Los sudaneses y la comunidad internacional se aferraban hasta esta mañana al Eid al-Fitr, la fiesta del final del mes sagrado de Ramadán, para que el conflicto armado que enfrenta a las Fuerzas Armadas de Sudán (SAF, por sus siglas en inglés) y a las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF, por sus siglas en inglés) desde el pasado sábado diera un respiro a la población. Naciones Unidas, la Unión Africana, la Liga Árabe y numerosos países habían pedido a ambas partes que adoptaran una tregua de 72 horas a la que se adhirieron las RSF, lideradas por Mohamed Hamdan Dagalo, Hameidti. Poco después del intento de mediación internacional, el máximo responsable de las SAF, Abdel Fattah al-Burhan, no se refirió a esta posibilidad en un vídeo difundido a través de las redes sociales del Ejército, para confirmar después que no aceptaría una tregua mientras las tropas de Hameidti se mantuvieran en la capital. Aunque había cierta esperanza en que la propuesta cuajase, los antecedentes no eran demasiado halagüeños: los dos altos el fuego declarados en los primeros días del conflicto han fracasado en medio de acusaciones mutuas de vulnerar el armisticio.
El conflicto que vive Sudán desde el pasado sábado, con
enfrentamientos por todo el país entre el Ejército regular y los paramilitares
de las RSF, ha provocado la muerte de cerca de 300 personas, según la
Organización Mundial de la Salud. Además, ACNUR ha informado de que entre 10.000
y 20.000 sudaneses, especialmente de la zona de Darfur, han cruzado a
Chad para huir de los combates. Mientras, la comunidad internacional, además de
apelar a las partes implicadas al cese de los enfrentamientos, estudia las
posibilidades para la evacuación de los expatriados residentes en el país.
Además del daño causado en las infraestructuras sanitarias o
en las redes eléctrica o de saneamiento, los combates, bombardeos y ataques
aéreos han confinado a la población en sus hogares. La inseguridad impide que
buena parte del personal sanitario tenga posibilidad de acudir a trabajar a los
centros médicos. Esto, unido a la falta de suministros, provoca que más de 30
hospitales en el país (nueve de ellos en Jartum, la capital) no puedan prestar
atención sanitaria.
La situación está afectando directamente a la población que
vive de la economía informal: las mujeres que limpian en domicilios, las que
hacen ladrillos de adobe o que venden fruta u otros productos en las calles no
pueden obtener el sustento con el que mantener a sus familias. Si la situación
se alarga en el tiempo, la población que necesitará ayuda humanitaria urgente
puede crecer sensiblemente. Según la Oficina de Naciones Unidas para la
Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), 15,8 millones de sudaneses (de una
población cercana a los 43 millones) podrían necesitar una ayuda humanitaria
que, además, va a ser complicado repartir entre la población. El Programa
Mundial de Alimentos, después de la muerte de tres miembros de su personal a
causa del fuego cruzado en Darfur del Norte, ha suspendido de forma temporal
sus operaciones en el país.
El proceso de transición
Las causas inmediatas del enfrentamiento entre las SAF y los
paramilitares de las RSF tienen que ver con la integración de estas últimas
dentro de la estructura del Ejército sudanés. Mientras que Al-Burhan era
partidario de un proceso rápido, de apenas dos años, Hameidti optaba por un
proceso de diez años. Las RSF están compuestas por cerca de 100.000 efectivos.
Pero, más allá de esta cuestión, el enfrentamiento evidencia
una lucha de poder entre Al-Burhan y Hameidti, dos de los hombres fuertes del
país, que, de momento, ha paralizado el proceso de transición a un gobierno
civil en el que se encontraba inmerso el país después de la caída del ex
presidente Omar Hassan al Bashir.
El 17 de julio de 2019 se firmaron las bases para el período
de transición a la democracia tras el fin del antiguo régimen. Este acuerdo,
fundamental para interpretar la realidad actual de Sudán, determinaba un
período transitorio de 39 meses que sirviera para encaminar al país a la
celebración de unas elecciones libres y democráticas y a la formación de un
Gobierno civil. En ese acuerdo se estableció la creación de un Consejo Soberano,
compuesto por seis civiles y cinco militares, que se alternarían en el poder
durante ese tiempo. El Ejército ostentaría el mando 21 meses, y los 18
restantes lo harían los civiles. Abdel Fattah al-Burhan, presidente del Consejo
Militar de Transición –creado tras la caída del régimen anterior–, asumió el
poder del Consejo Soberano, y el economista Abdallah Hamdok fue nombrado primer
ministro. Después del autogolpe de Estado protagonizado por Al-Burhan el
25 de octubre de 2021, con el apoyo de Hameidti, los acontecimientos de este
mes de abril confirman que uno de los factores a tener en cuenta en la actual
crisis de Sudán es el deseo de los militares de seguir manejando las riendas
del poder, y dejar a los principales movimientos civiles a un lado del camino o
en un discreto segundo plano.
