Alexis Blanco
Refiriéndose al arte e intentando esbozar una metáfora
certera acerca de la inocencia absoluta como principio de observación y
apreciación de la pintura, en tanto hija dilecta de la poesía, suerte de
sagrada dialéctica de la écfrasis, el poeta francés Charles Baudelaire
precisaba: “Un conocimiento completo de la técnica combinado con el ‘conócete a
ti mismo’ de los griegos, pero donde el aspecto técnico baja la cabeza ante el
temperamento.”.
Desde esa misma “inocencia Baudelaireana”, el presente manuscrito intentará navegar por entre las tumultuosas redes de puntos extendidos que configuran la obra de la maestra dibujante, María Alejandra Hernández, la muy entrañable princesa Nana, de cuya obra artística ella misma fundamenta términos clave:
“Cada obra de arte tiene su propia historia, un mundo gráfico
especial, en cada una he puesto los significados de la vida y he inventado las
imágenes para transmitir los significados”.
Entonces basta con sumergirse con entrañado regocijo en la
volumétrica disposición de objetos trazados y formas delineadas en un festín
donde, como sucede en las sagradas ceremonias del amor puro, secuencias
infinitas de aleatorias probabilidades van entretejiendo su propio discurso
visual. Tramas, redes, círculos y asombros van derritiéndose entre sus propios
regodeos. Como si Venus, Minerva, Gea, Artemisa, Flora o Ixchel, junto con
Clío, Euterpe, Talía, Melpómene, Terpsícore, Erato, Urania, Polimnia y
Caliamne, fuesen hermanas que dialogan fértiles en cada cuadro intenso de la
dulce Nana. María Alejandra Hernández, con sus muñecas hiperactivas desplazaran
con virtuosa cadencia la superficie de sus obras. Nacida en Venezuela, tierra
de gracia dibujanta, ella bien podría remitirnos a las redes y polímeras
quimeras de Luisa Ritchter, Gego o Lía Bermúdez. Pero también hay suma
femineidad en su trazo como para que la mirada experta no se divierta
encontrando matices soberbios desde fuentes lejanas, hablo de misterios y
enigmas propios de las surrealistas Remedios Varo o Leonora Carrington.
Nana testimonia y se autotestimonia en su propio espacio
donde vive y reina un trazo preñado de artilugio. Escribo sororidad y va mucho
más allá de una mera síntesis de mujeres entre líneas. Me vale más mi gurú
poeta y crítico, Octavio Paz, cuando traza esta idea: “La aprehensión del
espacio es instintiva, es una experiencia corporal: antes de pensarlo y
definirlo, lo sentimos. El espacio no está fuera de nosotros ni es una mera
extensión: es aquello en donde estamos. El espacio es un dónde. Nos rodea y nos
sostiene pero, simultáneamente, nosotros lo sostenemos v lo rodeamos. Somos el
sostén de aquello que nos sostiene y el límite de lo que nos limita. Somos el
espacio en que estamos. Dondequiera que estemos, estamos en nuestro dónde; v
nuestro dónde nos sigue a todas partes. Es más fiel que un perro y más fiel que
nuestra sombra misma, que nos abandona cada noche…”.
El poeta Juan Calzadilla, autor del antilógico libro El
Dibujo en Venezuela también nos alienta: “Si quieres ver, tienes / que quitarte
los ojos de encima, / tapártelos e, incluso, / prescindir de ellos / como de un
error / para que no estén siempre en el medio / entre tú y las cosas / viéndote
mirar / sin otro efecto / que verte a ti mismo mirar. / Piensa que sin ellos /
quizás puedas llegar a sentir / que lo que percibes es posible / (Y hasta
posiblemente real) / Pero sobre todo Piensa”.
Salgo a pasear por esa guía de puntos que, tal vez desde
aquel “Punto y línea sobre el plano”, de Vassily Kandinsky, me va tendiendo
nuestra Nana, desde Marbella hasta Maracaibo, desde Barcelona a Caracas o
Santiago. Ella me guía con sus líneas, como si fuese mi Aracné, mejor, mi
Waleker, mis deidades tejedoras. Subo junto con ella al arcoiris del sueño y me
dejo ir en sus muñecas de prodigiosa dibujante, me dejó llegar, coronado de
flores y de símbolos magistrales. Me siento tan feliz como responsable por tan
solo escribir, con mis manos trémulas y musicales, una última línea de Paz,
para bien amar: “Yo dibujo estas letras
como el día dibuja sus imágenes
y sopla
sobre ellas y no vuelve”.
¡Salud!
Maracaibo, 17 de noviembre de 2023
