Por Alberto Lewis
El 23 de enero del año 1958, estaba un dictador huyendo en un
Douglas C-54 apodado “La Vaca Sagrada” de la FAV. Salió a las 3:00am asustado
por el pueblo venezolano que estaba en la calle sin miedo protestando contra la
tiranía.
En esas jornadas no se disparó ni un solo tiro, pero igual
huyó dejando un gran charco de orine en el hangar presidencial de La Carlota.
Un mes antes habían ganado unas elecciones “amañadas” y el tirano dictador se consideraba invencible, omnipotente y omnipresente, casi un semidiós libre de imperfecciones mundanas, bajo su régimen militar, aparentemente fuerte y estable, al ritmo de los paso dobles y merengues de La Billos Caracas Boys en el salón Venezuela del Círculo militar; un mes antes, en diciembre de 1957, ni él ni ninguno de sus sátrapas y acólitos seguidores tenían motivos para pensar que en pocas semanas serían derrocados por estudiantes adecos y amas de casa y tendrían que huir despavoridos el dictador con su familia y algunos de sus ministros a la República Dominicana para buscar refugio a la sombra de otro dictador.
Solo los esbirros y jalabolas pendejos que quedaron, fueron
los únicos que recibieron escarmiento de un pueblo dispuesto a ser libres.
Papayo, 23 de Enero 2023
