Por Orlando Arciniegas* / Opinión.
Hoy he recurrido a una expresión, usada por mi madre, para
reflejar un cierto cansancio frente a temas tratados con porfía. Pero me
justifico, diciéndoles que más porfiados son otros, que, aunque se les diga con
fundamento, insisten en repetir el desatino. Al grano: insisten en decir que
IPAPEDI es solo una caja de ahorros. Es eso y algo más: *un instituto de previsión
social*. Así nació hace más de sesenta (60) años, por una decisión del Consejo
Universitario, para que, con base en el ahorro profesoral, con apoyo
institucional, los mismos profesores organizaran esos *ahorros previsionales*
en planes para su bienestar y el mejoramiento familiar.
De todos modos, dicho sea, las cajas de ahorro, desde el remoto tiempo de su origen, han estado vinculadas a la búsqueda de la protección social. En un tiempo, el germinal, fueron *Montes de Piedad*, en el siglo XV, en las que los pobres podían obtener recursos con garantía prendaria, para librarse de la usura reinante. Y fueron una buena obra de monjes franciscanos. Ese carácter benéfico es su tradición. Los diversos instrumentos de ahorro (Cajas de Ahorro, Fondos de Ahorro y Asociaciones de Ahorro Similares) están regidos en Venezuela por una sola norma legal: La Ley de Reforma Parcial de la Ley de Cajas de Ahorro, Fondos de Ahorro y Asociaciones de Ahorro Similares (LCAFAAAAS), publicada el 16 de noviembre de 2010.
Otra cosa, lo *previsional* significa que IPAPEDI, que puede
hacer sus “reingenierías financieras” para asegurar fondos o buscar
rendimientos, debe siempre invertir sus recursos en aspectos de previsión
social; esto último, como dicta una sana lógica, atendiendo a las prioridades
más sentidas de su grupo social: el profesorado UCista. ¿Okey? Así lo establece
el sentido común y, sobre todo, la Ley específica arriba mencionada. Dicha ley
en esta materia toma una estridencia machacona.
Y otra: Hay gente que pretende excusar a la actual gestión de
IPAPEDI de, por ejemplo, no haber entregado dividendos a sus asociados en los
últimos tres (03) años a causa de la alta morosidad en lo atinente a los
descuentos y otros compromisos con la institución. Sobre la deuda acordémonos
del castizo aforismo que dice: *Lo que es del cura va para la Iglesia*; esto
es: lo que le corresponde al instituto debe honrarse. Y punto.
Pero, recuérdese, que IPAPEDI ha emprendido su mayor
obra de construcción en medio de esa gran acreencia. Gracias a la reingeniería
mencionada, se ha podido invertir un realero desde hace varios años en una obra
que sería la envidia de Ramsés II, el gran faraón constructor. Una edificación
para *el recreo y descanso*, de más de cincuenta (50) pequeños apartamentos, y
hace poco se anunció desde un techo que había previsiones
para terminarla el año próximo. Entre la directiva de IPAPEDI
y sus más entusiastas defensores parece haber una *Disforia comunicacional*,
pues mientras los directivos versionan un desempeño harto feliz, sus
preocupados seguidores, que se han tomado la molestia de defender lo
indefendible, no hayan de qué palo agarrarse.
La última: Si alguien se queja de que IPAPEDI no ayuda a su
*depauperado profesorado* asociado le dicen que quien acabó con el HCM de
protección social fue la rectora, el gobierno, o las sanciones económicas, si
se tiene el corazoncito en el lado patriótico y antiimperialista. ¡Eso! La
búsqueda del culpable es para otro momento y con otro auditorio. Lo que los
profesores “pelabolas” quieren es que les den lo que está establecido en el
Artículo 60, aparte No. 6, que reza: Son derechos de los asociados, entre
otros, “Percibir los beneficios que les corresponden de los rendimientos netos
de cada ejercicio económico, obtenidos de las operaciones propias de la
asociación”. *Una pregunta: ¿Y quién hace cumplir la Ley?*
*Profesor titular (J)
de la Universidad de Carabobo.
