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20 noviembre, 2023

SORORIDAD Y DIBUJO. Líneas de acción para navegar en los dibujos de María Alejandra Hernández, La Nana

Alexis Blanco

Refiriéndose al arte e intentando esbozar una metáfora certera acerca de la inocencia absoluta como principio de observación y apreciación de la pintura, en tanto hija dilecta de la poesía, suerte de sagrada dialéctica de la écfrasis, el poeta francés Charles Baudelaire precisaba: “Un conocimiento completo de la técnica combinado con el ‘conócete a ti mismo’ de los griegos, pero donde el aspecto técnico baja la cabeza ante el temperamento.”.

Desde esa misma “inocencia Baudelaireana”, el presente manuscrito intentará navegar por entre las tumultuosas redes de puntos extendidos que configuran la obra de la maestra dibujante, María Alejandra Hernández, la muy entrañable princesa Nana, de cuya obra artística ella misma fundamenta términos clave:

“Cada obra de arte tiene su propia historia, un mundo gráfico especial, en cada una he puesto los significados de la vida y he inventado las imágenes para transmitir los significados”.

Entonces basta con sumergirse con entrañado regocijo en la volumétrica disposición de objetos trazados y formas delineadas en un festín donde, como sucede en las sagradas ceremonias del amor puro, secuencias infinitas de aleatorias probabilidades van entretejiendo su propio discurso visual. Tramas, redes, círculos y asombros van derritiéndose entre sus propios regodeos. Como si Venus, Minerva, Gea, Artemisa, Flora o Ixchel, junto con Clío, Euterpe, Talía, Melpómene, Terpsícore, Erato, Urania, Polimnia y Caliamne, fuesen hermanas que dialogan fértiles en cada cuadro intenso de la dulce Nana. María Alejandra Hernández, con sus muñecas hiperactivas desplazaran con virtuosa cadencia la superficie de sus obras. Nacida en Venezuela, tierra de gracia dibujanta, ella bien podría remitirnos a las redes y polímeras quimeras de Luisa Ritchter, Gego o Lía Bermúdez. Pero también hay suma femineidad en su trazo como para que la mirada experta no se divierta encontrando matices soberbios desde fuentes lejanas, hablo de misterios y enigmas propios de las surrealistas Remedios Varo o Leonora Carrington.

Nana testimonia y se autotestimonia en su propio espacio donde vive y reina un trazo preñado de artilugio. Escribo sororidad y va mucho más allá de una mera síntesis de mujeres entre líneas. Me vale más mi gurú poeta y crítico, Octavio Paz, cuando traza esta idea: “La aprehensión del espacio es instintiva, es una experiencia corporal: antes de pensarlo y definirlo, lo sentimos. El espacio no está fuera de nosotros ni es una mera extensión: es aquello en donde estamos. El espacio es un dónde. Nos rodea y nos sostiene pero, simultáneamente, nosotros lo sostenemos v lo rodeamos. Somos el sostén de aquello que nos sostiene y el límite de lo que nos limita. Somos el espacio en que estamos. Dondequiera que estemos, estamos en nuestro dónde; v nuestro dónde nos sigue a todas partes. Es más fiel que un perro y más fiel que nuestra sombra misma, que nos abandona cada noche…”.

El poeta Juan Calzadilla, autor del antilógico libro El Dibujo en Venezuela también nos alienta: “Si quieres ver, tienes / que quitarte los ojos de encima, / tapártelos e, incluso, / prescindir de ellos / como de un error / para que no estén siempre en el medio / entre tú y las cosas / viéndote mirar / sin otro efecto / que verte a ti mismo mirar. / Piensa que sin ellos / quizás puedas llegar a sentir / que lo que percibes es posible / (Y hasta posiblemente real) / Pero sobre todo Piensa”.

Salgo a pasear por esa guía de puntos que, tal vez desde aquel “Punto y línea sobre el plano”, de Vassily Kandinsky, me va tendiendo nuestra Nana, desde Marbella hasta Maracaibo, desde Barcelona a Caracas o Santiago. Ella me guía con sus líneas, como si fuese mi Aracné, mejor, mi Waleker, mis deidades tejedoras. Subo junto con ella al arcoiris del sueño y me dejo ir en sus muñecas de prodigiosa dibujante, me dejó llegar, coronado de flores y de símbolos magistrales. Me siento tan feliz como responsable por tan solo escribir, con mis manos trémulas y musicales, una última línea de Paz, para bien amar: “Yo dibujo estas letrascomo el día dibuja sus imágenesy sopla sobre ellas y no vuelve”.

¡Salud!

Maracaibo, 17 de noviembre de 2023