Acosado por
una derecha que buscó siempre su salida y debilitado por falencias de su
gobierno, el mandatario anunció una decisión inconstitucional, lo que precipitó
su salida.
El presidente Pedro Castillo pateó el tablero de la democracia, pero la apuesta le falló y fue destituido y apresado. Lo hizo cuando estaba acosado por una derecha que buscaba destituirlo y debilitado por las falencias de su gobierno y las denuncias de corrupción en su contra. Ha sido reemplazado por la vicepresidenta Dina Boluarte, que se convierte en la primera mujer en asumir la presidencia en la historia del país. Boluarte pidió una tregua y anunció un gobierno de unidad nacional con participación de “todas las fuerzas políticas”. Minutos antes de su juramentación, el Congreso había destituido a Castillo con 101 votos a favor, solamente 6 en contra y 10 abstenciones, por haber intentado el cierre inconstitucional del Congreso, lo que fue calificado como un intento de golpe de Estado. Mientras Boluarte juraba en el Congreso como presidenta, Castillo estaba detenido en una dependencia policial. Hubo manifestaciones, no muy concurridas, a favor y en contra de Castillo. Se dieron enfrentamientos entre ambos grupos. Los manifestantes pedían que se vayan el Congreso y la recién juramentada presidenta y se convoque a elecciones generales adelantadas.
La crisis
terminal para el gobierno de Castillo estalló después de que en un
sorpresivo mensaje al país dado por televisión al mediodía de este
miércoles, el todavía presidente anunció el cierre inconstitucional del
Congreso. Lo hizo tres horas antes del inicio de la sesión parlamentaria
en la que se iba a debatir y votar una moción para destituirlo por
“incapacidad moral permanente” por denuncias de corrupción que están en
investigación.
Con el
cierre del Congreso, Castillo también anunció el inicio de un “gobierno de
emergencia excepcional”, declaró en “reorganización” el Poder Judicial y la
Fiscalía de la Nación que lo investigan y anunció la convocatoria a una
Asamblea Constituyente en un plazo de nueve meses. Dijo que hasta que se
instalara la Asamblea Constituyente gobernaría por decretos leyes. En el que
sería su último mensaje como presidente, decretó un toque de queda a partir de
este miércoles desde la diez de la noche, que no se llegó a aplicar porque el
presidente cayó bastante antes de esa hora y la presidenta Boluarte lo dejó sin
efecto.
El cierre
del Congreso
Castillo
estaba notoriamente nervioso mientras leía el breve mensaje en el que anunció
su frustrado intento de mantenerse en su puesto. Habló poco más de cinco
minutos. Los papeles que tenía se agitaban con el temblor de sus manos. Al
anunciar el cierre del Congreso recordó los reiterados intentos de la mayoría
parlamentaria de derecha de destituirlo y aseguró que se le imputan
delitos sin pruebas. Acusó a la oposición de derecha de intentar instaurar una
“dictadura parlamentaria”.
Cuando
Castillo dio su mensaje había una alta incertidumbre sobre si la oposición
obtendría los 87 votos, dos tercios del Congreso, necesarios para destituirlo
ese mismo día por “incapacidad moral”. En ese momento un exfuncionario de su
gobierno declaraba ante la Comisión de Fiscalización del Parlamento que había
recibido pagos de sobornos y había entregado parte de ese dinero a Castillo.
Como otras acusaciones contra el entonces presidente, se trata del testimonio
de un procesado por corrupción que está en prisión y que con ese testimonio
busca beneficios judiciales, como obtener su libertad.
Al parecer,
los cálculos de Castillo lo llevaron a asumir que luego de ese testimonio la
derecha que quería destituirlo alcanzaría los votos para hacerlo, y decidió
lanzarse a cerrar el Congreso. Sin embargo, las estimacioines que circulaban a
esa hora sobre cómo se daría esa votación no eran claras sobre cuál finalmente
sería el resultado. Nada era seguro en ese momento. La noche anterior, en otro
mensaje al país, Castillo había asegurado que respetaba la democracia e iría al
Parlamento a enfrentar el proceso de destitución en su contra.
