Por
Ricardo Emilio Quero*
Especial
para Entre Todos D.
Cada
año Santiago de Compostela es testigo de la llegada de miles de peregrinos que,
desde la misma España y otros puntos del mundo, dan término a su recorrido
por el célebre «Camino de Santiago». Esta ruta —que en realidad son varias (tres de ellas, el Camino Francés, el Primitivo y el del Norte, han sido declarados por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad)— representa un hito cuyo alcance y
significación está muy lejos de ser comprendido por la inmensa mayoría de los
hombres y mujeres del llamado «mundo occidental». Vía de peregrinación desde la Edad Media, además de dar un
impulso fundamental a la lucha hispana contra los musulmanes, contribuiría
grandemente a reactivar la deprimida economía de los cristianos que han sido arrinconados
en las agrestes zonas montañosas del norte peninsular. ¿Cuál es el origen de
este camino…?
De acuerdo con la tradición, a mediados de la primera mitad del siglo IX Teodomiro, obispo de Iria Flavia —ubicada hoy en el municipio gallego de Padrón— tiene noticia de que un anacoreta llamado Pelayo ha observado unas misteriosas luces en el cielo —o un «campo de estrellas», de donde derivaría «Compostela»— que señalaban hacia un lugar del bosque. Al saber aquello Teodomiro decide visitar el sitio. Lo que encuentra, una antigua sepultura donde se hallan tres cuerpos, produce en él honda impresión. No tiene ninguna duda de que el que yace bajo una losa de mármol es Santiago El mayor, uno de los doce apóstoles. Había tenido aquel prelado noticias de que en los inicios del siglo anterior Adelmo señalara que los restos del santo yacían en aquellos lares. De Santiago se afirma que hallándose un día pescando en el lago Genesaret —también conocido como Tiberíades— ocurriría su primer encuentro con Jesús. Sería Santiago testigo presencial de la oración en el Huerto de los Olivos. Su relación con la península ibérica se remontaría a la época cuando, después de la muerte del Maestro, comenzara a predicar allí el Evangelio. Hacia el 33 de nuestra Era desembarcaría en un punto indeterminado del este de la península ibérica —no es imposible que hubiese sido en la actual Galicia—. Después de su muerte, ocurrida en época de Herodes Agripa entre los años 41 y 44, dos de sus discípulos, Teodoro y Anastasio, llevan su cuerpo a Hispania para darle sepultura en donde siglos después Pelayo vería aquellos extraños resplandores nocturnos. Es presumible que fuesen Teodoro y Anastasio quienes lo acompañaban en su sueño eterno…
Por
inverosímil que pueda parecer hoy, la noticia de aquel hallazgo se regaría como
pólvora por toda la cristiandad. A poco de suceder este hecho el rey Alfonso II
de Asturias, apodado «El Casto», se había puesto en marcha desde Oviedo hasta el lugar donde
se hallaba el sarcófago. Este hecho convertiría simbólicamente a Alfonso II en
el primer peregrino en recorrer lo que con el paso de los siglos sería conocido
como El Camino de Santiago. Alfonso II ordenaría construir una pequeña
capilla en el sitio del descubrimiento, el cual sería la base sobre la cual se
asentarían las sucesivas construcciones hasta llegar a la actual catedral, cuyos
cimientos definitivos serían levantados en 1075. A partir de aquel lejano
momento comenzarían a acudir peregrinos desde todos los rincones del orbe
cristiano. Santiago se convertiría, además, en
inspiración y apoyo para las débiles fuerzas cristianas en su epopéyica
lid contra el gigante musulmán. Una antigua tradición refiere que en la batalla
de Clavijo —que de acuerdo con algunos
historiadores ocurrió el 23 de mayo de
844— Santiago, montado en un caballo
blanco, habría acudido en ayuda de los cristianos cuando éstos están ya a punto
de sucumbir ante los moros. Esta acción bélica se considera fundamental en el
proceso de la Reconquista —aunque no obstante este
término de «Reconquista» será negado por algunos fariseos, un buen
número de ellos hijos de la propia España pero enemigos a muerte de su herencia
y legado históricos—. Iniciada esta trascendental etapa una centuria antes con la batalla de
Covadonga, sería fortalecida luego espiritualmente en Clavijo y —el 16 de julio de 1212— y reanimada militar y espiritualmente con la
victoria contra los almohades en Las Navas de Tolosa. Es presumible que en esta
contienda, como en las anteriores y posteriores, el ejército hispano haya
acudido al combate utilizando su célebre
grito de «¡Santiago y cierra, España!»
