Por Bel-la Lehbib Breica
/ Opinión.
Madrid. El éxito de la mediación china para restaurar las cálidas
relaciones entre Irán y Arabia Saudita calma, aunque de forma temporal, la
tensa situación en Oriente Próximo. Las variables regionales e internacionales,
especialmente la guerra en Ucrania y la fuerte polarización entre los
principales países, pueden obligar a los ejes principales de Oriente Medio:
Irán, Turquía y el eje "árabe" a posponer algunas de sus diferencias
y rivalidades por un período indefinido.
Dos países ven con un poco de recelo el acercamiento iraní-saudí: Israel y Marruecos. Tel Aviv estaba inflando el tema iraní para acercarse a los países árabes y lograr avances a través de lo que se conoció como los Acuerdos de Abraham. Más bien, algunos comenzaron a hablar de una OTAN árabe-israelí para contrarrestar a Irán. Por su parte, Rabat rompió sus relaciones diplomáticas con Irán para cortejar a Estados Unidos y algunos países del Golfo Pérsico, pensando que con esa decisión se pondría del lado ganador. Finalmente acabó tirándose entre los brazos de Israel.
Rabat comenzó a retratar a Irán como un estado paria, e
invirtió en eso políticamente a través de operaciones de propaganda
vinculándolo al Frente Polisario y en otras ocasiones a Argelia. Terminó
trayendo a Rabat al excanciller israelí Yair Lapid para amenazar a Argelia al
decir que su país estaba preocupado por el acercamiento de Argel a Teherán.
Si bien Marruecos continuó desempeñando el papel de un estado
funcional, sus posiciones tendieron a ser las mismas que las de algunos países.
Con una diplomacia que navega a contracorriente debido a su ocupación de la
República Saharaui, Rabat siguió apostando al beneficio táctico y jugando a
costa de seguir una supuesta visión estratégica equilibrada.
Y en un momento en que polos como Turquía tendían a
reconciliarse con sus vecinos, y Arabia Saudí con Irán -acuerdos
circunstanciales-, Marruecos tendía a fabricar crisis con sus vecinos y
exponerse a una degradación política y diplomática por casos como el “MarocGate”
y “Pegasus”.
A diferencia de Argelia, que recientemente ha sido testigo de
la visita de destacados funcionarios políticos y militares, debido a su vital
importancia estratégica en la región, especialmente a la luz de los cambios que
se están produciendo en el mundo, parece que Rabat queda fuera del mapa de la
ecuación de los cálculos geoestratégicos debido a la ausencia de cartas o roles
importantes que puede desempeñar. Marruecos también está preocupado por la
situación interna, la crisis energética, el alto coste de los alimentos básicos
de consumo y el endeudamiento externo que alcanzó cifras récord.
¿Cómo afrontará Marruecos la nueva situación? ¿Buscará
también la mediación con Argelia? ¿A qué precio político? Sin duda alguna, el
balón está en la portería de Rabat.
Tomado de El
Confidencia Saharaui
