Lo advierte una investigación difundida en la prestigiosa
revista Nature
Un grupo de científicos alertó que la utilización de las
lámparas de luz ultravioleta empleadas para conseguir un esmalte resistente
incrementa el riesgo de contraer melanoma. Realizaron experimentos en cultivos
celulares representativos de lo que puede ocurrir en la piel humana.
Por Agencia de noticias científicas de la UNQ
En un trabajo publicado por investigadores estadounidenses en
la revista Nature en enero de 2023, un grupo de científicos
encontró que la irradiación de un secador de esmalte de uñas UV causa
altos niveles de especies reactivas de oxígeno y disfunción mitocondrial. Estos
efectos incrementan las chances de contraer melanoma, una de las
formas más metastásicas del cáncer. Si bien los experimentos se realizaron en
cultivos celulares son representativos de lo que puede ocurrir en la piel
humana. Desde la Agencia de Noticias Científicas de la UNQ colocamos la
lupa para evaluar en detalle un tema que parece de estética, pero es cuestión
de piel.
Esmalte resistente… ¿a qué precio?
Las uñas pintadas de diferentes colores son, definitivamente,
hermosas. Hoy en día, incluso, hay diseños muy originales que incluyen flores o
dibujos más complejos. Sin embargo, cualquier tarea simple, como lavar los
platos, atenta contra la integridad y los esmaltes se dañan. En los últimos
años se desarrollaron esmaltes en base a gel: tienen una serie de monómeros
(como pequeños eslabones de una cadena) que al secarse forman un polímero y se
endurecen, por lo que las vuelve más resistentes. El problema es que ese secado
implica el uso de lámparas de luz ultravioleta.
La luz ultravioleta (UV) es un tipo de radiación
electromagnética. Gran parte de estos rayos están bloqueados por la capa de
ozono, de hecho, solo aquellos que alcanzan la superficie terrestre se pueden
clasificar en función de su efecto sobre la piel humana. La luz ultravioleta B
(UVB) representa alrededor del 10 por ciento de la radiación UV que se
encuentra en la Tierra, penetra en la capa externa de la piel e induce lesiones
en el ADN. Por el contrario, la luz ultravioleta A (UVA) constituye el 90 por
ciento restante, puede penetrar la piel más profundamente y causa poco daño
directo al ADN ya que los rayos UVA son poco absorbidos por esta macromolécula.
La radiación UVA no está exenta de efectos adversos: la mayor parte de la toxicidad
ambiental de los rayos UVA se ha atribuido al uso de productos comerciales,
como las cabinas de bronceado. Luego de una exposición prolongada a UVA, las
células de la piel tienen más chances de desarrollar carcinoma. La
Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer ha clasificado a los rayos
UVA como carcinógenos. Sin embargo, a pesar de esta advertencia, la radiación
UVA se usa ampliamente en productos de consumo como los secadores de esmalte de
uñas.
Cabe destacar que, en la mayoría de los casos, tanto las uñas
como las manos se irradian hasta 10 minutos por sesión.
Típicamente, los usuarios concurren a cambiar su esmalte o retocarlo cada dos
semanas. Las cuentas están claras.
El costo de la belleza
En el artículo publicado en la revista Nature, los
científicos estudiaron los efectos de los secadores de uñas en líneas
celulares, algunas derivadas de tejidos humanos y otras de animales. Entre
los efectos reportados, los científicos hablan de especies reactivas de
oxígeno y daño mitocondrial. Las mitocondrias se encuentran en el interior
de las células y su misión es producir energía para llevar adelante el
metabolismo. Cuando las mitocondrias son defectuosas, las células no tienen
suficiente energía.
A esto hay que agregarle que se encontraron mutaciones
en el ADN. Como dato adicional, como esta macromolécula tiene una capacidad
limitada para reparar errores, las variantes se acumulan en el tiempo. Esto da
como resultado chances incrementadas de contraer cáncer, en este caso de piel,
ya que es el órgano mas afectado. Y no cualquier cáncer: el melanoma es
una de las formas de cáncer con mayor incidencia de metástasis.
Tomado de Página 12 /
Argentina.