La decisión
que tomó Castillo le salió muy mal. Lo suyo fue un suicidio político televisado.
El “gobierno de emergencia excepcional” no duró nada. Tres horas después de ese
intento de cerrar inconstitucionalmente el Congreso -el presidente puede cerrar
el Congreso pero solamente si antes éste niega dos votos de confianza al
Ejecutivo, lo que no había ocurrido- Castillo era destituido y apresado.
Mientras en el Congreso se ponía a votación su destitución y estaba cantado el
resultado, Castillo abandonó el Palacio de Gobierno. Circuló el rumor de que
iba a la embajada de México a pedir asilo, pero fue detenido y llevado a una
dependencia policial. Su derrota estaba consumada. Le espera un proceso penal
por intentar dar un golpe de Estado, un delito que tiene una pena de entre 10 y
20 años. El gobierno de México le ha ofrecido asilo.
El
solitario final de Castillo
Resulta
inexplicable cómo Castillo se lanzó a anunciar el cierre del Congreso sin
tener respaldo para sostener esa decisión. Se quedó solo inmediatamente
después de hacer ese anuncio. Sus ministros comenzaron a renunciar uno
tras otro denunciando que rechazaban lo que calificaron como un golpe de
Estado. No fueron consultados antes de que Castillo decida cerrar el Congreso.
Todas las instituciones rechazaron el intento golpista lanzado desde el
Ejecutivo. Por algo más de una hora hubo incertidumbre sobre la postura que
adoptarían los militares, si apoyarían a Castillo con el cierre del Congreso o
se opondrían. La incertidumbre se disipó cuando los militares se pronunciaron
anunciando que no obedecerían la decisión de Castillo de cerrar el Congreso. La
derrota del todavía presidente estaba consumada.
Caído
Castillo, asumió la presidencia Dina Boluarte. Lo hizo ante el Congreso. “Como
todos conocemos se ha producido un intento de golpe de Estado”, comenzó
Boluarte su primer mensaje como presidenta inmediatamente después de
juramentar. Antes ya había tomado distancia del intento de Castillo de cerrar
el Parlamento en un mensaje por Twitter. Boluarte felicitó que “todas las
instituciones” hayan rechazado esa decisión de Castillo.
La tregua
que pide Boluarte
“Asumo el
cargo de presidenta constitucional siendo consciente de la enorme
responsabilidad que me toca. Mi primera invocación es convocar a la más amplia
unidad de todas y todos los peruanos. Nos corresponde conversar, dialogar,
ponernos de acuerdo, algo tan sencillo como tan impracticable en los últimos
meses. Convoco a un amplio proceso de diálogo entre todas las fuerzas políticas
representadas o no en el Congreso”, señaló Boluarte en ese primer mensaje como
presidenta.
“Solicito
una tregua política para instalar un gobierno de unidad nacional”, pidió a los
legisladores que acosaron sin pausa al gobierno de Castillo “Solicito -agregó-
un plazo, un tiempo valioso, para rescatar a nuestro país de la corrupción y el
desgobierno”. Está por verse si la derecha que desde el Congreso apostó a la
desestabilización y al golpismo contra Castillo está dispuesta a darle esa
tregua.
La nueva
presidenta anunció “un gabinete de todas las sangres donde estén representadas
todas las fuerzas democráticas”. Boluarte, de 60 años, era poco conocida en el
ambiente político hasta que llegó a la vicepresidencia de la mano de Castillo.
Ha sido militante de Perú Libre (PL), el partido que llevó a Castillo al
gobierno, pero hace unos meses fue expulsada. Asume la presidencia sin
tener un partido que la apoye, sin una bancada propia, enfrentada a PL que era
su partido y con una derecha parlamentaria que ya ha demostrado estar dispuesta
a todo para defender sus intereses subalternos. La tiene complicada.
Imagen: AFP
/ Texto tomado de Página 12 / Argentina.