Finaliza
la Reconquista cuando, la noche del 2 de enero de 1492, Boabdil —el último soberano nazarí— hace entrega simbólica a los Reyes Católicos de las llaves de la
ciudad. Ese histórico día, confundido con la muchedumbre que acompaña a la
comitiva real, se encuentra un personaje
en cuya cabeza bulle desde hace algunos
años una especie de utopía. Su estadía en Granada obedece a la esperanza de que
Isabel y Fernando den el visto bueno a su fantasioso proyecto. Ese individuo no
es otro que Cristóbal Colón. En medio
del mare mágnum ocasionado a raíz de la caída de Granada, y cuando su idea al parecer
no tiene ya perspectivas en la corte castellana, decide marcharse en busca de
otros horizontes. Aspira llegar a tierras galas con el objeto de vender su
proyecto a Carlos VIII de Francia. Ya deja Granada a sus espaldas cuando un
emisario de Isabel de Castilla le da alcance. Es posible que aún exista el
famoso Puente de Pinos, mudo testigo de aquel trascendental suceso…
Como ya anotáramos al principio, aunque se
hable del Camino en realidad son varias las sendas que utilizarán los
peregrinos en su recorrido. Y aunque la mayoría de los fieles foráneos proviene de Francia, el punto de partida de un
buen contingente de éstos se halla en lugares como Lieja, Tréveris, Ginebra,
Provence… Incluso algunos llegan por mar desde Irlanda e Inglaterra. La mayoría desembarcará en las costas gallegas. Algunos pondrán primero pie en Francia para dirigirse luego
a Chartres; aquí entroncaban con la ruta
que viene de París. Se sabe que hay asimismo peregrinos que han acudido desde
la propia Roma. Estos fieles atravesarán Toulouse, ascenderán Los Pirineos y en
Jaca se unirán a la senda que viene de
Cataluña. Además de esta ruta francesa existe otra que hace su entrada por
Roscenvalles. Ambas, después de pamplona,
confluirán en Puente La Reina.
Además de estos caminos existen otros que incluso partían desde puntos del sur dominados por los musulmanes.
Una de ellas, tal vez la más importante, tenía su inicio en Sevilla. Asimismo
fue conocida la «Ruta de Madrid»; otra, del sureste,
partiendo desde Murcia y Alicante se encaminaba en dirección de Toledo. Otra
comenzaba en Granada y se dirigía al noroeste a través de Córdoba.
Esta
romería abarcará una amplia escala que va desde reyes hasta el más humilde
mendigo. Todos ellos estarán vinculados
por algo que ha sido fundamental en el devenir del hombre: la fe. El más antiguo registro escrito que se conserva, inserto en
El
Códice Calixtino, da fe de la
presencia en Compostela en el 950 de Godescalco, obispo de Le Puy y primer
peregrino cuyo nombre conoce documentalmente la posteridad.
Para
finalizar estas breves líneas sean pertinentes dos interrogantes surgidas de
improviso: ¿De no haber ocurrido ese fortuito o consciente hecho en Compostela
y el posterior desarrollo del Camino de Santiago habría escapado Europa de la
amenaza musulmana…? ¿Existiría el mundo occidental tal como hoy lo conocemos:
una sociedad plural y con valores mayoritariamente alejados del fanatismo, la
intolerancia y el fundamentalismo…?
*Historiador y profesor.
