El país más joven y uno
de los más desfavorecidos se ha ganado una plaza en el Mundial de baloncesto:
el exNBA Luol Deng está detrás de la gesta.
- NACHO
DUQUE
El Índice de Desarrollo Humano es un indicador que cada año
elabora Naciones Unidas analizando salud, educación e ingresos de los habitantes
de un país. En él influyen la esperanza de vida, la tasa de mortalidad
infantil, el porcentaje de población alfabetizada, la renta per cápita... En
los dos últimos informes, Sudán del Sur estaba colocado al fondo del ránking
mundial. El año pasado también competía con Burundi por no ser el país más
pobre del planeta. Sin embargo, en uno de esos milagros que en
ocasiones ofrece el deporte, acaba de clasificarse para la Copa del Mundo de
baloncesto que se disputará en Japón, Indonesia y Filipinas entre el 25 de
agosto y el 10 de septiembre. Un pedazo de gloria entre la pobreza.
Sudán del Sur se ha hecho con una de las cinco plazas mundialistas que correspondían a África. Ha liderado su grupo de clasificación con 11 victorias en 12 encuentros, dejando atrás a selecciones clásicas del continente como Egipto, Túnez y Senegal, a la que derrotó por 83-75. El triunfo supuso sellar el pasaporte para la gran cita. Las Estrellas Brillantes, como se conoce al equipo nacional de baloncesto, acababan de protagonizar una gesta con positivas ramificaciones en la vida del país.
Porque Sudán del Sur ha tenido pocas noticias positivas desde
su nacimiento y el baloncesto le acaba de dar una de ellas. Se trata de la
nación más joven del mundo. Su independencia data del 9 de julio de
2011, seis años después de un conflicto bélico con su vecina Sudán. Pero la
separación no trajo la paz. En un país con numerosas etnias, en 2013
comenzó una guerra civil de ésas que no se mencionan en los medios de
comunicación, pero que se convirtió en la más larga de África. Duró hasta 2020,
aunque aún a día de hoy se registran algunos enfrentamientos.
Cuatro millones de refugiados
Por si la guerra fuera un drama menor, en 2017 el
país sufrió una profunda hambruna. La mezcla de ambas cosas ha hecho que con
algo menos de 11 millones de habitantes tenga a cuatro de ellos desplazados.
Conociendo esos asuntos sociales, políticos y económicos, el hito
baloncestístico de Sudán del Sur cobra una dimensión aún mayor.
El gran artífice del mismo es Luol Deng, un exjugador
de 37 años que pasó por Bulls, Cavaliers, Heat, Lakers y Timberwolves a lo
largo de sus 15 temporadas en la NBA, donde disputó 902 partidos. En 2019
fue elegido presidente de la Federación y es también el seleccionador nacional.
Su ayudante es Ajou Deng, uno de sus ocho hermanos. Todos ellos saben bien lo
que es ser un refugiado.
Huyendo de la guerra, el patriarca mandó a la familia a
Egipto. Allí, Luol conoció a Manute Bol, el sudanés que con sus 2,31
metros se convirtió en un icono del baloncesto mundial y en el jugador más alto
en la historia de la NBA, igualado con el rumano Gheorghe Muresan. El
gigante africano fue quien le despertó la pasión por el baloncesto: le enseñó y
ejerció como mentor.
Los Deng se mudaron a Londres antes de que, con 14 años, Luol
obtuviera una beca para jugar en una academia en Nueva Jersey. Después ingresó
en la Universidad de Duke y en 2004 fue seleccionado por los Bulls en el draft
de la NBA. Participaría dos veces en el All Star, formaría parte del
mejor quinteto defensivo de la temporada 2011-12, sería olímpico en los Juegos
de Londres con Gran Bretaña y dejaría por cada lugar que pasó un halo de
profesionalidad y compromiso. Pero el mayor de ellos lo tuvo siempre con el
país que se vio obligado a abandonar de crío.
El alero de 2,06 metros nunca olvidó sus raíces. En 2005 creó
The Luol Deng Foundation y ha sido un fiel participante en los campus de
Basketball Without Borders, que tratan de llevar el baloncesto a lugares
desfavorecidos. Siempre ha estado implicado en la reconstrucción de
Sudán del Sur, proporcionando hogares e impulsando el desarrollo del país.
En 2008 recibió un premio de la Agencia de las Naciones Unidas para los
Refugiados por su labor humanitaria. Hasta Barack Obama, expresidente de Estados
Unidos y fanático de los Bulls, elogió su trabajo.
Paz a través del baloncesto
Ahora, Deng trata de fomentar la paz a través del baloncesto.
El éxito de la selección aparentemente lo ha conseguido, pues las disputas
étnicas han dejado paso a las celebraciones. No ha sido nada sencillo. Él mismo
ha pagado desplazamientos y costes de los viajes. Y unos cuantos de los
internacionales juegan en Australia, otros en Universidades de Estados Unidos y
algunos en Europa, incluido Kur Nyok Kuath, que milita en el Ourense de
la LEB.
El físico de los jugadores ha ayudado a la sorprendente
clasificación mundialista. En la última convocatoria, seis de los 12 llegaban a
los 2,05 metros y el más bajo estaba en 1,94. Muchos de los
internacionales son de la etnia Dinka, uno de los pueblos más altos del mundo.
Manute Bol era uno de ellos. También su hijo Bol Bol (2,18), que juega en los
Magic. Y Wenyen Gabriel, (2,06), pívot de los Lakers. Son dos de los jugadores
que podrían sumarse en la Copa del Mundo al milagro de Sudán del Sur.
Tomado de MARCA /
España.