Un mes convulso
El pasado 1 de abril, las plataformas civiles que acompañan
el período de transición, las SAF y las RSF tenían que haber firmado un acuerdo
que pusiera las bases para un traspaso de poder a manos civiles. El 6 de abril
se debía rubricar la Constitución de transición y el día 11 era la fecha
elegida para presentar el organigrama del nuevo Ejecutivo. La expectativa del
país era tan optimista aquellos días que el 1 de abril se declaró festivo. Pero
los sueños se vieron truncados enseguida al aplazarse el acuerdo, primero al
día 6 y luego sine die. El 15 de abril, estalló el conflicto.
Mientras que Al-Burhan ha insistido de forma recurrente en
que Hameidti es uno de los principales causantes de la inestabilidad en el
país; este último, no ha dudado en posicionarse públicamente a favor de un
gobierno civil. La pregunta que ha quedado en el aire es si realmente el líder
de las RSF estaría dispuesto a dejar que los civiles dirigieran los designios
de Sudán hasta la celebración de unas elecciones libres y democráticas. Los más
escépticos dudan, sobre todo por el pasado de Hameidti que, en pleno autogolpe
de 2021, no vaciló a la hora de emplear todos los medios a su alcance para
acabar con las manifestaciones ciudadanas contra la asonada. Aquella represión
terminó con un centenar largo de fallecidos y un elevado número de heridos del
que nadie se ha hecho responsable.
Más allá de las palabras y los posicionamientos públicos, en
los días previos al conflicto, Hameidti movilizó a cerca de 60.000 de sus
hombres en el entorno de Jartum y del aeropuerto de Merowe, a unos 200
kilómetros al norte de la capital, donde se encuentra la base de las Fuerzas
Aéreas sudanesas.
El despliegue de las RSF cerca de la capital se tomó, por
buena parte de la sociedad, como un movimiento estratégico dirigido tan solo a
mostrar tanto a Al-Burhan como al pueblo su potencia militar y ganarse así una
posición relevante en el último período de la transición. Sin embargo, la
amenaza se convirtió en realidad cuando los paramilitares intentaron tomar
algunos enclaves de gran valor estratégico o simbólico: el Palacio
Presidencial, el Cuartel General de las Fuerzas Armadas en Sudán, la base aérea
de Merowe, el aeropuerto de la capital y la televisión. A pesar de que han
aparecido fotografías de paramilitares de las RSF en el aeropuerto o en el
Palacio Presidencial, el Ejército ha reconquistado esos espacios estratégicos.
Lo que las RSF sí han destruido es la sede de los servicios de inteligencia
sudaneses.
Aunque los combates más importantes y la repercusión de lo
que ocurre en la capital sudanesa, Jartum, están acaparando buena parte de la
atención mediática desde que se iniciaran los enfrentamientos, la
infraestructura militar de Merowe se ha convertido en un enclave fundamental
para el devenir del conflicto. Aunque las RSF tiene artillería antiaérea, no
disponen de medios aéreos de combate y se encuentra, en este sentido, en
desventaja respecto a las SAF. Además del impacto militar que tiene la base, en
Merowe se produjo un incidente que puede tener también repercusiones
internacionales, ya que los paramilitares de Hameidti retuvieron a un grupo de
soldados egipcios que se encontraban en esa instalación. El Ejército
sudanés ha confirmado este jueves que los militares del país vecino ya
habían sido liberados y trasladados a su país. Entre las ramificaciones
internacionales del conflicto, no hay que desdeñar las buenas relaciones que
Hameidti mantiene con Moscú, por lo que no habría que descartar una
movilización de efectivos del grupo de mercenarios Wagner en
apoyo de las RSF.
Las tropas de Hameidti desplegadas en Merowe se han retirado
a las montañas Negras, donde estarían esperando apoyo de algún destacamento
establecido en Darfur. A partir de ahí se desconoce si las RSF harán un nuevo
intento de tomar la base aérea o marcharán sobre Jartum.
La evolución del conflicto es difícil de predecir, aunque
la animadversión
entre Al-Burhan y Hameidti no augura una solución rápida ni fácil para
el país. Una muestra evidente de ello ha sido la negativa de Al-Burhan a la
tregua de 72 horas con motivo del Eid al-Fitr. El responsable de las SAF ha
dicho que «no hay otra opción que la solución militar», mientras que su rival
ha recordado que «estamos hablando de una tregua humanitaria, de
salvoconductos… no de sentarnos con un criminal». El que tampoco es optimista
es el analista político El Jamil El Fadil, quien señaló en Radio
Dabanga este jueves que las SAF tiene más posibilidades de imponerse
militarmente, pero que su victoria podría conducir al país a una situación
similar a la que se vivía antes del derrocamiento de Al Bashir.
Tomado de MUNDO NEGRO / España.
