sigue
siendo uno de los países más duros del mundo para ser mujer. Un lugar en
el que puedes terminar en la cárcel simplemente por ser víctima de maltrato.
Foto: WAKIL
KOHSAR/AFP via Getty Images. Texto tomado de yahoo noticias en español.
